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martes, 16 de febrero de 2010

Carnaval, partidocracia, los “pelucas” y el gobierno del domingo.

Quito, sur de la ciudad, avenida Mariscal Sucre, sector adjunto al barrio Solanda; un día muy similar a este, no solamente por el ligero frío y el cielo parcialmente nublado que viste a la capital de Imbabura, sino, por tratarse del último día del feriado de carnaval; solo que diez o doce años atrás. Luego de despedirme, había estado en la casa de mi hermano, dirigí curso con rumbo a mi natal Ibarra. Sin mayor apuro, empecé a caminar hacia una de las paradas de bus ubicadas en aquella zona. El sector se veía particularmente desierto, a pesar de tratarse de más o menos las diez de la mañana.

Luego de transcurrir cinco o seis minutos llegué a una visera, de esas que sirven de parada, señalamiento y resguardo, en la espera de algún vehículo público que me transporte hacia el norte de Quito. Pasaron cinco minutos y nada, luego diez y nada que bus o colectivo, ni siquiera un mendigo taxi. Aburrido me perdí en la nada, cuando de repente mi mirada se fijó en una persona que se encontraba al otro lado de la avenida. Se trataba de una joven mujer, con rasgos que me atrevería a calificar propios de una quiteña popular. Parecía, al igual que Yo, estar esperando un transporte que la condujera, en su caso, más al sur de la ciudad.


Al girar mi rostro azarosamente a la derecha noté que a no menos de diez metros de la mujer, se movilizaban con rumbo a ella, una caterva de cuatro sujetos de características escandalosas y rostros indígenas. Sonriendo cretinamente el cuarteto cruzó por detrás de la mujer, que prefirió ignorar su presencia alborotadora.


Parecía que el asunto terminaría siendo un hecho apático, sin ninguna trascendencia, cuando de repente, uno de los energúmenos, se dio vuelta y armado de un globo inflado con agua, se acercó a la mujer y le descargó en el rostro un golpe brutal con aquel objeto. La mujer sacada de su tranquilidad por el golpe bestial, apenas pudo emitir un susurro de dolor y espanto, pues la frialdad del agua bañándole indolentemente el rostro y empapando su cuerpo, de alguna manera la abstrajo de la cobarde agresión.


Mientras la pobre mujer inclinaba su rostro hacia adelante intentado evitar que el resto del agua chorrease a su torso, el grupo de canallas malvivientes se alejaban risoteando imbécilmente, satisfechos de su salvajismo.

Desde mi posición no podía creer la agresión de la que había sido testigo; la sorpresa y rechazo cobró notas de indignación cuando pude constatar que la boca de la pobre chica se pintaba de un líquido rojizo que parecía desfilar justamente en el lugar más frágil donde la violencia del objeto había golpeado con más dureza.


Mientras la pobre mujer seguramente se preguntaba espantada y adolorida, “¡por qué?”, un bus apareció de no sé donde; sin mediar espera, subí al vehículo y mientras me alejaba ya sentado, la imagen brutal se repetía en mi mente, al tiempo que contrariado, cuestionaba al mundo y a sus hijos, ¡por qué tanta estupidez y violencia!


La anécdota es apenas una de las múltiples muestras de violencia que se repiten año tras año durante estas épocas de las llamadas fiestas de Carnaval, días entre los cuales la sociedad mundana además de agredirse festeja el hipócrita y comercial día del amor y la amistad. Ejemplos aberrantes, realidades expresivas, que demuestran el irrespeto, el folklore ignorante y la cultura aleve que predominan en algunos segmentos de la sociedad ecuatoriana.


