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martes, 1 de junio de 2010

Fernando Vallejo y la Puta de Babilonia.


Seguramente más de un lector habrá notado mi desprecio por la Religión. Tengo razones suficientes para justificar aquel rechazo hacia todo tipo de dogma religioso. Cada Teosofía se etiqueta ser la dueña de la verdad, su verdad, la absoluta, la única; con su Dios religioso que impone sus mandamientos a través de sus capataces, pastores, sacerdotes y vacas sagradas. En sus propias palabras y adulos cada bando absolutista proclama sus certezas totalitarias y dogmáticas, pretendiendo diferenciarse unas de otras. Pero si ustedes analizan objetivamente los antecedentes, y posteriores “éxitos” de todas y cada una de estas religiones se darán cuenta que comparten si no en su generalidad, sí en la mayoría de sus características fundamentales aspectos ridículos, falaces, violentos, manipuladores y terroristas.

Hace un par de años, me parece, por cosas del destino me encontré con el titulo de un libro, que me llamó la atención por su crudeza. El Libro se llamaba “La Puta de Babilonia”. En aquel tiempo no le di trascendencia, imaginaba que se trataba de una publicación más que condenaba la corrupción de alguna Iglesia en particular, algo que no me sorprendía en lo más mínimo conociendo quienes son los dueños de la Religión, de manera que no le di importancia. Algunos meses atrás, por ciertas circunstancias me volví a cruzar con aquel titular, y para, de una vez por todas tener claro de que mismo se trataba decidí indagar sobre el asunto.

Ya en el pasado, leyendo la Biblia me había encontrado con el relato de “las dos hermanas”, un cuento simbólico algo erótico en el que se menciona el mito de Babilonia y las putas literales o metafóricas. Adicionalmente había tenido acceso a una publicación denominada “La Gran Payasada” en la que se cuestionaba los ritos, dogmas y parafernalia en general de La Iglesia Católica, Apostólica y Romana realizada por miembros de una religión hermana mas antagónica. Toda esta información se añadía a los testimonios individuales de personas que a lo largo del tiempo han desenmascarado las vilezas cometidas por los dueños del negocio religioso, o los informes de prensa y documentales que denuncian la corrupción que se han desarrollado, y suceden en las diferentes religiones del orbe, amén que se publican periódicamente.

Así fue que empecé averiguando quien mismo era el autor de aquel libro. Pronto me enteré que se trataba de un colombiano de nombre Fernando Vallejo. “¡Colombiano!”, me dije con algo de fastidio; el País de los Uribe, Santos, Marulanda, García Márquez y toda esa serie casi interminable de personajes y antecedentes infectos y repudiables tan comunes en aquella tierra tan conocida por su buen café y su pura cocaína. Procedí a descargar el libro de internet, prometiéndome leerlo en un futuro. No recuerdo si ese mismo día o en los inmediatos subsiguientes, opté por buscar información sobre el autor en una comunidad de videos. Busca que busca encontré un documental sobre Vallejo, de inmediato descargué el primer video y luego, y debo reconocerlo ante lo interesante y entretenido de lo visto, los siguientes.

Luego de revisar la totalidad del documental, haciendo abstracción entre las extravagancias y verdades del personaje investigado, me llamó la atención el calificativo de “provocador” que una mujer le endilgaba a Vallejo. Ante aquello, es indudable que en ocasiones el colombiano hace gala de ciertos excesos verbales que podrían confundirse con intolerancia, además de un notorio nihilismo absolutista y un cinismo literal, muestra quizá de su falta de confianza en la humanidad, comprensible considerando la violencia tan característica de la especie humana. Pero en otras, en cambio, se muestra como un feroz pero objetivo denunciante de los males de la sociedad. ¿Es justo calificar de “provocador” a alguien que se atreve a calificar de criminales a los criminales que en mala hora detentan el poder? ¿Sí o no? En su acepción positiva talvez, en la negativa definitivamente no. Pero cómo sabemos las verdaderas intenciones de quienes lo tachan de “provocador”. Un pensador alguna vez para repudiar la moralidad siniestra de la época decía que: “en épocas de Tiranía, decir la Verdad es un acto de Rebelión”. Una muestra palmaria de lo relativo y subjetivo de las conductas humanas.

