
Nótese la pinta con la que el cuarteto de Liverpool cruza aquella calle. Indiferencia y desprecio a la mundanidad; pero al mismo tiempo seguridad y confianza en sí mismos. Sin duda un clásico. Claro que menos mal no pasó por ahí algún hooligan ebrio a bordo de un Austin Morris en cuyo caso John, Paul, George y Ringo, habrían dicho: “¡patitas para que las quiero!”
En este país es fundamental desarrollar el sentido del humor, sobre todo del humor gris y negro; de lo contrario, las personas corremos el riesgo de desarrollar enfermedades psicosomáticas que terminarán por arruinar nuestra salud y calidad de vida.
En virtud de lo ridículo y despectivo de las regulaciones que establecen sanciones en contra de los peatones que cometan el atrevimiento de violar las leyes de tráfico vehicular y ahora peatonal, no hubo más remedio que esbozar una sonrisa de desprecio.
Y es que, es chistoso por ejemplo los argumentos de los "genios" del gobierno correano, en el sentido de que las sanciones contra los peatones son para: “precautelar las vidas de ellos mismos”.
Hace algunas semanas comentaba en un post, la experiencia molesta que tuve que afrontar con un “angelito” del volante, un imbécil de esos que deambulan con la radio del carro a todo volumen, o de esos que usan el celular mientras conducen, para hacernos creer a los demás que son personas importantes, muy diferentes a los pobres diablos que en realidad son.
Probablemente más de un año hace, que por reclamarle a un chapa de gafas oscuras, botas negras y moto guzzi, su indiferencia ante un tipejo que se había subido al paso cebra ante sus narizotas, recibí un chillido animalesco e ininteligible.
La sensatez y el instinto de conservación me han enseñado que a pesar de que el semáforo esté en rojo, debo esperar a que los dueños de la calle paren sus instrumentos homicidas, y solo entonces cruzar al otro lado de la vereda.
Cuántas veces los peatones hemos tenido que emular a Carl Lewis, y pegar un salto de medalla de oro, cada vez que cruzando por el paso rayado, la luz verde nos ha pillado a mitad de camino, so pena de ser embestidos por los apurados energúmenos con complejo de Fittipaldi estreñido.
¡Qué cosas viejo! Solamente a los vivísimos de este gobierno de imbéciles se les ocurre castigar a las grupos más vulnerables, para disque “cuidarlos y protegerlos”.
Por otro lado, he buscado el registro oficial, el reglamento o ley, que castiga a los peatones y no lo he encontrado por ningún lado. La prensa, tampoco le ha dado mayor importancia. Los diputadillos, ¡ah esos malditos hijos de…! Ni un solo diputadillo del asqueroso Congresillo ha dicho nada absolutamente nada en contra de esa regulación malintencionada en contra de los peatones. Ni uno.
Alguien me decía por ahí que, hasta antes de la presidencia correana, los socialistas si se quejaban de la violencia que sufrían los peatones, porque los pobretes marxistas andaban a “lomo de culebra”; pero, como ahora se mueven a toda velocidad en los modelos del año de la General Motors, pues, las cosas cambiaron radicalmente.
Ayer tanto buscar me encontré un pequeño resumen de las tales reformas en la página web de una gacetilla morlaca. Analicemos algunos resúmenes de la mencionada ley o reglamento:
“Son deberes de los peatones que circulen por vías públicas donde no existan aceras, hacerlo por el costado izquierdo, en sentido contrario a la dirección normal de circulación de los vehículos.”
En primer lugar se nota la calaña de los sujetos que hicieron el reglamento por la forma ambigua en que está redactado este artículo. Costado izquierdo, contrario a normal circulación de vehículos. Es decir, peatón por izquierda, vehículo por derecha. Quizá lo hacen para que no te embistan por la espalda, sino de frente, quizá para que el incidente sea más “personal”.
“Si luego de iniciado el cruce reglamentario, se produjere el cambio de la señal, el peatón tiene derecho a continuar y los conductores respetarán el derecho de vía del transeúnte.”
Justo lo que mencionaba líneas atrás. Pregunto estimado lector, ¿debemos confiar en el buen juicio o la buena voluntad de un tipo al que no conocemos?, ¿debemos poner nuestra vida en manos de la posibilidad de encontrarnos al frente de gente sensible y respetable?, ¿debemos seguir cruzando tranquila y confiadamente independientemente que el verde nos haya alcanzado en mitad de la calle? Antes que respondan, les recuerdo que vivimos en Ecuador.
