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miércoles, 10 de marzo de 2010
Descortesía y desvergüenza.
Corría el mes de Agosto del 2007, eso dice, el registro del archivo word guardado en la unidad D del disco duro de mi computadora. En aquellas fechas, había terminado de escribir una idea que se había transformado en un cuento erótico, ligeramente polémico. Un tanto interesado por conocer la opinión de los demás, acerca de aquella, mi primera aventura libertina en el mundo del cuento, decidí subirlo a la sección narraciones de una página web de adultos bastante frecuentada por animales de variopinta condición.
Luego de un par de semanas recibí varios comentarios; en donde, algunos lectores, mencionaban les había gustado, mientras que alguno que otro deschavetado, reclamaba por la ausencia de sadismo y la falta de pornografía “literaria”. En términos generales la experiencia fue positiva. De hecho recibí correos en los que se me pedía continuar con nuevos capítulos. Invitación que dejé de lado, pues, el objetivo ya se había cumplido. Pues bien, ahí quedó el primer cuento de este simple mortal.
Tres años después, hace un par de semanas, se me ocurrió digitar algunas palabras claves para dar con la web mencionada y constatar como andaban las visitas y calificaciones respecto del cuento. Sorprendentemente, en la búsqueda apareció el título del cuento pero en otras direcciones. Por lo menos, solo en la primera búsqueda pude constatar dos. Ingresé en una y confirmé que se trataba de mi cuento. Alguien se había tomado la molestia de descargarlo de la página original y subirlo a otra, sin mencionar al autor original del cuento. No quiero calificarlo de robo, plagio o copia; pero, ciertamente, no se ve bien que alguien coja lo ajeno y se impute propiedad.
Yo entiendo por ejemplo que alguien tome una cita, un párrafo, y la traslade a otra página como información para generar conocimiento, o debate, lo entiendo, lo ideal sería que mencione la fuente pero, en fin, creo que es tolerable. Pero que se te lleven cerca de 50 páginas, ya eso toma otro cariz. En un primer inicio, más que molestia, aquel acto de “generosidad” me causó un poquito de decepción al constatar los mismos vicios de la sociedad real en el universo virtual, mas ahora, el asunto me causa risa y algo de desdén.
Debo denunciarles que este no es el único caso, de hecho anteayer mientras buscaba la confirmación de una frase de George Orwell, colocada en mi blog en la sección “Citas a considerar”, me encontré con un foro, en donde un muchachito, se había molestado en copiar todas las citas y las había trasladado íntegramente, en el mismo orden, sin atreverse a mencionar siquiera de donde las había tomado. Ni modo, que le vamos a hacer.
Pero hay otro, ese caso, en cambio, me había causado un poco de fastidio, no por la descortesía de aquellos que tomaron la información de mi blog y la publicaron en el suyo, sin mencionar de donde originalmente se tomó los datos, que por cierto, Yo me molesté en buscar y escanear para luego subirla a la red; y me refiero específicamente a las páginas que colgué de la Revista “Comentarios de Pancho Jaime”, colocadas en los post: “Pancho Jaime, ¿periodista temerario o injuriador contumaz?”, y “Algunas perlas de Pancho Jaime”.
Señalé que me había causado algo de fastidio, básicamente por lo siguiente: He buscado y buscado por internet, información acerca de los libelos de Pancho Jaime y salvo algunas páginas entre las cuales se encuentran básicamente las que Yo me molesté en subir, no he encontrado más. Pero lo que si he encontrado es manadas y manadas de supuestos seguidores de la “la mamá del rock and roll”. Incluso por ahí, un blog de boquisucios que pretenden imitarlo, pero que en lugar de la temeridad suicida característica de Pancho Jaime, solo hacen gala de un evidente y cobarde cretinismo pornográfico.
