
No creo que exista gobierno en esta tierra que no haya, en su momento, recurrido al burdo nacionalismo para esconder algún acto de corrupción de los miembros de la mafia en el poder. Cuando los sacrificados patriotas sedientos de lujuria malsana, poder corrompido o ansiedad concupiscente, son descubiertos in fraganti cometiendo sus latrocinios, crímenes y violaciones; los manipuladores del engaño, las mentes grises del estupro público, desarrollan una intrincada maraña de circunstancias que buscan encender el incondicional amor por la patria en la sociedad; afecto desbordado inculcado en la mente del común de los corrientes desde el momento mismo en que empezó a tener conciencia de la realidad, y consolidado en la medida en que iba siendo esclavizado por el sistema.
Así, cuando aquel bribón desempeñando en mala hora las funciones de presidente a punto estaba de caer por su descarado afán de vicio; de golpe y porrazo, las “fuerzas totalitarias” del “hermano país vecino” amenazaban con cercenar parte de la heredad territorial. Inmediatamente, cualquier desafecto y culpa quedaban olvidados y todos los habitantes de aquel país cerraban filas en torno de aquel corrupto, pero, patriota presidente. De sobra queda decir que el “hermano país agresor”, también se beneficiaba de aquella inesperada muestra de patriotismo del “hermano país agredido”, pues, igualmente los actos inmorales de los otros patriotas en contra de su pueblo quedaban relegados en el pasado, por la necesidad de los estados de guardar y proteger su “honor” nacional; pues si en algo se parecen los países es en la corrupción de sus mafiosos gobernantes patriotas.
Independientemente de las bajas que aquel patriota enfrentamiento podía dejar, ambas naciones salían “ganando”; pues, irónicamente, al final, los corruptos y demagogos patriotas se jactaban ante sus pueblos que habían rechazado al invasor o agresor; en tanto riadas y riadas de sus pueblos, respectivamente, cantaban odas en honor de sus corajudos gobernantes, ignorantes de los nombres de los soldados que habían muerto en los desiertos o pantanales; incautos mártires, inconscientes de la razón por la que su sangre era derramada y sus cuerpos despedazados en aquellos íngrimos lugares; ignorantes, que gracias a su sacrificio, los patriotas corruptos, que felices los enviaron al matadero, podían seguir hundiéndose en el pútrido deleite del poder mundano, siempre, aplaudidos por la chusma patriotera que los reverenciaba estólidamente, convencidos de su triunfo ante las fuerzas del “hermano país agresor”.
Las mafias patriotas ecuatorianas y colombianas de turno en el poder, conscientes de esta herramienta grosera e infame, pero, muy efectiva para manipular los afectos de sus respectivos pueblos han vuelto a recurrir a ésta, para granjearse el aprecio de éstos; ora para esconder los escándalos de corrupción de sus parientes y amigos, ora para encubrir su incompetencia para gobernar, ora para explotar el patrioterismo en la chusma y de paso ganar algunas simpatías que a futuro se verán reflejados en votaciones torpes y serviles.
A raíz del escándalo de Angostura, cuando Uribe bombardeó un campamento de la guerrilla ubicado en la selva ecuatoriana, muchos ecuatorianos luego de condenar el acto abusivo y sanguinario del ejército colombiano en territorio ecuatoriano, exigimos al Gobierno del Ecuador una explicación del por qué grupos armados extranjeros, vinculados directamente con el narcotráfico, secuestro, asesinato y terrorismo, transitaban libremente en el oriente norteño ecuatoriano y tenían campamentos fijos, lugares donde acudían grupos de simpatizantes de aquellos grupos violentos, provenientes de toda la América no anglosajona. Muchos exigimos saber por qué el ex ministro Gustavo Larrea y el ex subsecretario Chauvín se reunían con la guerrilla de las Farc, sin conocimiento del gobierno colombiano, en una clara intromisión del gobierno ecuatoriano en asuntos colombianos. Muchos ecuatorianos exigimos que el Fiscal General de la Nación investigue el caso de Angostura y realizando un trabajo conforme a la ley, inicie causas penales en contra de quienes pusieron en riesgo la seguridad del país. Muchos ecuatorianos reclamamos al gobierno de Correa y sus patiños, por la paupérrima imagen que mostró el Ecuador a nivel internacional como consecuencia de aquel relajo sangriento.
