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martes, 11 de mayo de 2010

Reflexiones sobre la Declaración Universal de los Derechos de los Animales.


He de confesar que hasta unos cuantos días atrás desconocía la existencia de la Declaración Universal de los Derechos de los Animales. Incluso me llamó la atención que habían sido proclamados hace más de treinta años. Increíblemente la prensa, los medios tradicionales, los centros de negocios informativos, y los Estados en general, de manera sospechosa los habían soslayados o simplemente ignorado.

Muy descriptivo de la clase de gobernantes y autoridades públicas, resulta por ejemplo, que este conjunto de apotegmas no se encuentren incluidos detalladamente (como están redactados de manera clara, objetiva y frontal en la declaración) en las diferentes constituciones de los países, y me refiero específicamente a los de Latinoamérica. Muy descriptivo de los sacrificados patriotas y burócratas que engordan gulosamente gracias a su adorada corrupción.

A lo largo de la historia de la humanidad, más de un ser humano honrosamente diferente ha protestado con virtuosa vehemencia en contra del brutal trato que reciben los animales por parte del común y corriente bípedo humanoide. En respuesta ha recibido burlas, menosprecio y hasta violencia de parte de los segmentos estultos de la sociedad y de la burocracia estatal. La humanidad ha cometido verdaderos genocidios en contra de muchas especies, hasta el punto de desaparecer algunas y poner en peligro de extinción a otras, generalmente debido a la depredación sanguinaria excusada en un supuesto derecho a “explotar el recurso”, un mandato divino, o simplemente el ejercicio sádico de la tortura y el placer malsano por el dolor ajeno.

Lamentablemente los esfuerzos de aquellos seres virtuosos por impedir el maltrato y la nefanda masacre no han alcanzado los niveles óptimos que la gente inteligente y decente desearía. Es difícil competir con ciertos dogmas religiosos que justifican la barbarie, o consideran al hombre el centro del Universo, mientras las “bestias del campo” son presentadas como simple alimento o recurso manipulable a favor del Adán hecho a imagen y semejanza del Dios religioso. Así como también es difícil combatir la codicia mercantilista, la explotación irracional, la carencia de ética, y un aspecto polémico pero certero, la necesidad de alimentos, cada vez más en aumento debido a una especie humana que se reproduce maquinal e irresponsablemente. Y que decir de la cretina vanidad de aquellos “ricos y famosos”, gente saturada de prejuicios, emperifollada visualmente, pero vacía e insípida espiritualmente.

Con la justificación del Antropocentrismo, una doctrina humanista absolutista, irónicamente defendida por ateos y religiosos, los animales, domésticos y libres (salvajes), han sido víctimas de las peores infamias y sevicias que un ser vivo con un sistema nervioso desarrollado pueda recibir de parte de otro, supuestamente consciente. De manera torpe, si no malignamente, los hijos de la ambición y los emprendedores de la expoliación genocida, intentan idealizar su sevicia y perversidad con términos y expresiones maquiavélicas como: “Dios te lo dio todo, ovejas y bueyes, así como también las bestias del campo, todo lo puso debajo de tus pies”, u otras más estrambóticas como “la conquista de la Naturaleza”.

El ser humano es un animal, hombres y mujeres somos animales, no podemos huir o escapar de esa realidad, nuestras características físicas son evidencias incuestionables que demuestran aquella innegable verdad. La consciencia que tenemos de la realidad y que supuestamente nos diferencia del resto de animales, no es una prerrogativa que ofrezca patente de corso para “dejar hacer o dejar pasar” como a tal o cual le dé la regalada gana. Todo lo contrario, aquella consciencia, aquella capacidad para pensar y discernir implica una gran responsabilidad, que lamentablemente la gran mayoría de seres humanos no han sabido asumir, quizá debido a que la mayoría renunció a esta opción que significa Evolución, pero fundamentalmente debido a la influencia nociva de ciertos sofismas imperantes y en gran medida a la pervertida condición humana de una masa incapaz de cuestionar sus acciones repletas de sinrazón.