Por ahí, como ya mencioné, buscando nuevos escritos de P. Jaime, para ofrecérselos a un amigo que es simpatizante de ese señor, me encontré con comentarios de sus fans que señalaban su admiración casi religiosa, la gran mayoría de ellos supongo guayaquileños; individuos que se jactaban de tener muchas, pero muchas de sus revistas, al tiempo que decían una y otra vez, honrar la memoria de P.J., pero que, egoísta o cobardemente se abstenían de publicarlas en Internet; aquello, si es que realmente las poseen.
Bueno, lo cierto es que fue un ibarreño, que ciertamente no admira a Pancho Jaime, pero que reconoce el derecho que tenía este señor a expresarse y que exige se esclarezcan las oscuridades que encubren su cobarde asesinato acaecida durante el Gobierno inepto de Rodrigo Borja Cevallos, siendo Gobernador de Guayaquil un tipo de apellidos Guerrero Valenzuela; fue un ibarreño, digo, el que se atrevió a subir algunas páginas, las menos grotescas, de un libelo de ese loco malhablado, que se atrevía a decir crudamente lo que otros muy bien saben pero prefieren callar.
El mejor homenaje que pueden hacer quienes realmente admiran a Pancho Jaime, no es agarrarse a beber o drogarse como poseídos mientras bailan frenéticamente al ritmo de una música estridente y desordenada, sino, socializar y promocionar su trabajo, sus libelos, sus verdades ocultas detrás de ese lenguaje aberrante y cansino; o investigar quienes están detrás del infame crimen, y exigir castigo para los asesinos.
No me molesta que tomen el trabajo de Pancho Jaime, que Yo subí a Internet, para luego colgarlas en sus particulares páginas, sin siquiera decir gracias. Lo que sí es vergonzoso es que quienes idolatran a Pancho Jaime, usen un supuesto homenaje a su memoria como excusa para dar rienda suelta a sus bajas pasiones, eso sí es vergonzoso.
Hace algunas semanas un amigo, el propietario de la revista escaneada, admirador de Pancho Jaime, me pregunto si no estaba interesado en subir nuevas páginas del libelo; le dije que no. Estimado lector quizá usted se preguntará ¿por qué no? Por varias razones, algunas están mencionadas en los párrafos anteriores, pero fundamentalmente porque: no me da la gana.
Seguro usted me entenderá apreciado lector.
Luego de un par de semanas recibí varios comentarios; en donde, algunos lectores, mencionaban les había gustado, mientras que alguno que otro deschavetado, reclamaba por la ausencia de sadismo y la falta de pornografía “literaria”. En términos generales la experiencia fue positiva. De hecho recibí correos en los que se me pedía continuar con nuevos capítulos. Invitación que dejé de lado, pues, el objetivo ya se había cumplido. Pues bien, ahí quedó el primer cuento de este simple mortal.
Tres años después, hace un par de semanas, se me ocurrió digitar algunas palabras claves para dar con la web mencionada y constatar como andaban las visitas y calificaciones respecto del cuento. Sorprendentemente, en la búsqueda apareció el título del cuento pero en otras direcciones. Por lo menos, solo en la primera búsqueda pude constatar dos. Ingresé en una y confirmé que se trataba de mi cuento. Alguien se había tomado la molestia de descargarlo de la página original y subirlo a otra, sin mencionar al autor original del cuento. No quiero calificarlo de robo, plagio o copia; pero, ciertamente, no se ve bien que alguien coja lo ajeno y se impute propiedad.
Yo entiendo por ejemplo que alguien tome una cita, un párrafo, y la traslade a otra página como información para generar conocimiento, o debate, lo entiendo, lo ideal sería que mencione la fuente pero, en fin, creo que es tolerable. Pero que se te lleven cerca de 50 páginas, ya eso toma otro cariz. En un primer inicio, más que molestia, aquel acto de “generosidad” me causó un poquito de decepción al constatar los mismos vicios de la sociedad real en el universo virtual, mas ahora, el asunto me causa risa y algo de desdén.
