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domingo, 10 de enero de 2010
Corregidor incorregible.
Muchas veces, sorprendido, he tenido que editar los post ingresados. Y es que, a pesar de las revisiones que suelo hacer antes de subir mis opiniones a las paredes de la cueva, ciertas equivocaciones gramaticales, ortográficas, de sintaxis, e incluso ciertas omisiones o excesos, se cuelan irreverentemente. Ni modo esas cosas pasan, menos mal siempre tienes la posibilidad de corregir.
Algo muy similar sucede cuando imprimes un comentario en algún foro, o blog particular; en principio, cuando observas el comentario antes de mandarlo daría la impresión que todo está en regla, pero, “¡oh desgracia ingrata!”, cuando revisas la opinión registrada resulta que te comiste una s, o una z, una tilde, o mandaste una coma en más o menos que de alguna manera alteró el sentido original de la opinión, etc.… Frente a esas circunstancias, no queda más que: eliminar tal registro si tienes esa opción o decir indiferentemente, ¡qué chuchas!, y dejar el comentario tal como está.
Sin embargo, a pesar de estas realidades, de estos errores casuales, coyunturales, condicionales, que se presentan irremediablemente, y de los eventuales “dejar hacer y dejar pasar” que en mi opinión no deben constituirse en norma general, sino en mera excepción, unida al compromiso de poner más atención en la redacción de la opinión; debo protestar mi más firme rechazo a las manifestaciones de ciertos autoproclamados inquisidores del idioma de Cervantes, suerte de miembros premiados de la Real Academia de la Lengüeta, que sin el menor escrúpulo se dan a la innoble tarea de recordarnos nuestra condición humana; claro que mejor harían estos preclaros pedantes en prestar más atención a sus vicios y beaterías en lugar de fijarse con insolente ahínco en los errores y debilidades de los demás.
Pero, el asunto toma ribetes ridículos y gozosamente groseros cuando, estos geniecillos angustiados, en su desesperación por pasar como intelectuales ante los demás, incurren en correcciones trastornadas y desvencijadas, destrozando lo bueno e imponiendo lo malo, induciendo en la duda o el error al inocente que fue víctima de sus malévolas e ignorantonas sabiondeces; más grave todavía cuando aquel estaba en lo cierto y el engreído ganapán en lo falso.
Pues bien, la semana anterior se dio un hecho real que fácilmente encaja en las características mencionadas en el párrafo anterior. El lugar, el set de entrevistas del Canal Teleamazonas; los actores, Jorge Ortiz entrevistador y Macarena Valarezo actual concejal de Quito; el tema, el dictamen acusatorio del Fiscal de Pichincha en contra del ex alcalde de Quito y actual asambleísta Paco Moncayo, acusado de peculado por haber entregado garantías municipales a favor del consorcio privado encargado de construir el terminal aéreo.
La entrevista inició con un Jorge Ortiz presentando a Valarezo como “la mayor opositora al proyecto” del nuevo Aeropuerto de Quito, ante lo cual Valarezo, rechazó tal “sentencia”, señalando que simplemente se oponía a las ilegalidades que se habían presentado; y enseguida empezó a explicar sus argumentaciones que le impulsaron a denunciar las ambigüedades legales, financieras y económicas de ese proyecto polémico, que por cierto Rafael Correa, hace algún tiempo atrás se atrevió a catalogar de algo así como “gran robo”, dando a entender que quienes estaban detrás de tan promocionada construcción eran simplemente una pandilla de ladrones; lo dijo el “mudo”.
Momentos después Ortiz cuestionaba a Valarezo, por qué el Fiscal se abstenía de vincular a los demás concejales en ese tiempo - entre los cuales estaban el actual alcalde Augusto Barrera -, que habían votado para entregar las garantías a favor de la empresa privada concesionaria. Valarezo, entonces, reconoce el “olvido” del fiscal y dice: “…..traje el orden del día”. Inmediatamente Don Georgie, como gato sobre la pobre ratoncita se lanza sobradamente con la siguiente aclaración: “…..perdón, es la orden del día en femenino según el diccionario de……algo con lo cual me paso peliando y perdiendo, pero es la orden del día”. Ante semejante y segura corrección, Valarezo, que aclaro, no es santa de mi devoción debido a sus apetitos religiosos a favor de las brutales masacres en el coso de Iñaquito, da marcha atrás a pesar de estar en lo correcto y atiende la imposición gramatical del intemperante y nada abochornado Jorgito.