Pues bien, luego de mirar aquel documental decidí que valía la pena leer el libro y entonces, imprimí el documento y lo dejé preparado para la futura lectura. Y así fue.

Vallejo comienza dejando bien sentadas sus intenciones, sus "afectos y cariños" respecto de aquella institución, amén de sus opulentos beneficiarios y serviles lacayos, prorrumpiendo en una serie de calificativos y apreciaciones que en apariencia parecerían redundantes pero que solamente buscan colocar en su sitio de "honor" a madre e hijos de reputada tradición religiosa, así como oneroso, brutal y embaucador negocio.

Desde un principio señala que el calificativo de “La Puta de Babilonia” no es inédito, sino que fue esbozado hace muchísimo tiempo atrás por una agrupación religiosa cristiana más conocida como Los Cátaros o Los Albigenses, que cuestionaban la corrupción de la Religión imperante en esa época es decir La Católica. Señalado aquello Vallejo relata la forma brutal en que el Papa, una suerte de Rey feudal que disponía de feroces y temibles ejércitos con los cuales imponía sus abusos infalibles, termina persiguiendo, torturando, masacrando y prácticamente borrando de la faz de la tierra la “herejía” cátara y a todos sus seguidores.

Posteriormente, el escritor colombiano haciendo uso del sarcasmo y el cinismo burlesco narra las inmoralidades de los representantes del Dios católico, Los Papas, principalmente aquellos cuyas felonías y actos de sadismo, sodomía, mercantilismo y brutalidad sanguinaria los habían hecho famosos a lo largo de la historia, para enojo y desgracia de los futuros curas católicos, apostólicos y romanos amén de sus fieles devotos.

Mientras intenta cumplir la función de denunciante insaciable de la corrupción de aquellos que siendo simples humanos pretenden pasar por seres infalibles, Vallejo narra los orígenes de la Iglesia Católica; el complot que habría existido entre una facción de religiosos y el poder político de un Emperador corrupto, que conocedores del poder de la Religión sobre las masas deciden imponer un determinado dogma religioso, su religión, la de ellos a los demás, y lo hacen con fiereza y autoritarismo, eliminado sanguinariamente cualquier oposición.

En más de una oportunidad Vallejo se limita a reclutar a pensadores con sus juicios o valoraciones, filósofos que habiendo nacido entre los siglos aledaños al supuesto natalicio de Jesús, antes y después de éste, cuestionan su existencia, la veracidad de los evangelios y el origen de los mismos, además de que, según Vallejo, hacen un juicio crítico alejado de todo prejuicio dogmático y cualquier subjetividad proveniente de la influencia de la fe.

El contenido de la Biblia y la veracidad de la misma, es cuestionado permanentemente, sobre la base de la falta de evidencias que demuestren que tales escritos fueron desarrollados por los autores que la misma Biblia imputa. Además, pone en duda la historicidad objetiva de la gran mayoría de escritos bíblicos, debido a ciertas incongruencias cronológicas, calificándolas en el caso del Antiguo Testamento como simples mitos creados por los judíos, más que nada para tener un vínculo de unión y orgullo de su pueblo. El Nuevo Testamento y sus principales actores, también son cuestionados sobre la base de la ausencia de documentos históricos que garanticen contundentemente la existencia real de Jesús y sus discípulos.

Aspectos como la subjetividad, las poco confiables traducciones, las percepciones individuales y de grupo, los intereses políticos y económicos, los apetitos religiosos, los dogmas imposibles de probar, las continuas contradicciones, la ausencia de una descripción detallada de muchos de los relatos bíblicos por parte de historiadores serios de aquellas épocas, el absolutismo y totalitarismo de muchos de los pasajes bíblicos, entre otras razones, son señalados como argumentos por varios pensadores, a los que recurre Vallejo para probar sus puntos de vista.