Debo denunciarles que este no es el único caso, de hecho anteayer mientras buscaba la confirmación de una frase de George Orwell, colocada en mi blog en la sección “Citas a considerar”, me encontré con un foro, en donde un muchachito, se había molestado en copiar todas las citas y las había trasladado íntegramente, en el mismo orden, sin atreverse a mencionar siquiera de donde las había tomado. Ni modo, que le vamos a hacer.
Pero hay otro, ese caso, en cambio, me había causado un poco de fastidio, no por la descortesía de aquellos que tomaron la información de mi blog y la publicaron en el suyo, sin mencionar de donde originalmente se tomó los datos, que por cierto, Yo me molesté en buscar y escanear para luego subirla a la red; y me refiero específicamente a las páginas que colgué de la Revista “Comentarios de Pancho Jaime”, colocadas en los post: “Pancho Jaime, ¿periodista temerario o injuriador contumaz?”, y “Algunas perlas de Pancho Jaime”.
Señalé que me había causado algo de fastidio, básicamente por lo siguiente: He buscado y buscado por internet, información acerca de los libelos de Pancho Jaime y salvo algunas páginas entre las cuales se encuentran básicamente las que Yo me molesté en subir, no he encontrado más. Pero lo que si he encontrado es manadas y manadas de supuestos seguidores de la “la mamá del rock and roll”. Incluso por ahí, un blog de boquisucios que pretenden imitarlo, pero que en lugar de la temeridad suicida característica de Pancho Jaime, solo hacen gala de un evidente y cobarde cretinismo pornográfico.
Por ahí, como ya mencioné, buscando nuevos escritos de P. Jaime, para ofrecérselos a un amigo que es simpatizante de ese señor, me encontré con comentarios de sus fans que señalaban su admiración casi religiosa, la gran mayoría de ellos supongo guayaquileños; individuos que se jactaban de tener muchas, pero muchas de sus revistas, al tiempo que decían una y otra vez, honrar la memoria de P.J., pero que, egoísta o cobardemente se abstenían de publicarlas en Internet; aquello, si es que realmente las poseen.
Bueno, lo cierto es que fue un ibarreño, que ciertamente no admira a Pancho Jaime, pero que reconoce el derecho que tenía este señor a expresarse y que exige se esclarezcan las oscuridades que encubren su cobarde asesinato acaecida durante el Gobierno inepto de Rodrigo Borja Cevallos, siendo Gobernador de Guayaquil un tipo de apellidos Guerrero Valenzuela; fue un ibarreño, digo, el que se atrevió a subir algunas páginas, las menos grotescas, de un libelo de ese loco malhablado, que se atrevía a decir crudamente lo que otros muy bien saben pero prefieren callar.
El mejor homenaje que pueden hacer quienes realmente admiran a Pancho Jaime, no es agarrarse a beber o drogarse como poseídos mientras bailan frenéticamente al ritmo de una música estridente y desordenada, sino, socializar y promocionar su trabajo, sus libelos, sus verdades ocultas detrás de ese lenguaje aberrante y cansino; o investigar quienes están detrás del infame crimen, y exigir castigo para los asesinos.
No me molesta que tomen el trabajo de Pancho Jaime, que Yo subí a Internet, para luego colgarlas en sus particulares páginas, sin siquiera decir gracias. Lo que sí es vergonzoso es que quienes idolatran a Pancho Jaime, usen un supuesto homenaje a su memoria como excusa para dar rienda suelta a sus bajas pasiones, eso sí es vergonzoso.
Hace algunas semanas un amigo, el propietario de la revista escaneada, admirador de Pancho Jaime, me pregunto si no estaba interesado en subir nuevas páginas del libelo; le dije que no. Estimado lector quizá usted se preguntará ¿por qué no? Por varias razones, algunas están mencionadas en los párrafos anteriores, pero fundamentalmente porque: no me da la gana.
Seguro usted me entenderá apreciado lector.
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