Pero hablemos con evidencias; el diccionario de la Real Academia a la que por supuesto no pertenece Jorge Ortiz, señala: Orden del día. 1. m. Determinación de lo que en el día de que se trata deba ser objeto de las discusiones o tareas de una asamblea o corporación. 2. f. Mil. La que diariamente se da a los cuerpos de un ejército o guarnición señalando el servicio que han de prestar las tropas.
Pero una sola fuente podría levantar suspicacias de modo que veamos que dice el Pequeño Larrousse: La orden del día.- La dada diariamente a los cuerpos de un ejército. // El orden del día.- Lista de asuntos que se han de tratar en una junta.
Demostrado que: “La orden del día” (femenino) se usa cuando tiene que ver con las tareas planeadas para cada día en la milicia; y, “El orden del día”, (masculino) cuando se refiere a la secuencia de puntos administrativos, o de otro tipo, que debe tratar un colegiado, un concejo, o una asamblea, en general.
No es la primera vez que Ortiz se lanza este tipo de fanfarronadas intelectualoides; solo que en esta ocasión, no solo que corrigió mal sino que, principalmente, cuestionó lo que estaba bien. Doble error. Unas cuantas preguntas se me vienen a la mente, ¿por qué don Georgie, no esperó a terminar la entrevista para “corregirle”, más todavía considerando que hasta fue tuteado por Valarezo, lo que implica cierta amistad o afinidad?, ¿por qué ese afán personalísimo de buscar notoriedad a cualquier precio?
Lo increíble es que, con todo este de tipo de folklorismos típicamente ecuatorianos, de excesos y limitaciones, de prejuicios y brusquedades, por largo Jorge Ortiz es el único periodista entrevistador o presentador de noticias de los medios tradicionales que más o menos ha realizado su trabajo en cuanto a denunciar y perseguir la corrupción del Gobierno del “mudo” Correa. Un tanto patético sin duda, aunque no tanto, considerando que en otros canales tenemos a cheerleaders importadas, arqueros jubilados, y payasos mercenarios desempeñando el papel de periodistas “independientes, libres y honestos”. ¡Qué bonita prensa!, ¿verdad?
Esperemos que Ortiz retire del orden del día sus incorrecciones gramaticales; y si va a continuar con sus “cruzadas” a favor del “buen hablar y bien escribir”, por lo menos antes de corregir a sus invitados que tenga la plena certeza de estar en lo correcto, para evitar que una vez más reedite el ridículo caso de “la orden del día” que no era hembra si no macho.
Jorge Ortiz y "la orden del día".
Algo muy similar sucede cuando imprimes un comentario en algún foro, o blog particular; en principio, cuando observas el comentario antes de mandarlo daría la impresión que todo está en regla, pero, “¡oh desgracia ingrata!”, cuando revisas la opinión registrada resulta que te comiste una s, o una z, una tilde, o mandaste una coma en más o menos que de alguna manera alteró el sentido original de la opinión, etc.… Frente a esas circunstancias, no queda más que: eliminar tal registro si tienes esa opción o decir indiferentemente, ¡qué chuchas!, y dejar el comentario tal como está.
Sin embargo, a pesar de estas realidades, de estos errores casuales, coyunturales, condicionales, que se presentan irremediablemente, y de los eventuales “dejar hacer y dejar pasar” que en mi opinión no deben constituirse en norma general, sino en mera excepción, unida al compromiso de poner más atención en la redacción de la opinión; debo protestar mi más firme rechazo a las manifestaciones de ciertos autoproclamados inquisidores del idioma de Cervantes, suerte de miembros premiados de la Real Academia de la Lengüeta, que sin el menor escrúpulo se dan a la innoble tarea de recordarnos nuestra condición humana; claro que mejor harían estos preclaros pedantes en prestar más atención a sus vicios y beaterías en lugar de fijarse con insolente ahínco en los errores y debilidades de los demás.
Pero, el asunto toma ribetes ridículos y gozosamente groseros cuando, estos geniecillos angustiados, en su desesperación por pasar como intelectuales ante los demás, incurren en correcciones trastornadas y desvencijadas, destrozando lo bueno e imponiendo lo malo, induciendo en la duda o el error al inocente que fue víctima de sus malévolas e ignorantonas sabiondeces; más grave todavía cuando aquel estaba en lo cierto y el engreído ganapán en lo falso.
