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lunes, 21 de julio de 2008

¿Jesús, el Quijote de la Mancha y Simón Bolívar, los más grandes majaderos de la historia?

Según palabras de la Señora Marta Roldós, alias la Bucarana, Alberto Acosta le habría comentando ciertas expresiones atribuidas a Simón Bolívar según las cuales: Jesús, el Quijote y Bolívar, serían los más grandes majaderos de todos los tiempos. Mención hecha supongo intentando menospreciar la expresión, “cállate majadera” dirigida por el Gran patán, Rafaelito Correa, en contra de la susodicha señora.

Ciertamente la señora Roldós Bucaram, no es santa de mi devoción, en ningún aspecto. Por lo que no voy a discutir el apelativo que el Gran Demagogo le endilga, talvez, hasta con razón.

Pero, injusto es que, un simplón arribista, un energúmeno oportunista, se crea con el derecho de andar calificando a diestra y siniestra con su lengua bolivarianista, con vicios claramente identificables en su propia conducta, a quienes no comparten sus sofismas demenciales y apetitos malsanos. Que propiedad, puede tener un falaz majadero, para etiquetar con aquel término sinónimo de estúpido. Ninguna. Con absoluta razón Martita Bucaram, perdón, Martita Roldós Bucaram, podría decir: Un majadero me majadereó siendo más majadero que yo.

Por otro lado, más injusto me parece que se recurra a un aforismo grosero y atiborrado de sucia vanidad, como el mencionado por Simoncito, para tratar de minimizar los calificativos del Gran Patán. “Majadero”. Según el diccionario el término significa estúpido, mentecato, tonto, entre otras interpretaciones. Salvo a Bolívar a quien la expresión le cae con muchísima justicia, la imputación a los otros personajes mencionados tanto al real como al novelesco, está totalmente fuera de lugar. Me parece que la ironía o el sarcasmo creativo, deben ser usados con sapiencia, pero no, majadera y populacheramente.

Además en la tal expresión sarcástica se puede notar una vez más la ausencia de sensatez y equilibrio de ese gran mitómano que fue Bolívar. Solamente un tipo plagado de vanagloria y apetitos mundanos, puede ocurrírsele, él mismo, intentar emularse al nivel de Jesús o de un idealista romántico como el Quijote. ¡Qué vergüenza!, deberían tener quienes le tributan patrioteramente homenajes al traidor, aquel que con su infame acción colaboró para que Miranda termine sus días en una lóbrega e inmunda celda que la venganza española le tenía cruelmente preparada.

Colocar en el mismo saco a personas y personajes ficticios podría tener sentido, siempre y cuando éstos guardasen cualidades igualmente sublimes. ¿Dónde están las similitudes entre el Buen Carpintero y el flaquito que se jactaba de arar en el mar cuando se dio cuenta que su proyecto de convertirse en el Napoleón latinoamericano se hizo pedazos? ¿Cómo tolerar que un desvergonzado oportunista y ambicioso, intente siquiera compararse con aquel personaje fantasioso, respaldado en la realidad, por los pocos locos que fueron, son y serán?

Muy justo es que en el grupo de los grandes majaderos de la historia se incluya a un bribón tránsfuga como Bolívar. Un vulgar truhán que vio una oportunidad de salir de su insufrible intrascendencia para recular en el ámbito del más vil de los patrioterismo, de ese, que convierte al pérfido rufián en un héroe epónimo, por las infinitudes de los necios.

Lamentablemente, la sociedad en su generalidad prefiere mantenerse en la mentira ampulosa, rindiendo “honores” a granujas y criminales de la peor calaña antes que darse un baño de verdad purificadora. No, ni Jesús, el maestro moral por excelencia, ni el venerable Quijote, el ideal metafórico del hombre de convicciones, fueron para nada, ni simbólicamente, peor de manera literal, majaderos.

En cuanto al Libertador de las naciones que cabalgaba graciosamente sobre cuanta jaca regordeta se acostaba a su gracioso paso, pues en aquel caso, solo en ese caso, la señora Roldós Bucaram, debe sentirse tranquila de identificarse con las cualidades majaderas de semejante heroíno de mil batallas, aunque, dejando en claro que en ninguna de ellas tuvo la desventura de combatir, pues, como da a entender J.J. Olmedo en su canto ampuloso, Bolívar estaba por encima de las puerilidades humanas. Salvo, cuando se trataba de saciar sus impúdicas y patriotas concupiscencias.