La calidad de seres inherentes a la Naturaleza es una verdad, mientras que el supuesto derecho divino solo está respaldado por convicciones de orden religiosa, apetitos concupiscentes y manifestaciones de odioso sadismo.

La violencia en contra de la Naturaleza solamente es una manifestación más de la conducta autodestructiva de la condición tradicional de los seres humanos. Con el cuento maquiavélico del desarrollo sostenible se destroza bosques vírgenes y especies nativas, solo para que unos cuantos puedan saciar su sed irrefrenable e insaciable de riqueza material. Con la excusa estafadora del mejoramiento de la calidad de vida para los pueblos tercermundistas se destruye lo único con lo que cuentan aquellos pueblos: su hábitat nativo. Perversa y tramposamente se justifica la destrucción con el cuento mentiroso del desarrollo económico y la justicia social. Pero la evidencia histórica demuestra que después de la rapiña de los bienes naturales los pueblos siguen viviendo en la miseria, con la gran diferencia de que los ambientes repletos de vida han dado paso a desiertos y cementerios contaminados.

La calidad de una sociedad se la puede determinar por el cariño y respeto que esta siente por la Naturaleza; es una gran verdad. La protección de los ríos, de los páramos, el respeto en favor de los animales, por los mamíferos y aves, por los peces e inclusive los insectos que cumplen una función fundamental para el mantenimiento de la vida en el planeta, son parámetros, factores, indicadores de la calidad de los pueblos, de su gente y del propio Estado. Es obvio concluir que un Estado y una sociedad que admiten la depredación de los bosques vírgenes, permiten la pesca indiscriminada hasta niveles de extinción, justifican la destrucción de la flora y fauna nativas de zonas únicas que han tardado millones de años en alcanzar equilibrios ecológicos maravillosos, son Estados y sociedades que se han mantenido estancados y por lo mismos sus sistemas e integrantes o la mayoría de éstos, están descompuestos o enfermos.

Qué hacer para frenar tanta estupidez, brutalidad, codicia y malicia. A veces parecería que cualquier esfuerzo es infructuoso frente a la desidia y el menosprecio de la sociedad y sus sistemas. El camino por concienciar a la gente es muy difícil, más todavía considerando que muchos están convencidos que los animales son simples artefactos o juguetes que pueden ser agredidos o manipulados impunemente, y a otros simplemente les importa un bledo. El maquiavelismo humano, los malsanos intereses, la codicia, las doctrinas políticas destructoras (socialismo, conservadurismo), los sofismas impuestos a sangre, tortura y fuego, han construido una estructura social, cultural, económica, educativa, jurídica, etc., basadas en la mentira, la depredación y la violencia. Los dueños del sistema mueven sus cuerdas y la mayoría de individuos de la falsa civilización se limitan a moverse como marionetas siguiendo los ritmos impuestos por sus adulados amos y brutales capataces. Excusas para justificar la barbarie sobran; “no estoy de acuerdo con las corridas de toros”, dicen, pero enseguida sueltan, “pero respeto el derecho de los que disfrutan la tortura a los toros”. Hablan de la “propiedad”, llevando un asunto puramente moral al ámbito del burdo y vulgar comercio. Nos dicen que los animales no tienen alma, simplemente basados en sus creencias religiosas, y basados en esas mismas creencias aducen que los seres humanos si la tenemos, creencias que están sustentadas exclusivamente en la fe que tienen en los dogmas desarrollados por los dueños de la religión, simples individuos comunes y corrientes. Me pregunto, esa condición de alma propia de los seres humanos, ¿le da derecho al hombre mundano a depredar los mares, las selvas, los valles, la sociedad misma?, y en virtud de aquella característica supuestamente monopólica del Hombre, ¿se justifican los repetitivos holocaustos, conquistas y genocidios cometidos por hombres con alma en contra de hombres con alma? Fácil concluir que si el hombre común y corriente es incapaz de respetar a individuos de su propia especie, menos lo hará con seres vivos de otras especies.