Pero, a pesar del interés personal o favorito que aparentemente tendría el escritor colombiano por la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, la verdad es que Vallejo, amplia su espectro de crítica a la Religión en general; de ahí que Judaísmo, Protestantismo, Anglicanismo, Islam y en general todas las teosofías existentes, consideradas infalibles, absolutistas e inmaculadas por sus creadores y prosélitos gregarios, son censuradas y desenmascaradas con un verbo en ocasiones emocionado aunque no carente de argumentos.

No quisiera ir más allá en cuanto a desarrollar las opiniones y las críticas de Fernando Vallejo en su análisis sobre aquello que los exterminados Cátaros justicieramente llegaron a llamar “La Puta de Babilonia”. Baste esta sucinta sinopsis. Seguramente más de un lector de este blog ya tuvo en sus manos el libro del polémico colombiano, polémico por sus extravagancias y libertinajes, mas no por el ejercicio de la libertad de expresión, aspecto ciertamente merecedor de atención y ponderación. El libro contiene opiniones y argumentos dignos de considerar, con parlamentos que merecen ser leídos o escuchados, con criterios que difícilmente se redactarán en los papeles de los famosos y ricachones escritores de guiones de telenovela rosa.

“La Puta de Babilonia”, es un libro que vale la pena leer, si realmente se está interesado en conocer una opinión crítica acerca de los orígenes oscuros del cristianismo, amén de la Religión Católica y sus igualmente desvergonzadas, brutales e impúdicas hermanas religiones. Es importante conocer aquellos hechos siniestros, esos que avergüenzan a unos y enfurecen a otros. Pocas cosas son tan satisfactorias como conocer la realidad de los hechos o la desmitificación de las verdades absolutas. La Historia está saturada de "verdades" falaces y tramposas, pero, a través de la desnudez de las leyendas religiosas, las quimeras y los cuentos mentirosos podemos llegar a tener una certeza razonable de lo que realmente sucedió, o pudo no haber sucedido. Un libro interesante y entretenido, que honestamente debo señalar, disfruté leyendo; verdad de la que soy único y veraz testigo.

jueves, 6 de mayo de 2010

Don Juanito y la Manuela.


Una constante que se nota a lo largo de la historia presidencial del Ecuador es la condición religiosa católica, apostólica y romana de los presidentes y dictadores que usufructuaron del poder desde inicios de la época Republicana, es decir desde la creación misma del Estado ecuatoriano. Por ahí algún servil de la Izquierda Democrática, dirá que Rodrigo “tiza de sastre” Borja, era un ateo, o agnóstico, pero Yo lo dudo mucho. Si analizamos las características del “Rrrodri” veremos que se trata de un seudo chapetón con complejo de vanidoso aristócrata; de hecho no me sorprendería que intente vincularse con el astuto, temible y polémico César Borgia, y su padre: el Papa Alejandro VI, Rodrigo Borgia. Lo cierto es que todos quienes han ocupado el Palacio de Carondelet, directa o indirectamente, han estado vinculados con la Iglesia Católica Apostólica y Romana; desde el mercenario Juan José Flores, desgraciadamente Primer Presidente, hasta el Héroe de Dayuma, Don Rafael Correa y Delgado, insigne salesiano, dominico y lasallano además de ferviente feminista.

Quizá, el anticonservador Eloy Alfaro y sus esbirros sean la excepción, aunque después de conocer que fueron las turbas azuzadas y motivadas por miembros del Partido Liberal (que de liberales solo tenían el nombre) al que pertenecía Alfaro, las que directamente los masacraron, despedazaron y finalmente incineraron; pues, ya no debería sorprendernos nada de lo que pase en el mundo de la politiquería bellaca. Cabe mencionar que dicho acto barbárico tuvo lugar durante Gobierno del Partido Liberal (que de Liberal solo tenía el nombre).

Sin duda la Religión es un arma fratricida cuando de dominar y sojuzgar a los pueblos se refiere. Conjuntamente con el Patriotismo, constituyen dos de las herramientas más viles de las cuales se valen las mafias tiránicas para manipular, alienar y anonadar al estulto pueblo llano. De ahí que no deba sorprender que los socios, guías y maestros de Don Rafael Correa y Delgado, se apresuren trayendo las reliquias ancestrales de Juan Bosco, ídolo de los católicos. Pero al mismo tiempo se inicia una especie de tour feminista con los restos de Doña Manuela Sáenz de Thorne, la Libertadora del Libertador, Diosa del Feminismo guacharnaco, además de virgen sagrada de la Iglesia Feminista, Socialista y Correana.