Pues bien, la semana anterior se dio un hecho real que fácilmente encaja en las características mencionadas en el párrafo anterior. El lugar, el set de entrevistas del Canal Teleamazonas; los actores, Jorge Ortiz entrevistador y Macarena Valarezo actual concejal de Quito; el tema, el dictamen acusatorio del Fiscal de Pichincha en contra del ex alcalde de Quito y actual asambleísta Paco Moncayo, acusado de peculado por haber entregado garantías municipales a favor del consorcio privado encargado de construir el terminal aéreo.
La entrevista inició con un Jorge Ortiz presentando a Valarezo como “la mayor opositora al proyecto” del nuevo Aeropuerto de Quito, ante lo cual Valarezo, rechazó tal “sentencia”, señalando que simplemente se oponía a las ilegalidades que se habían presentado; y enseguida empezó a explicar sus argumentaciones que le impulsaron a denunciar las ambigüedades legales, financieras y económicas de ese proyecto polémico, que por cierto Rafael Correa, hace algún tiempo atrás se atrevió a catalogar de algo así como “gran robo”, dando a entender que quienes estaban detrás de tan promocionada construcción eran simplemente una pandilla de ladrones; lo dijo el “mudo”.
Momentos después Ortiz cuestionaba a Valarezo, por qué el Fiscal se abstenía de vincular a los demás concejales en ese tiempo - entre los cuales estaban el actual alcalde Augusto Barrera -, que habían votado para entregar las garantías a favor de la empresa privada concesionaria. Valarezo, entonces, reconoce el “olvido” del fiscal y dice: “…..traje el orden del día”. Inmediatamente Don Georgie, como gato sobre la pobre ratoncita se lanza sobradamente con la siguiente aclaración: “…..perdón, es la orden del día en femenino según el diccionario de……algo con lo cual me paso peliando y perdiendo, pero es la orden del día”. Ante semejante y segura corrección, Valarezo, que aclaro, no es santa de mi devoción debido a sus apetitos religiosos a favor de las brutales masacres en el coso de Iñaquito, da marcha atrás a pesar de estar en lo correcto y atiende la imposición gramatical del intemperante y nada abochornado Jorgito.
Pero hablemos con evidencias; el diccionario de la Real Academia a la que por supuesto no pertenece Jorge Ortiz, señala: Orden del día. 1. m. Determinación de lo que en el día de que se trata deba ser objeto de las discusiones o tareas de una asamblea o corporación. 2. f. Mil. La que diariamente se da a los cuerpos de un ejército o guarnición señalando el servicio que han de prestar las tropas.
Pero una sola fuente podría levantar suspicacias de modo que veamos que dice el Pequeño Larrousse: La orden del día.- La dada diariamente a los cuerpos de un ejército. // El orden del día.- Lista de asuntos que se han de tratar en una junta.
Demostrado que: “La orden del día” (femenino) se usa cuando tiene que ver con las tareas planeadas para cada día en la milicia; y, “El orden del día”, (masculino) cuando se refiere a la secuencia de puntos administrativos, o de otro tipo, que debe tratar un colegiado, un concejo, o una asamblea, en general.
No es la primera vez que Ortiz se lanza este tipo de fanfarronadas intelectualoides; solo que en esta ocasión, no solo que corrigió mal sino que, principalmente, cuestionó lo que estaba bien. Doble error. Unas cuantas preguntas se me vienen a la mente, ¿por qué don Georgie, no esperó a terminar la entrevista para “corregirle”, más todavía considerando que hasta fue tuteado por Valarezo, lo que implica cierta amistad o afinidad?, ¿por qué ese afán personalísimo de buscar notoriedad a cualquier precio?
Lo increíble es que, con todo este de tipo de folklorismos típicamente ecuatorianos, de excesos y limitaciones, de prejuicios y brusquedades, por largo Jorge Ortiz es el único periodista entrevistador o presentador de noticias de los medios tradicionales que más o menos ha realizado su trabajo en cuanto a denunciar y perseguir la corrupción del Gobierno del “mudo” Correa. Un tanto patético sin duda, aunque no tanto, considerando que en otros canales tenemos a cheerleaders importadas, arqueros jubilados, y payasos mercenarios desempeñando el papel de periodistas “independientes, libres y honestos”. ¡Qué bonita prensa!, ¿verdad?
Esperemos que Ortiz retire del orden del día sus incorrecciones gramaticales; y si va a continuar con sus “cruzadas” a favor del “buen hablar y bien escribir”, por lo menos antes de corregir a sus invitados que tenga la plena certeza de estar en lo correcto, para evitar que una vez más reedite el ridículo caso de “la orden del día” que no era hembra si no macho.
Jorge Ortiz y "la orden del día".
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