Es, por esas razones que, en estas épocas de torpeza e involución, prefiero quedarme en casa; y hoy, no ha sido la excepción. En tales circunstancias, buscando algo que ver en la caja para tontos, me encontré en el canal de la Universidad Técnica del Norte (aunque tácitamente esos recursos estatales son propiedad de un miserable politiquero seudo comunista, que los usa a gusto y antojo), con un documental sobre la historia de los clanes japoneses, donde samuráis, señores feudales y emperadores se entremezclaban en luchas fratricidas y conceptos de honor y heroísmo capciosos y desnaturalizados. Un documental bastante interesante, que ya lo ha había visto en varias oportunidades en el mismo canal, lo que me lleva a presumir que los archivos de la videoteca de aquella “universidad” no han sido actualizados últimamente.

Mientras el Emperador, digamos que Sangoku, luchaba encarnizadamente por consolidar el clan Tokugahua contra, digamos que el señor feudal Akira Pikoro, decidí usar el control remoto y de sopetón fui a caer en el guacharnaco canal Uno.

En aquellos momentos se desarrollaba un programa de disque opinión que respondía al nombre de: El Gobierno del Domingo. Solamente el título demagógico y patriotero empezó a dibujarme una idea más o menos acertada de cómo se movían las damas y peones en aquel juego sucio de: “quién es el dueño de la verdad o cuál es nuestro tiranuelo favorito”. Una nueva prueba contundente se mostró al constatar los nombres de los patriotas panelistas: Como moderador se presentaba un individuo de apellido Monge, presidente de la Cámara de Acuacultura, es decir, un anticorreísta; panelista 1, una vieja guasona, que respondía a los nombres de Carol Murillo, creo, escribidora del diario correano “El Telégrafo”, una descarada correísta; panelista 2, el viejo rabo verde Carlos Vera, ex correista, ex gacetillero de honorarios dorados, y actual politicastro nebotciano, por lo mismo anticorreísta; panelista 3, un flaquito rebuscado y sabelotodo, de apellido Flores, me parece, también escribidor en “El Telégrafo”, consecuentemente correísta; y finalmente, panelista 4, un remedo de Tres Patines, con el perdón de Leopoldo Fernández por la comparación; asambleísta sumiso de Alvaro Noboa, un energúmeno que suele hacer gala de un sentido del humor grotesco y remilgado muy similar a su detestable servilismo, un tipejo de apellido Baquerizo, anticorreísta. Esos, los febriles panelistas. Los típicos representantes de la sucia partidocracia y las “élites pelucas”. Pero, ¿y el panelista representante de la gente decente e inteligente de este País?


A pesar del “aprecio y consideración” que siento por este tipo de famosos y famosas, me abstuve por unos momentos de volver a los interesantes enfrentamientos y solemnidades de los samuráis de antaño y decidí constatar por unos instantes, hasta donde podía llegar el servilismo y la desvergüenza de semejantes patriotas sumisos y obedientes a sus respectivos señores feudales ora conservadores, ora socialistas. Después de todo siempre se puede reír no tanto con las frivolidades de los pésimos histriones, aunque siempre sí de los burdos payasos.

Para no entrar en detalles, pues no valen la pena, digamos que, en resumen, se trató de un capítulo más de ese culebrón vulgar y repulsivo llamado “Correístas versus Anticorreístas”; de manera que carece de sentido e importancia lo que uno y otro, serviles, masculló o vociferó en su momento. Pero, sí es interesante y expresivo notar como ese sainete cabaretero impuesto por los dueños de la Opinión Pública tradicional, llámense partidocracia, “élites pelucas”, medios “libres e independientes”, bancocracia, etc., etc., etc., se consolida y sacramenta día a día.

Cuando lo lógico y moral sería que los ciudadanos decentes e inteligentes, sean los que se enfrenten a la partidocracia y sus amantes; es decir, para usar una figura de dualismo; un enfrentamiento entre los buenos y los malos; una discusión civilizada entre personas honradas y los patriotas de la partidocracia; un debate entre quienes no son ni quieren ser parte de las mafias de politicastros, y precisamente los politiqueros ora socialistas, ora neoconservadores; pues, resulta que no se puede porque los dueños de la verdad y los medios, privados o públicos, imponen sus agendas tendenciosas, y deciden que se hace o no se hace; qué se discute o no; o mejor como dicen los neoconservadores del mercantilismo “dejan hacer y dejan pasar”…. a los hijos de la partidocracia y sus adúlteros amantes; en tanto, les niegan sus derechos a expresarse con libertad y garantías a los ecuatorianos que rechazan este juego siniestro, repugnante e inmoral que algunos llaman “Política”.