No cabe duda que Don Rafael Correa y sus maestros escolásticos se las saben todas, es lógico son parte de una organización que se ha mantenido vigente más de 1600 años, por algo ha de ser. El Populacho no tiene a donde, les tienen jodidos, si no caen con Don Juancho caen con la Manuela, completo el asunto, aspecto que a pesar de ser oscuro me causa risa, ya saben por lo del humor negro.


Bueno no quería abstenerme de comentar este par de hechos que se han dado últimamente, y de paso agradecer por la enorme cantidad de comentarios recibidos en los dos post sobre El Catecismo de Alianza País, no saben cómo me motiva a seguir escribiendo sobre temas tan esotéricos. Sin duda la consagración al Corazón de María, la firmeza y holgura de la fe cristiana de la gran mayoría de la sociedad ecuatoriana y las bendiciones de la otrora quemadora y torturadora de herejes la sacrosantísma Iglesia Católica, Apostólica y Romana nos conducirán a parcos llanos donde seremos religiosamente pastoreados por los brutales capataces de la reputada partidocracia. “Amén”.

domingo, 25 de abril de 2010

El Arzobispo de Carondelé.

Dícese que en un pequeño Reino olvidado por la razón y la decencia, movía por aquí y por allá un genuino bribonzuelo que frustrado y amargado, de lunes a viernes, todas las mañanas, luego de acudir a misa frecuentaba a regañadientes el colegio regentado por los ortodoxos e inmaculados detentores autoritarios de la Fe, fieles agremiados, de una de aquellas, antaño, terribles y siniestras denominaciones de la religiosa cristiandad, disciplinadas y amantes de la santísima y purísima Iglesia Katólika, Apoztólika y Batikana.

Ahí, en aquellas aulas, el virulento tunante acomplejado aprendió a dar sus primeros saltos en el mundo eclesiástico de la mentira. Se Instruyó y adiestró en el beato y pérfido fingimiento, hasta que gracias a la contumacia, esas viles costumbres se volvieron instintivas en su ser. Descubrió que el estudio y el trabajo honrado, no eran las únicas alternativas para crecer en el mundo, siempre se podía copiar, robar, o a través del engaño, parasitar a costa de los demás. Con su pacotilla de amigotes, bravucones y alborotadores, sembró de terror los espacios de recreo de aquel monasterio, donde los más débiles y físicamente inferiores eran sus víctimas, fáciles presas de su autoritarismo y violencia. En aquellas horas, el bravucón empezó a entender que el terror, la intimidación y la amenaza, le servirían el resto de su vida.

Incapaz de enfrentar, peor de superar a aquellos que cansados de su alevosa bribonería lo colocaban en su lugar de vergüenza, el futuro patriota, aprendió a envilecerse y humillarse con el adulo. Entendió que la humillación llevada pragmáticamente podía permitirle manipular a aquellos que eran superiores a él, de esa manera podía sacar provecho y en un futuro, por qué no, traicionarlos y beneficiarse de aquella cobarde e infame ingratitud.

Cientos y cientos de años de traición, perjurio, mentira, crimen y maquiavelismo, metódicamente ordenados fueron aprendidas a través de actitudes, conductas y doctrinas fétidas enseñadas por los purísimos y sagradísimos sacerdotes de ambiguo proceder, que no escatimaban en comunicar a sus prosélitos los oscuros vericuetos y las profundidades esotéricas de la religiosa educación katólika, apoztólika y batikana. El insignificante bufoncillo, que ya entonces empezaba a mostrar su cretina sonrisa que tan característica se volvería en su personalidad futura, gracias a su servilismo se volvió uno de los favoritos de alguno que otro caballero de la Fe. Día a día, como el bruto que repite el error con jolgorio y se complace con la terquedad de la supina estupidez, el futuro demagogo, repetía maquinalmente el credo aprendido. Redundantes rezos y oraciones, fueron consolidando los sofismas felones.

