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viernes, 28 de mayo de 2010

Impasse.

Los ecuatorianos estamos metidos en un verdadero atolladero; en una situación en que difícilmente se encuentra una salida; una que le conduzca al Ecuador por los senderos de Bienestar que el País merece. La irresponsabilidad, codicia y complejos de algunos le han llevado a todo el País a un impasse del que va a resultar muy difícil salir. Entre la clase política, es decir, la mafia correísta actualmente en el poder y la farsa opositora incompetente y corrupta; los negocios de comunicación tradicionales auto-etiquetados de periodismo independiente; los gamonales de las cámaras de comercio, los movimientos sociales, principalmente indígenas; y la estulticia e indolencia de la mayoría de la población, están arrastrándole al País a una crisis social, económica y moral, que quién sabe qué repercusiones pueda tener en el futuro.

Ciertamente que el principal responsable de este relajo tiene nombre y apellidos: Rafael Correa Delgado. Con su proselitismo politicastro y estratagemas demagógicas este individuo ha generado un enfrentamiento sinsentido entre ecuatorianos. Sus campañas propagandísticas simplemente han servido para encubrir su notoria incapacidad para gobernar y la corrupción de sus incondicionales, socios y sátrapas. Mientras esto sucede los problemas del País siguen de mal en peor: escasez de gas de uso doméstico, inflación, desempleo, violencia, emigración, pobreza, ignorancia, depredación de la naturaleza, injusticia, corrupción en los diferentes sistemas públicos, pésima calidad de servicios públicos, estancamiento de la producción, etc., etc., etc.

Las manifestaciones viles de Correa se repiten a diario. Personas que son ilegalmente detenidas debido a la paranoia enfermiza de Correa que se considera a sí mismo un reyezuelo totalitario. Reacciones viscerales y mezquinas en contra de aquellos que se atreven a cuestionar su “majestad”; acciones y declaraciones racistas y virulentas contra un segmento crítico del movimiento indígena que no se ha sometido a su tiranía. Protección a personajes siniestros a quienes Correa colocó en puestos claves de la función pública para que igualmente lo protejan y le garanticen impunidad a él y su jorga. Acciones y actitudes de violencia que demuestran que este personaje no está en sus cabales y por lo mismo no está en capacidad de gobernar el Ecuador. Actos de persecución e intolerancia como en el siguiente ejemplo: Durante el Gobierno de Rodrigo Borja se entregó en comodato por alrededor de 99 años el edificio donde actualmente funciona la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie). Durante cerca de 20 años a ningún Gobierno se le ocurrió revisar dicho convenio, a pesar de que la Conaie realizó movilizaciones periódicamente en todos aquellos gobiernos, e incluso colaboró directamente en la caída de Bucaram, Mahauad, y Lucio Gutiérrez. A pesar de aquello a ningún presidente se le ocurrió dar de baja aquel comodato. Hoy, el líder de la Revolución Bolivariana, Rafael Correa, amenaza con apropiarse de aquel edificio, seguramente para entregárselo a su jorga de serviles agnados y cognados. Ese es Rafael Correa, un gamberro malcriado, maquiavélico, codicioso y mezquino. Ese es, funestamente, el Presidente de los ecuatorianos.

Luego está la clase política opositora, la responsable directa de que Rafael Correa haya llegado al poder. Porque la partidocracia tradicional parió a Rafael Correa. Tal es así que Correa como buen hijastro de la sucia Partidocracia ha consolidado el sistema mafioso de partidos políticos hasta el punto que ahora resulta imposible que una persona pueda ejercer sus derechos políticos si no es a través de la monopólica mafia de partidos políticos.