Sin embargo, como ya mencioné, y es fácil comprobar, existen seres humanos diferentes, honrosamente diferentes, que conscientes de su derecho a convivir en ambientes de justicia, libertad y bienestar han dedicado sus vidas voluntariamente a la noble tarea de proteger y abogar por la Naturaleza y por todas las criaturas, aquellas que ciertamente sienten, incluidas el propio hombre. Aquello es esperanzador. Personas que entienden perfectamente que el hombre no puede entenderse como un elemento al margen de una realidad natural, sino como una parte integral del Universo, y por ende de la Naturaleza.

Desde La Cueva de Saulo, mi aprecio y respeto para aquellos seres inteligentes que actúan por principios morales y que aman la belleza sublime de la madre Naturaleza.

domingo, 9 de mayo de 2010

La Declaración Universal de los Derechos de los Animales.



La declaración, proclamada el 15 de octubre de 1978, fue aprobada por la Organización de la Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), y posteriormente por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS DE LOS ANIMALES.

Preámbulo.
Considerando que todo Animal posee derechos.
Considerando que el desconocimiento y desprecio de dichos derechos han conducido y siguen conduciendo al hombre a cometer crímenes contra la naturaleza y contra los Animales.
Considerando que el reconocimiento por parte de la especie humana de los derechos de la existencia de las otras especies de Animales constituye el fundamento de la coexistencia de las especies en el mundo.
Considerando que el hombre comete genocidio y existe la amenaza de que siga cometiéndolo.
Considerando que el respeto de los Animales por el hombre está ligado al respeto de los hombres entre ellos mismos. Considerando que la educación debe enseñar, desde la infancia, a observar,
comprender, respetar y amar a los Animales.


Se proclama lo siguiente:

Artículo 1.
Todos los Animales nacen iguales ante la vida y tienen los mismos derechos a la existencia.

Artículo 2.
a) Todo Animal tiene derecho al respeto.
b) El hombre, en tanto que especie animal, no puede atribuirse el derecho a exterminar a los otros animales o de explotarlos violando ese derecho. Tiene la obligación de poner sus conocimientos al servicio de los Animales.
c) Todos los Animales tienen derecho a la atención, a los cuidados y a la protección del hombre.

Artículo 3.
a) Ningún Animal será sometido a malos tratos ni a actos crueles.
b) Si es necesaria la muerte de un Animal, ésta debe de ser instantánea, indolora y no generadora de angustia.

Artículo 4.
a) Todo Animal perteneciente a una especie salvaje tiene derecho a vivir libre en su propio ambiente natural, terrestre, aéreo o acuático, y a reproducirse.
b) Toda privación de libertad, incluso aquella que tenga fines educativos, es contraria a ese derecho.

Artículo 5.
a) Todo Animal perteneciente a una especie que viva tradicionalmente en el entorno del hombre, tiene derecho a vivir y a crecer al ritmo y en condiciones de vida y de libertad que sean propias de su especie.
b) Toda modificación de dicho ritmo o dichas condiciones que fuera impuesta por el hombre con fines mercantiles es contraria a ese derecho.

Artículo 6.
Todo Animal que el hombre ha escogido como compañero tiene derecho a que la duración de su vida sea conforme a su longevidad natural.

Artículo 7.
Todo Animal de trabajo tiene derecho a una limitación razonable del tiempo e intensidad de trabajo, a una alimentación reparadora y al reposo.

Artículo 8.
a) La experimentación animal que implique un sufrimiento fisico o psicológico es incompatible con los derechos del animal, tanto si se trata de experimentos médicos, científicos, comerciales, como toda otra forma de experimentación.
b) Las técnicas alternativas deben ser utilizadas y desarrolladas.

Artículo 9.
Cuando un Animal es criado para la alimentación, debe ser nutrido, instalado y transportado, así como sacrificado, sin que ello resulte para él motivo de ansiedad o dolor.

Artículo 10.
a) Ningún Animal debe de ser explotado para esparcimiento del hombre.
b) Las exhibiciones de animales y los espectáculos que se sirven de Animales son incompatibles con la dignidad del Animal.