“En las ciudades los peatones deberán cruzar la calzada por las zonas demarcadas debiendo los conductores detener la marcha de los vehículos antes de la zona de cruce peatonal. En vías urbanas y rurales donde no existan cruces peatonales marcados, podrán cruzar la calzada cuando no haya vehículos muy próximos.”
Es que es increíble. Supongamos que un ingenuo peatón sigue al pie de la letra este artículo, y cruza por las “zonas demarcadas” imaginando que los vehículos inevitablemente se detendrán ante el ejercicio de su derecho. Qué pasa si eso no sucede y un maldito canalla se le va encima. Los miserables que redactaron la ley van a mover un dedo para ayudarle a esa pobre víctima de sus leguleyadas, gastarán de sus bolsillos medio centavo para cubrir los gastos médicos de ese pobre hombre o mujer, saldrán ellos a capturarle al bruto que lo atropelló. Aunque como se dan las cosas en este país, a lo mejor, la víctima termine siendo culpable del “accidente”. Las cosas en la realidad son muy diferentes; son los peatones los que tristemente tienen que esperar a que los dueños de las calles tengan la bondad de detener sus “bólidos”. Como si por un vulgar reglamentucho las cosas fueran a cambiar.
“Es prohibido circular o detenerse en la calzada de las vías abiertas al tránsito vehicular. Cruzar las avenidas y calles de los centros poblados, por sitios que no sean las intersecciones o zonas señaladas para el efecto.”
Si las calzadas van a estar abiertas al tráfico vehicular, entonces por dónde caminamos, pues, ¡chambones!
“En caso de infracción el transeúnte deberá entregar su cédula de identidad al policía. Si no la tiene a mano, el agente tiene la obligación de acompañar al infractor a adonde sea necesario para obtener la cédula y así poder entregar la boleta de infracción.”
Este es el artículo que más me molesta. En mi ciudad, mi ciudad nativa, suelo salir con mi cédula de identidad exclusivamente cuando tengo que usarla para algún trámite en el que me exijan tal documento. Sin embargo, ahora, por obra y gracia de la revolución correana, cada vez que tenga que salir a comprar una coca cola donde la vecina, deberé primero cerciorarme que tengo la dichosa cédula a mano. ¿Qué sucede si no cuentas con la cédula en ese momento? Pues, sorpréndete, no es que “te acompañan a donde sea necesario”, ¡te llevan en cana!, hasta que puedas presentar aquel documento. Imagínense ahora la policía que a cada momento nos dice que no cuenta con el personal y los recursos suficientes para enfrentar la violencia de la delincuencia contumaz, deberá perder el tiempo “acompañando” o metiendo en chirola al pobre ciudadano que olvidó salir con su cédula en su propia ciudad, en su propio país. ¡Qué tal! Solo en Ecuador y talvez en Cuba.
Pero es que adicionalmente, los muy malnacidos se atreven a multarnos; insisto, disque para “precautelar nuestra integridad física”. ¡Qué poca madre de estos hijos……!
No estoy en contra de que se legisle a efectos de crear conciencia, orden y respeto en los peatones, pero no es atacándolos furibundamente como si fueran delincuentes que se va a lograr aquello.
Los peatones no salen a la calle a atropellar a los vehículos. Los peatones no tienen una armadura tipo Ironman que los proteja de los impactos contra un objeto contundente que se mueve a gran velocidad. En un “choque” entre un vehículo y una persona, siempre pierde el peatón. Antes de sancionar a los sectores vulnerables primero debió iniciarse un proceso efectivo para culturizar a los conductores, haciéndoles notar que ellos también en algún momento serán peatones y se beneficiarán del respeto a las normas que regulen el tráfico en general; seguido de severas sanciones a los conductores agresivos e irresponsables que abundan en las carreteras de este país.
Pero, qué podemos esperar los ecuatorianos y más específicamente los peatones, acaso no somos gobernados por los “inteligentes, honrados y eficientes” seguidores del socialismo del siglo XXI. ¡Qué bárbaro!, viejo, ¡qué bárbaro!