Los negocios corporativos de comunicación también han sido pieza importante para que el sistema corrupto se consolide. Las programaciones televisivas dedicadas en la mayoría de los casos a consolidar los gustos y apetitos del populacho, con las tradicionales y repetitivas telenovelas, shows rosados, y más basura que solamente ratifica y cimienta prejuicios, tabúes, y estupideces. Los noticieros, diarios, editoriales y programas de opinión que básicamente siguen un mismo libreto: presentar las noticias de acuerdo a las conveniencias económicas y políticas de los dueños de los canales televisivos, radios y periódicos. El ejemplo de la salvaje “Justicia Indígena”, es muy descriptivo. Los medios se han dedicado a culpar exclusivamente a las comunidades nativas por las brutales palizas y los crímenes irracionales cometidos con la excusa de la llamada “Justicia Indígena”. Pero los medios olvidan o se abstienen de señalar que fue Rafael Correa y sus sátrapas incondicionales de Montecristi quienes regularizaron constitucionalmente la tortura en el Ecuador al incluir en la Constitución Correana la figura de la “Justicia Indígena”. Sabían muy bien que se cometerían salvajadas sanguinarias, pero prefirieron alimentar su mezquino apetito politicastro antes que moralizar el corrompido sistema judicial y fiscal; obviamente necesitaban un sistema corrupto que los encubriera en sus pasados, concurrentes y futuros pillajes, violaciones y latrocinios. Aquello lo sabe muy bien la prensa tradicional pero ante la posibilidad de cuestionar las hipócritas críticas de Correa a la violencia generada por su invento fratricida, prefieren callar y culpar al bruto, al autor material del crimen antes que señalar públicamente al autor intelectual de aquella barbarie. Tan estúpida es la actitud de la prensa tradicional que apoyan encubiertamente a Fabricio Correa, hermano de Rafael, creyéndolo un supuesto opositor cuando éste, en el Gobierno de su hermano se benefició de millonarios contratos públicos que luego hipócritamente, cuando estalló el escándalo fueron terminados unilateralmente, abriéndole al ñaño Fabricio la posibilidad de instaurar demandas millonarias al Estado ecuatoriano. ¿A quién se le puede ocurrir que Fabricio Correa va a auditar las corruptelas de su “ñaño lindo”?

Enseguida aparecen los amigos de los dueños de los negocios corporativos de comunicación, los tradicionales gamonales. Los únicos que tienen garantizada la libertad de expresión en la prensa “independiente”. Personajes que anquilosados en su pasado y ancestros conservadores siguen insistiendo en el cuento de la privatización de los servicios públicos, o aletargados con la declaración morbosa y mercantilista de que la solución de los problemas económicos de los países tercermundistas se hallan en abrirse de par en par a la inversión de las sacrosantas y todopoderosas transnacionales extranjeras. A veces daría la impresión de que estos personajes son cómplices encubiertos de Rafael Correa y su revolución bolivariana. La desesperación mercantil de estos caballeros generalmente vinculados con los gremios de las cámaras de comercio y exportadores, no pasa desapercibida para la mayoría de los ecuatorianos especialmente de la clase económica media y baja, que son los verdaderos motores productivos del País. Los sectores productivos nacionales que nada tienen que ver con los gamonales y sus intereses mezquinos, ven con razón, un peligro en los "Tratados de Libre Comercio" promocionados desaforadamente por los representantes de estos gremios conservadores uno de cuyos gritos de batalla es: "¡comprar barato y vender caro!" De las declaraciones irresponsables de estos empresarios mercantilistas se aprovecha Correa y con su demagogia patriotera denuncia sus patentes intereses parciales al tiempo que se desgañita satanizando el Liberalismo e imputándole a éste los males del conservadurismo mercantilista.

Luego están los movimientos sociales parasitados por la fiebre ideológica del socialismo y/o comunismo. Enemigos acérrimos del Liberalismo, al que torpe e injustamente confunden con capitalismo monopólico. A este grupo pertenecen los indígenas; individuos que se movilizan ciegamente siguiendo las órdenes de sus líderes, que generalmente son personas que tienen una visión muy limitada y escuálida de la realidad, o peor todavía personajes taimados, ambiciosos, e inescrupulosos que ven en el pueblo indígena un simple medio a través del cual se transformarán en los popularmente llamados “ponchos dorados”, es decir indios burgueses, racistas y desalmados.

Finalmente la sociedad, el pueblo, o como suelen decir los corrompidos demagogos: “La Voz de Dios”. La mayoría levantándose maquinalmente de sus lechos, ignorantes de lo que sucede en su entorno. Saliendo diariamente de sus madrigueras o corrales particulares con rumbo a sus alienantes trabajos, donde los muchos serán pastoreados, ordeñados y trasquilados, mientras unos pocos cumplirán sádica o indiferentemente aquellas tareas programadas por los amos socialistas y/o conservadores. Imaginándose felices, satisfechos y conformes. Alienados y esclavizados a sus propias debilidades y a las imposiciones de los que ellos mismos consideran sus “patrones”. Amargados más que agotados luego de una mañana y tarde de aburrido trabajo, salen de sus pastizales con rumbo a sus casas donde ya en la noche cumplirán con lo que el sistema totalitario espera de ellos reproducirse bestialmente con sus parejas para prolongar indefinidamente el sacrosanto circulo vicioso mundanal.