Artículo 11.
Todo acto que implique la muerte de un Animal sin necesidad es un biocidio, es decir, un crimen contra la vida.

Artículo 12 .
a) Todo acto que implique la muerte de un gran número de animales es un genocidio, es decir, un crimen contra la especie.
b) La contaminación y la destrucción del ambiente natural conducen al genocidio.

Artículo 13.
a) Un Animal muerto debe ser tratado con respeto.
b) Las escenas de violencia en las cuales los animales son víctimas deben ser prohibidas en el cine y en la televisión salvo si tiene como fin el dar muestra de los atentados contra los derechos del animal.

Artículo 14.
a) Los organismos de protección y salvaguarda de los Animales deben ser representados a nivel gubernamental.
b) Los derechos del animal deben ser defendidos por la ley, como lo son los derechos del hombre.

viernes, 3 de octubre de 2008

No existen Perros malos, lo que hay es Malos Dueños.



Ante la campaña sucia que cierto segmento de opinión pública (conocida principalmente por sus exabruptos verborreicos ), ha dirigido indiscriminada y maliciosamente en contra de los perros, me parece importante señalar algunos aspectos.

Lamentablemente, la reputación de los perros y más específicamente de ciertas razas como la pitbull, rothweiller, akita, se ven deterioradas por la irresponsabilidad de individuos ignorantes y miserables que no entienden el concepto del respeto a los animales, ni el compromiso moral que implica asumir el cuidado de un animal tan noble.

Un perro no es un juguete que pueda ser desechado como cualquier artefacto descompuesto. Un perro no es una cosa sin sensibilidad, al que se le pueda maltratar o irrespetar. Un perro no es un ser despreciable que esté dispuesto permanentemente a dar la otra mejilla. El perro no es un animal con capacidad de raciocinio, como sí lo son los seres humanos o al menos algunos de ellos.

Sus comportamientos están directamente relacionados: por las condiciones en que ha sido criado, por las formas en que ha sido educado, por el trato que recibe y naturalmente por su instinto.

Lógico es concluir que un perro criado con cariñó y respeto, bien alimentado y ejercitado periódicamente, será un animal afectuoso y para nada agresivo o violento.

Las desgracias vinculadas con ataques de determinados perros en contra principalmente de niños, son muestras, como ya mencioné, de la torpeza e irresponsabilidad de palurdos que no están en capacidad de asumir la propiedad y el cuidado de esos animales.

El maltrato infame que sobre todo los perros sufren en la sociedad ecuatoriana raya en el genocidio animal. Todos los días, todos, uno se encuentra con animales en estado famélico, arrojados a las calles porque a un maldito canalla se le ocurrió que ya no le resultaba simpático tener a su amparo escuálido a aquel pobre animal.

Quienes han iniciado esta campaña vengativa, señalan que algunas de las llamadas razas peligrosas, han sido manipuladas genéticamente. Este argumento demuestra precisamente como es el hombre en su desesperación por dañar a la naturaleza, por satisfacer su sed de sadismo, el principal responsable y el directo causante de las eventuales manifestaciones violentas de esas razas en particular.

No, los animales no tienen la culpa de reaccionar de la manera brutal como gente desquiciada los programó. La culpa y los castigos, por las lamentables agresiones en contra de personas inocentes, deben estar dirigidas contra los propietarios de los animales, y no contra los animales a los cuales se los debería retener en zonas de cuidado, mas no eliminarlos indolentemente.

Las soluciones deben estar dirigidas a respetar el derecho a existir de los perros y ha ser cuidados y protegidos de manera óptima. Debe exigirse a la persona que desee asumir la propiedad de un animal, las responsabilidades suficientes que garanticen tanto al animal un ambiente aceptable, como a la sociedad la tranquilidad de deambular sin peligro en cualquier lugar público.