Nadie de los líderes tradicionales se queja por este atropello, es lógico y natural son beneficiarios de este estado de cosas inmoral. Nadie convoca a marchas. Nadie protesta en contra de los primos conservadores y su campaña amoral dirigida a hacerse pasar por liberales, a pesar del ridículo que hacen, pues, la cruz de tortura los desenmascara; y que decir de los socialistas con sus formas aberrantes de “democracia”, y su apetito guloso por la propiedad ajena; ambos bandos, deliberadamente, felices en el monopolio del sistema político, al que han degenerado; ambas mafias, propietarias exclusivas de las formas tradicionales de hacer Opinión Pública.


Nadie reclama, salvo alguno que otro irreverente, impopular e inculto ciudadano, que entiende al Liberalismo como una doctrina filosófica sustentada en Naturaleza y Moral; y no como esos, que solo lo ven como una excusa para engordar y mercadear dejando hacer y dejando pasar solamente aquello que conviene a sus conservadores y religiosos intereses.

miércoles, 17 de junio de 2009

El libertinaje de Teleamazonas y las brusquedades de los lacayos del Tirano guasón.

Muchos ecuatorianos fuimos testigos de como el principal del Conartel, un don nadie de esos que abundan en el gobierno de la Involución Ciudadana, declaró que las filmaciones y reportaje, realizados por periodistas de Teleamazonas, en el ex Comisariato Santa Isabel en Guayaquil donde supuestamente se estaban ingresando y monitoreando datos de las últimas elecciones para presidente de la república, “no ameritaban sanción alguna”. Sin embargo, uno o dos días después, seguramente luego de la carajeada del Mudo de Carondelet, el Presidente del Conartel cambió su opinión e inició la investigación en contra de Teleamazonas.

Tengo entendido que una de las quejas contra Teleamazonas está vinculada con haber transmitido escenas de una corrida de toros, en horario indebido. Quienes han tenido la gentileza de leer mis comentarios probablemente se habrán topado con mis opiniones respecto de las llamadas “ferias bravas”. Pero, para quienes no lo han hecho permítanme intentar resumir mis opiniones sobre ese asunto en pocas palabras: Solamente gente bruta o mentalmente enferma puede solazarse ante el espectáculo cruel y sangriento de un grupo de psicópatas torturando a un asustado e inocente animal. Teleamazonas, ciertamente promociona ese tipo de espectáculos brutales y perversos. Sus dueños, los dueños de Teleamazonas son los principales promotores y seguidores de aquella fiesta perversa que ofende y mancha la sensibilidad de una Ciudad Cosmopolita como Quito.

La acción de Correa de sancionar a Teleamazonas por la mencionada transmisión, demuestra una vez más lo hipócrita y cobarde que es el Gran Patán, así como sus deseos protervos y sus intereses encubiertos detrás de supuestas buenas intenciones. Cuando lo lógico y decente sería eliminar de una vez por todas aquel show plagado de vicio y extrema crueldad; cuando lo honesto sería acabar de una vez por todas tanto salvajismo y maldad que hiere la sensibilidad no solamente de miles de quiteños sino de millones de ecuatorianos; el Mudo de Carondelet, da luz verde a la sevicia de los chapetones curuchupas, pero, “valientemente” les fija horarios para que disfruten de aquellas muestras de sadismo ruin. Horarios que por lo visto terminaron siendo olvidados, quizá por omisión involuntaria o talvez como muestra del “respeto” que los dueños del “lindo canal” le tienen al Mudo.