Transcurrieron y transcurrieron los veranos e inviernos en aquella cálida y contradictoria Ciudad; deambulaba dinámico pero indiferente el padre tiempo; mientras tanto el bufón grotesco se fortalecía en sus carnes y “artes”, probablemente ignorante del momento histórico que debería cumplir en un futuro medianamente cercano. Y así fue que el mancebo baladrón llegó a culminar sus estudios religiosos en aquella institución no profana; un hijo legítimo de la Santa Madre Iglesia había subido uno más de los escalones de aquella infame escalera de bajas pasiones santificadas por la impunidad ofrecida por la sagrada confesión.

Siempre, viendo y envidiando, el ex adolescente monaguillo, se transformó en un joven monje sin sotana, dispuesto a continuar sus estudios en el Seminario Mayor, conocido por algunos con el nombre de Universidad, lugar donde se confundiría e interrelacionaría con los hijos de aquellos a los que tanto admiraba y contradictoriamente odiaba, pues representaban lo que él tanto anhelaba pero jamás conseguiría ser: un pelucón de cepa.

En los patios, capillas y aulas del Seminario Mayor, aclaró, amplió y consolidó el conocimiento y las costumbres que había aprendido en los ciclos culminados de su pasada educación religiosa. Conoció que personajes de su calaña, podían violar todas y cada una de las leyes humanas y religiosas; colegas de su Alma Mater e hijos de su Madre Iglesia, compañeros de buche y vicio, le encubrirían con amor incondicional de hermanos en la fe; sus padres espirituales le ofrecerían previa confesión del delito y “pecado”, el pueril escarmiento y castigo venial, gracias al cual su insignificante conciencia quedaría adormecida por la droga de la alcahuetería, hasta que ésta, finalmente desaparezca, cauterizada por la repetitividad de los hechos obscenos y desvergonzados.

Casi enseguida empezó a incursionar en la vida pública, pues, el patriotismo y la vida política degenerada le ofrecían las posibilidades que linaje y herencia le habían negado. Sus primeras víctimas, sus compañeros del Seminario. Tosca y torpemente empezó vociferar acerca de la lucha de clases, de la injusticia de un sistema económico al que una y otra vez llamaba “neoliberalismo” confundiéndolo a propósito con filibustero y conservador mercantilismo, habló de un judío llamado Narx y de su socio de negocios, un flaco de apellido Ingels, que supuestamente habrían descubierto la raíz de los males, y al mismo tiempo la santa panacea, su nombre: Zoocialismo, y/o Komunismo.

Concomitantemente a la educación religiosa recibida y a sus primeros intentos dirigidos a manipular, mentir y embaucar, el futuro patriota estudiaba con detalle, a los héroes y caudillos vigentes de la perenne y monárquica mafia politiquera. Así, aprendió de un oligarca bravucón las maneras nefandas del terrorismo de Estado. Así también, se atragantó de la demagogia locuaz y descarada de un payaso que vendía circo grotesco mientras saqueaba el Tesoro Nacional. Pronto el bufoncillo parlanchín entendió que en Política, en aquella versión inmoral y siniestra: todo se vale.

Una vez culminada su carrera en el Seminario, algunos de sus “maestros espirituales” conscientes de su brutal talento decidieron que aquel pupilo debía ser apoyado fervientemente, pues en su personalidad se notaba que tenía el “don y la Fe”. Así, pronto se le envió fuera del País para que se perfeccionara. Aquel retiro le permitiría renunciar a cualquier duda moral, y lo convertiría en un personaje, de aquellos legendarios, recordados básicamente por cargar la leña o llevar el fuego que luego serviría para quemar a esos malvados herejes, satánicos que se atrevían a cuestionar que la estática Tierra era el centro del Universo y que los planetas se encontraban colgados por largas cuerdas colocadas por la mismísima virgencita inmaculiada de turno en aquellas épocas donde el amor y la tortura se confundían fácilmente.