Considerando estos antecedentes, el asunto se ve color de hormiga para el Ecuador, para los ecuatorianos, para aquel segmento que imagina a su País convertido en una Nación donde Justicia, Libertad y Prosperidad sean realidades tangibles. Si las cosas se siguen presentando tal como hasta ahora; si quienes dicen oponerse a Correa continúan cometiendo los mismos disparates que le han permitido consolidarse en el poder, es obvio que la revolución bolivariana sicalíptica continuará destrozando al País. Quienes tienen los recursos económicos para enfrentar a Correa deben replantear sus estrategias, para usar un cliché popular: “deben dejar de hacerle el juego a Correa”.

El Gobierno del Socialismo del siglo XXI tácitamente es una dictadura; tiene el control de las demás instituciones y funciones del Estado, aquello de por sí coloca en gran desventaja a quienes intenten competir en las futuras elecciones. No solamente por el fraude que se puede perpetrar, sino por el incondicionalismo vil de las autoridades de control que dejarán hacer y dejarán pasar a los socialistas de Correa. Si a eso añadimos los aspectos mencionados en los párrafos anteriores entonces como ya mencioné el asunto se complica y muchísimo.


domingo, 10 de enero de 2010

Corregidor incorregible.

Muchas veces, sorprendido, he tenido que editar los post ingresados. Y es que, a pesar de las revisiones que suelo hacer antes de subir mis opiniones a las paredes de la cueva, ciertas equivocaciones gramaticales, ortográficas, de sintaxis, e incluso ciertas omisiones o excesos, se cuelan irreverentemente. Ni modo esas cosas pasan, menos mal siempre tienes la posibilidad de corregir.

Algo muy similar sucede cuando imprimes un comentario en algún foro, o blog particular; en principio, cuando observas el comentario antes de mandarlo daría la impresión que todo está en regla, pero, “¡oh desgracia ingrata!”, cuando revisas la opinión registrada resulta que te comiste una s, o una z, una tilde, o mandaste una coma en más o menos que de alguna manera alteró el sentido original de la opinión, etc.… Frente a esas circunstancias, no queda más que: eliminar tal registro si tienes esa opción o decir indiferentemente, ¡qué chuchas!, y dejar el comentario tal como está.

Sin embargo, a pesar de estas realidades, de estos errores casuales, coyunturales, condicionales, que se presentan irremediablemente, y de los eventuales “dejar hacer y dejar pasar” que en mi opinión no deben constituirse en norma general, sino en mera excepción, unida al compromiso de poner más atención en la redacción de la opinión; debo protestar mi más firme rechazo a las manifestaciones de ciertos autoproclamados inquisidores del idioma de Cervantes, suerte de miembros premiados de la Real Academia de la Lengüeta, que sin el menor escrúpulo se dan a la innoble tarea de recordarnos nuestra condición humana; claro que mejor harían estos preclaros pedantes en prestar más atención a sus vicios y beaterías en lugar de fijarse con insolente ahínco en los errores y debilidades de los demás.

Pero, el asunto toma ribetes ridículos y gozosamente groseros cuando, estos geniecillos angustiados, en su desesperación por pasar como intelectuales ante los demás, incurren en correcciones trastornadas y desvencijadas, destrozando lo bueno e imponiendo lo malo, induciendo en la duda o el error al inocente que fue víctima de sus malévolas e ignorantonas sabiondeces; más grave todavía cuando aquel estaba en lo cierto y el engreído ganapán en lo falso.

Pues bien, la semana anterior se dio un hecho real que fácilmente encaja en las características mencionadas en el párrafo anterior. El lugar, el set de entrevistas del Canal Teleamazonas; los actores, Jorge Ortiz entrevistador y Macarena Valarezo actual concejal de Quito; el tema, el dictamen acusatorio del Fiscal de Pichincha en contra del ex alcalde de Quito y actual asambleísta Paco Moncayo, acusado de peculado por haber entregado garantías municipales a favor del consorcio privado encargado de construir el terminal aéreo.

La entrevista inició con un Jorge Ortiz presentando a Valarezo como “la mayor opositora al proyecto” del nuevo Aeropuerto de Quito, ante lo cual Valarezo, rechazó tal “sentencia”, señalando que simplemente se oponía a las ilegalidades que se habían presentado; y enseguida empezó a explicar sus argumentaciones que le impulsaron a denunciar las ambigüedades legales, financieras y económicas de ese proyecto polémico, que por cierto Rafael Correa, hace algún tiempo atrás se atrevió a catalogar de algo así como “gran robo”, dando a entender que quienes estaban detrás de tan promocionada construcción eran simplemente una pandilla de ladrones; lo dijo el “mudo”.