Hace algún tiempo mientras caminaba, a un par de cuadras de mi casa, noté que un individuo estaba sacando su vehículo del garaje. De repente, apareció un perro enorme, por sus características parecía un San Bernardo cruzado con nativo. Y que quede claro que la variedad San Bernardo es amistosa, solo digo que se parecía en tamaño y presencia. No bien me vio se lanzó contra mí. Afortunadamente, cada vez que veo un portón abierto me pongo en alerta. No bien se acercó e intentó morderme, lancé una precisa taqueada con la base de mi zapato en su hocico, acto que lo obligó a desechar la posibilidad de continuar con el ataque, lanzándose inmediatamente en carrera por la vereda, desapareciendo detrás de una esquina. Mientras tanto el imbécil de su dueño, miraba en silencio torpe el intento de agresión. Cuando pasó junto a mí, lanzando vocecillas en busca de su perro, le increpé su falta de cuidado, sin que el mudo me respondiera palabra alguna. ¿Qué habría sucedido si en lugar de mí, que hasta cierto punto tuve algo de suerte, se hubiese tratado de un niño?, ya pueden ustedes imaginarse.

Sin duda debe existir una normativa que proteja a los animales y obviamente garantice a las personas que no serán agredidas mientras transitan libremente en zonas públicas por animales de conductas violentas. Se deben establecer refugios para animales abandonados y estropeados. Se debe castigar severamente el maltrato a los animales, sancionando drásticamente a los ejecutores de tales actos o a los dueños de los animales que causaron daños y perjuicios a terceros. En este triste drama los animales no son los malos, son las víctimas. No se debe reprimir y matar a las víctimas.

Ayer en la mañana observé en un noticiero la conversación de una persona que se autocalificaba de protectora de los animales y una concejala de Quito famosa por promocionar y solazarse con el sadismo y la tortura de los toros en el camal de Iñaquito. La posición de la señorita que decía defender a los animales, me pareció un tanto tibia, pero lo que sí fue indignante fueron las demostraciones abyectas de la mujer pública. Una y otra vez la representante de la politicracia, se esmero en vociferar la expresión: ¡perros peligrosos!, ¡perros peligrosos! Como si con esa cantaleta malintencionada quisiera iniciar una cacería de brujas en contra de todos los perros indiferentemente de su condición.

También noté que en el pasquín chapetón, El Negocio, perdón, El Comercio, aparecía una foto en primer plano, con un perro en actitud violenta. Ese tipo de promociones malsanas estimulan la estupidez en el vulgo. Generan violencia en contra de quienes son inocentes del incendio que se pretende consumar en su entorno. Incentivan prejuicios perversos que terminan ahondando terriblemente el problema. Alguien me dirá, con razón: ¡qué se podía esperar de un periódico que apadrina el sadismo y la crueldad sanguinaria de las corridas de toros! Muy de acuerdo.

Hoy, nuevamente, mientras buscaba infructuosamente a Los Picapiedra o algo decente que mirar, me topé en Gamavisión con Trespatines Baquerizo. Este sujeto remilgado, comparaba a los perros, torpemente, con las armas de fuego y censuraba neciamente, eso sí cerciorándose de que no haya quien lo ponga en su sitio vergonzoso, a quienes asumen una posición sensata y equilibrada sobre este asunto.

Que realidad tan lúgubre aquella que demuestra y presenta tal como es a la opinión pública oficial, la tradicional, la vulgar, la mediocre, la de banquetes y bacanales, la de figuretes y vedettes, tristemente, la única que tiene acceso a los únicos medios de difusión convencionales y populares. Ni modo, habrá que conformarse por el momento con la oportunidad tolerable que nos brinda el internet.

A pesar de tanta basura derramada existen verdades que no pueden ser manchadas por la pus de la manipulación informativa.

El perro es ideal de nobleza, de amistad y lealtad. Nos ofrecen su cariño sincero y su afecto fiel, características que no son comunes en la mayoría de los humanos.

Menciono finalmente un adagio que, casi seguro, habrán escuchado y con el que estoy completamente de acuerdo: Mientras más conozco a la gente, más quiero a mí perro.