De vuelta en el País, el bribonzuelo de mirada torva y gesto obsceno, ya convertido en un hombre adulto, inició su campaña profesional; sus maestros lo esperaban, hambrientos por beneficiarse de los futuros botines y ansiosos por contemplar el éxito de la interesada formación escolástica y religiosa que le habían ofrecido antaño. Acólitos y secuaces no le faltarían, de hecho, las mafias de aquel Reino le protegerían, sobre toda una llamada popularmente “Partidocracia”, ignominiosa y vulgar, siempre en relación incestuosa con su hermana Religión. Sí, la Partidocracia se convertiría en su protectora; le ofrecería el momento, la oportunidad, la excusa que su arribismo y descarado oportunismo necesitaban para formarse una patriotera e hipócrita reputación que le permitiría continuar en su carrera con dirección a uno de sus principales objetivos: constituirse en el todopoderoso Arzobispo de Carondelé.

Victorioso gracias a las huestes de la perfidia, la mentira y la demagogia, además que protegido por un sistema inmoral que le permitía enfrentarse a peores que él, día a día, el camino a Carondelé se le mostraba más cercano. La muchedumbre religiosa, ora cucuruchos, ora santurrones, ora guarichas, ora curuchupas de la nueva era, prorrumpían en estrepitosos gritos de triunfo, anhelantes de ver a su nuevo mesías, disfrutando de las bondades de la Curia Arzobispal. Secuaces y serviles gritaban “¡ahora nos toca a nosotros!”, unos lloraban de felicidad por lo que iban a recibir, otros se frotaban las garras, por acá afilaban sus colmillos, por allá se aflojaban los calzones. Todos felices, porque el otrora bribonzuelo baladí, casi se había convertido en el bravucón todopoderoso que los llevaría a los altares públicos donde fluyen grácilmente las piezas de plata y oro, con los que se pueden comprar leche y miel.

¡Y la chusma se pronunció!; la muchedumbre de palurdos y lunáticos escogió a su Arzobispo. El caballero de la Fe con su blasón verdeaguado, triunfó. “¡Al fin la Iglesia dejará de torturar, asesinar, mentir y robar!”, decían los más esperanzados; “¡por fin la Iglesia defenderá al pueblo!”, decían los más incautos; “¡el País!… perdón… ¡la Iglesia, ya es de todos!” bufaban los que se frotaban las garras y se aguzaban los colmillos. “¡Último día del despotismo….!”, decía emocionado, Vuecelencia, el Novísimo, Bonísimo y Excelentísimo Señor Arzobispo, y enseguida terminando la frase de su “Excelencia”, el Vicio y la Inmoralidad estallaban en un deleznable grito de infame victoria: “… ¡y primero de lo mismo!...¡Viva Vuecelencia, El Arzobispo de Carondelé!”

Post data: Debo señalar que la breve historia esta basada en "hechos ficticios". Cualquier relación con sucesos o personajes de la realidad es exclusiva responsabilidad de quienes los comparen o vinculen. Todos los nombres han sido inventados, o así quiero creerlo, pues la posibilidad de que tales individuos e instituciones puedan existir, asusta, entristece y avergüenza, por decir lo menos. Sin embargo, si alguien al comparar la historia se siente molesto o herido en su mojigata sensibilidad, no me queda sino decir: que patético y ridículo.

sábado, 9 de mayo de 2009

Los Pecados de Alberto "tiroloco" Cutié y su Grey alcahueta.



Francamente no tenía ninguna intención de abrir un post acerca del curita lujurioso y sus conquistas de media noche, o más bien de medio día, para ser más exactos. En realidad la vida licenciosa de los hijos bastardos de la servil religiosidad, no es novedad.

Pero cuando una sociedad ignorantona y celestina, pretende encubrir y alcahuetear a un farsante y mojigato sotanudo con careta de niño dios; creo imprescindible dejar en claro algunas realidades que mucha gente, o no ve o no quiere ver.