Momentos después Ortiz cuestionaba a Valarezo, por qué el Fiscal se abstenía de vincular a los demás concejales en ese tiempo - entre los cuales estaban el actual alcalde Augusto Barrera -, que habían votado para entregar las garantías a favor de la empresa privada concesionaria. Valarezo, entonces, reconoce el “olvido” del fiscal y dice: “…..traje el orden del día”. Inmediatamente Don Georgie, como gato sobre la pobre ratoncita se lanza sobradamente con la siguiente aclaración: “…..perdón, es la orden del día en femenino según el diccionario de……algo con lo cual me paso peliando y perdiendo, pero es la orden del día”. Ante semejante y segura corrección, Valarezo, que aclaro, no es santa de mi devoción debido a sus apetitos religiosos a favor de las brutales masacres en el coso de Iñaquito, da marcha atrás a pesar de estar en lo correcto y atiende la imposición gramatical del intemperante y nada abochornado Jorgito.

Pero hablemos con evidencias; el diccionario de la Real Academia a la que por supuesto no pertenece Jorge Ortiz, señala: Orden del día.
1. m. Determinación de lo que en el día de que se trata deba ser objeto de las discusiones o tareas de una asamblea o corporación. 2. f. Mil. La que diariamente se da a los cuerpos de un ejército o guarnición señalando el servicio que han de prestar las tropas.

Pero una sola fuente podría levantar suspicacias de modo que veamos que dice el Pequeño Larrousse: La orden del día.- La dada diariamente a los cuerpos de un ejército. // El orden del día.- Lista de asuntos que se han de tratar en una junta.

Demostrado que: “La orden del día” (femenino) se usa cuando tiene que ver con las tareas planeadas para cada día en la milicia; y, “El orden del día”, (masculino) cuando se refiere a la secuencia de puntos administrativos, o de otro tipo, que debe tratar un colegiado, un concejo, o una asamblea, en general.

No es la primera vez que Ortiz se lanza este tipo de fanfarronadas intelectualoides; solo que en esta ocasión, no solo que corrigió mal sino que, principalmente, cuestionó lo que estaba bien. Doble error. Unas cuantas preguntas se me vienen a la mente, ¿por qué don Georgie, no esperó a terminar la entrevista para “corregirle”, más todavía considerando que hasta fue tuteado por Valarezo, lo que implica cierta amistad o afinidad?, ¿por qué ese afán personalísimo de buscar notoriedad a cualquier precio?

Lo increíble es que, con todo este de tipo de folklorismos típicamente ecuatorianos, de excesos y limitaciones, de prejuicios y brusquedades, por largo Jorge Ortiz es el único periodista entrevistador o presentador de noticias de los medios tradicionales que más o menos ha realizado su trabajo en cuanto a denunciar y perseguir la corrupción del Gobierno del “mudo” Correa. Un tanto patético sin duda, aunque no tanto, considerando que en otros canales tenemos a cheerleaders importadas, arqueros jubilados, y payasos mercenarios desempeñando el papel de periodistas “independientes, libres y honestos”. ¡Qué bonita prensa!, ¿verdad?

Esperemos que Ortiz retire del orden del día sus incorrecciones gramaticales; y si va a continuar con sus “cruzadas” a favor del “buen hablar y bien escribir”, por lo menos antes de corregir a sus invitados que tenga la plena certeza de estar en lo correcto, para evitar que una vez más reedite el ridículo caso de “la orden del día” que no era hembra si no macho.


Jorge Ortiz y "la orden del día".

jueves, 25 de junio de 2009

Jaime Garzón y la Justiciera Sátira Política.