Las explicaciones interesadas y parciales de los principales implicados en el escándalo no fueron suficientes, solamente dejaron más dudas. Las actitudes y conductas del Fiscal, además de sospechosas, nos dijeron que nada podíamos esperar de aquel sujeto pedante, valentón y agresivo cuando de defender al gobierno de Correa se refiere, pero, apático cuando de investigar los actos de corrupción del gobierno de la Involución Ciudadana.
A cambio de una investigación eficiente, efectiva y justiciera, los ecuatorianos hemos recibido teatro barato. Un juez ecuatoriano, cuyo nombre no sé, ni quiero saberlo, imbuido de patriotismo y quién sabe que más razones, en un momento político en que nuestro locuaz presidente Don Rafael Correa está pasando por una serie de escándalos de corrupción y tiene un descenso brusco en las encuestas de popularidad, decide, este juez, ordenar la captura del ex ministro de Uribe, Juan Manuel Santos, personaje siniestro de la política colombiana.
Que otra emoción sino la risa, puede causar la decisión del incognito juez oriental. A quién en su sano juicio se le puede ocurrir que la Interpol va a aceptar la orden del juez ecuatoriano. Acaso Interpol no tuvo participación en la investigación de las computadoras de Reyes y confirmó la supuesta veracidad del contenido de estas. ¡Qué bárbaro! ¡Qué bárbaro!
Pero qué pensaban, que el gobierno colombiano se iba a quedar con las manos cruzadas mientras uno de los “duros incondicionales” del demente Uribe era objeto de una posible orden de captura internacional. No solamente que Interpol ha negado la posibilidad de capturar a Santos. Además, por las dudas, el gobierno colombiano le ha dado la categoría de diplomático, blindándolo ante cualquier acto comedido de algún país que no simpatice con la narco República Colombiana. En respuesta al "gesto de afecto" del juez ecuatoriano, de manera encubierta, Colombia, a través de una iniciativa privada, enjuicia a Correa por “sus vínculos con las Farc”. ¡Qué tal! ¡Qué tal, ecuatorianos! Como para reírse, ¿verdad?
Colombia no tiene nada que perder. Ecuador, Ecuador, sí. Pero eso, al Mudo que, desgraciadamente, tenemos por presidente poco o nada le importa. Una vez más los sacrificados patriotas, buscan lavar sus bochornosos e inmorales actos de corrupción recurriendo al escandaloso patriotismo.
La chusma, enseguida ha respondido en favor de sus respectivos: amados, reverenciados y crueles tiranos. Basta ver los foros de los principales periódicos de Ecuador, para comprobar el enardecimiento nacionalista con el que los “correístas” defienden incondicionalmente a su Amado Líder y sus patiños chauvinistas; mientras los “anticorreístas”, muchos de ellos ecuatorianos, defienden a capa y espada a Uribe y sus sicarios paramilitares. En Colombia, los “antiuribistas” no son tan afines a Correa, aunque censuran el terrorismo de estado del encubierto psicópata, pero, los “uribistas” sí que lo defienden, en tanto no escatiman en calificativos poco elegantes para Correa y los amigos de Correa que se jactan de ser amigos de la guerrilla colombiana de las Farc.
Al final de este nuevo sainete grotesco propiciado por las mafias patrioteras de turno en el poder, sin duda ambos bandos saldrán ganando en sus respectivas naciones. La chusma seguirá cerrando filas y marchando marcialmente en torno de sus adorados y admirados demagogos, y ¡todos felices y contentos!
Bueno, no todos, siempre hay por ahí unos cuantos “resentidos y amargados” que exigen: Justicia y Verdad.