Aclaremos por ejemplo que cuando los curas asumen el celibato o la abstinencia sexual, lo hacen libre y voluntariamente. Conocen perfectamente las presiones carnales a las que se verán sometidos, y lo aceptan, como los “machitos” que son. Entonces, de qué se quejan.

Pero, en el caso del cura Alberto Cutié y muchísimos, pero que muchísimos curas más, en realidad, el problema no es que tengan relaciones con una mujer o que tengan una familia, a pesar de que los dueños del Vaticano Inc., y la doctrina católica, apostólica, romana, vaticana, etc.., les niegue esa posibilidad. No, el problema no es ese.

Sin embargo, maliciosamente la chusma curuchupa y alcahueta, muy interesada en encubrir la sinvergüencería, pretende encaminar el asunto a la mera discusión de las polémicas conductas sexuales encubiertas del langarote santurrón, espacio que ciertamente le conviene; para, desde ahí, justificar la violación al juramento de “no comer carne” sobre la base de las intensas fogosidades de la mundana carnalidad. Soslayando a propósito o ignaramente el meollo del asunto: La ausencia de calidad moral del curita pudibundo y calentón.

El asunto es el siguiente. Después de que el amoroso clérigo ungía a su amada, de pies a cabeza, los aceites veniales; después que el beato cachondo lubricaba con religiosidad ascética cada orificio sacramental de su sensual hembra monaguillo; luego de venderse el uno al otro pagándose generosamente con sinfín de caricias y voraces penetraciones; el padrecito satisfecho en su libido, agarraba su túnica negroide, manchada por líquidos sexuales propios y ajenos, y se encaminaba a la Casa Oficial de Rezos de su parroquia, donde todos los desgraciados, pero alcahuetes pecadores le esperaban con ansias para escuchar sus puritanas diatribas.

He ahí el dilema trascendental. Pues resulta que el cura Beto, cansado todavía por la batalla carnal que había tenido con la serpiente, oliendo todavía a bacalao rancio como resultado de sus múltiples inmersiones a favor de la salvación de la relación prohibida y de la consecución del añorado orgasmo; llegaba y “puteaba” amorosamente a toda esa manada de pecadores; siempre amenazándolos con los terribles y eternos fuegos del Infierno; estimulando el complejo de culpa de la chusma; fortaleciendo la dependencia del populacho para con el padrecito amoroso; fomentando el miedo en su grey para que siempre vivan subordinados a su cariñosa pero tiránica autoridad y por supuesto castigándoles con las severas reprimendas verbales y las clásicas penitencias, por acá 100 ave marías y por allá 39 rosarios, dependiendo de la gravedad del pecado, de las simpatías que el feligrés le generaba y seguramente de las intenciones y la calidad de las curvas de la pecadora.

Pues sí, este hipócrita, porque, la Hipocresía, es la figura que se traduce de la actitud y conducta de este curuchupa fantoche, comía del fruto prohibido y enseguida corría a amonestar severamente a aquellos que hacían exactamente lo mismo que él, ora literalmente, ora en sentido figurado.

Lo único cierto es que el cura Alberto Cutié, no tenía calidad moral para dirigir ningún tipo de reclamo en contra de los pecadores que acudían a su Iglesia. Ese es el verdadero problema, hacia allá es donde deberían dirigirse las discusiones y reclamos. La ninguna calidad moral que todos estos, seudo sacerdotes, tienen para disque promover la moral y las buenas costumbres o para llamar la atención respecto de las violaciones morales de sus respectivos rebaños.

Pregunto, ¿si el celibato es una condición que resulta frustrante y atentatoria contra los derechos de los sacerdotes católicos, por qué estos hipócritas y sus correspondientes borregos alcahuetes, no se levantan contra los dueños del Vaticano Inc., y exigen una reforma al respecto; o por último, simplemente en función del derecho a la libertad de culto, por qué no forman su nueva y reformada Iglesia católica, apostólica,………………sin celibato, sin hipocresías y sin alcahueterías? ¿Por qué no lo hacen? Sería honesto y no tendrían que estar los unos actuando cobarde y mojigatamente, en tanto las ovejitas dejarían aquellos papeles hipócritas y cínicos que los muestran en una condición bastante lamentable.