El otro día conversaba con un buen amigo acerca de la porquería de programas de humor político disque sátiro que existen en este nuestro Ecuador. Mi amigo cabreado me decía que estaba harto de ver la manera amistosa, gentil y bonachona en que los politiqueros ecuatorianos eran tratados por los criados de Fredy Ehlers, en su “No-noticias”, y el guacharnaco Davis Reinoso con sus polichinelas de “Vivos”.
Molesto, mencionaba que aquellas comedias cobardes, mediocres y lambisconas en lugar de generar controversia, denuncia, protesta y reprobación en la sociedad, más bien conseguía crear en la mentalidad del televidente cierta simpatía a favor del político pillo que era objeto del repetitivo y aburrido sainete.
Justificaba su opinión poniendo como evidencia la aceptación y tolerancia que los politiqueros demostraban con las payasadas en las que eran promocionados. Tenía razón, muchos badulaques de la partidocracia han aparecido muy felices con el criado de Ehlers que funge de payaso principal de aquel programa de comedia vulgar. Lo mismo se aplica al bergante Reinoso. Sobre este tipo precisamente comentábamos que las vaciladas a Febres Cordero eran más bien muestras de sumisión al Gran Patroncito.
Una y otra vez me decía que la verdadera sátira, es aquella que estaba dirigida a presentar a los “angelitos honrados” como los bufoncillos disolutos que realmente son, y debía ser cruda, directa, hiriente, creativa, ingeniosa y furibundamente mordaz.
¡Qué cosas no!, mientras hay gente, probablemente asqueada de tanta hez criminal que trasciende en este mundo, unos pocos, que deciden actuar temerariamente en contra de los patriotas y estadistas que se roban el futuro de una sociedad apática e ignorantona; hay otros, demasiados, que etiquetados de artistas, actores e histriones conspiran con las mafias politiqueras suavizando los delitos de los patrones y sus testaferros; que mejor que a través de la comedia tonta, vulgar, mojigata e hipócrita; de esa que tanto gusta a las masas.
Escuchar acerca de las infamias terribles que se cometen en Colombia, ciertamente que generan un sentimiento de solidaridad con las víctimas, una tristeza decepcionante por el dolor de aquellas inocentes víctimas del terrorismo, conocer de los campesinos torturados por aquellos criminales que decían luchar por ellos; o por esos que, jactándose de representar el orden legal y establecido, los masacraban en lugar de protegerlos. Pero, cuando te enteras que un hombre honrado, valiente, inteligente, talentoso y, sin duda temerario, había terminado siendo una víctima más del cobarde terrorismo; pues al malestar, el rechazo, la tristeza y la decepción, se une la indignación.
Tristemente, apenas me enteré de la existencia histórica de Jaime Garzón, valiente periodista colombiano, por un titular de prensa en el que se relataba y denunciaba su cobarde y ruin asesinato. La nota señalaba que Jaime era un periodista, pero principalmente un comediante que gustaba de la sátira política. Nada más. Pero no había necesidad de más. Alguien alguna vez me dijo que si algo debíamos aprender, era a leer entre líneas las historias que nos contaban los dueños de la verdad, interpretar las noticias y las informaciones que recibíamos dependiendo de quienes eran los actores y quienes nos narraban el cuento. Si bien no podíamos concluir verdades, por lo menos conseguiríamos cierta ideas razonables sobre como verdaderamente podrían ser la cosas. Desde ahí, era nuestra responsabilidad llegar a la verdad, investigando y analizando, rechazando la basura y aceptando la evidencia.
“Tienes que hacer lo que tienes que hacer”, es una frase que parecería un tanto tonta, redundante, pero que en su énfasis nos revela una necesidad que no podemos pasarla por alto; inclusive alguna vez la escuché en una serie de caricaturas aunque con diferente connotación, muy creativa y jocosa por cierto. Pues bien, desde hace algún tiempo quería mencionar el ejemplo de Jaime Garzón. Hoy que estamos discutiendo acerca de la libertad de expresión y la libertad de prensa, el nombre y la figura de Jaime Garzón aparece brillante, diáfano y honorable; un verdadero Ícono del periodismo valiente, frontal, irreverente y honesto. Jaime se enfrentó con lo peor de la escoria humana y lo hizo por principios, quizá pensó en un acto de ingenuidad que su inmolación sería el sacrificio final que acabaría de una vez con la actitud indolente, torpe y mezquina de la sociedad colombiana. Quizá. Aunque aquella candidez, si existió, no limitó para nada, su calidad de hombre talentoso, honrado, amistoso, valiente y risueño. Sin embargo, las sociedades gustan de "homenajear" a aquellos que cayeron por sus burdas e inmorales indolencias con manifestaciones de barata gazmoñería, civismo burdo y degenerado, o simplemente con el insensible olvido.
En fin, talvez no deberíamos ser tan duros con los “corneres y fidedignos elhers”; después de todo los muertos de hambre esos, solamente están ganándose la vida, miserablemente, pero ganándose la vida al final. Además alguien tiene que hacer el trabajo sucio; alguien tiene que sembrar el excremento para que los testaferros finalmente recolecten la cosecha y la vayan llevando a la mesa de sus nefandos y terribles patrones.