Luego, viene el escándalo de la noticia sobre la explotación de petróleo o gas en la Isla Puna y la alarma que causó en la comunidad de pescadores la posible huida de los peces que aquella prospección y explotación causarían. Primero, me parecen justas las dudas y temores de los habitantes de aquella Isla. La experiencia ha demostrado que el negocio petrolero destruye la calidad de vida de los pueblos aledaños a dicha explotación. El supuesto progreso que trae el oro negro a aquellas comunidades es puro cuento chino. Depredación de la naturaleza, contaminación, prostíbulos, cantinas, delincuencia, violencia, esos son los verdaderos “progresos” que la actividad minera y petrolera crean en aquellos pueblos. Las explicaciones interesadas de los micos de la revolución correana no son suficientes, es más no merecen ninguna credibilidad. Tampoco me interesa conocer lo que tengan que decir los pipones de Fundación Natura; solos, se desenmascararon en el escándalo del relleno de basura de la Capital. Sí me gustaría saber que dicen los especialistas de Greenpeace, Sea Sheperd y la World Wildlife Fund.

Pero supongamos que efectivamente hubo extrema irresponsabilidad en los periodistas de Teleamazonas al presentar una versión de los hechos totalmente alarmista y falaz. Imaginemos que así fue. Les parece lícito o justo, comerse un canal de televisión que significa en términos económicos una inversión millonaria, acabar con decenas de puestos de trabajo de un plumazo, abrir las puertas de par en par para en un futuro eliminar la libertad de expresión e información, colocar una espada de Damocles pendiendo de cada medio de comunicación que no se arrodille al Tirano de la sonrisa guasona. A mí me parece una completa estupidez, de esas que lamentablemente ya son costumbre en los fieles seguidores de la espada mocha de Bolívar.

Cuando lo lógico y justo sería sancionar a ese periodista y al director de Noticias, y en última instancia al noticiero; los torpes, prepotentes y alevosos vocales del Conartel, instigados por Correa, quieren comerse todo el canal. Qué culpa de la noticia engañosa tiene por ejemplo el equipo de información deportiva; qué tienen que ver las transmisiones de fútbol con las malas intenciones del jefe de Noticias; acaso quienes se encargan de la sección de dibujos animados deben pagar los platos rotos de algunos irresponsables. Como se nota la calidad Socialista, que tienen las disposiciones, decisiones y sanciones de los secuaces del Gran Patán y sus patiños del politburó chabacano.

Sobre el asunto de los Simpson y Dragon Ball Z; bueno, eso ya es para mejor reírse. Pero más chistoso todavía es que los hijos de los ¡estúpidos socialistas! e ¡imbéciles seudo comunistas! deben ser hinchas del Pícoro Daimacú o del Milkhouse.

Recuerden ustedes que el milico de Venezuela, Chávez creo que se llama el parlanchín ese, hace algún tiempo quiso censurar los Simpson en su hacienda petrolera. En realidad no sé si lo logró o no.
Qué pensará el Mudo de Carondelet, talvez que: “los Simpson son el instrumento de propaganda de la doctrina imperialista que los cerdos yankys usan para infiltrarse en los hogares ecuatorianos”. Pobre Mudo. El poder no le sirve de nada, por lo menos no para algo positivo; sigue siendo el mismo simplón plagado de complejos y frustraciones de sus épocas de boyscout.

Supongo que el Héroe de Dayuma consciente de que no es capaz de convertirse en supersaiyayin, de pura rabieta, se la tomó contra Gokú. Alguien debería recordarle que a pesar de sus actitudes y conductas caricaturescas, definitivamente el Mudo es casi un ser humano y no un personaje de comic.

El canal del Banco Pichincha, o mejor, el canal de los dueños del Banco Pichincha, Teleamazonas, no representa el ideal de la libertad de expresión, ni mucho menos el modelo de la presentación de información veraz, justa y honrada. En más de una ocasión he comentado con algunos amigos como los dueños y testaferros de los noticieros de ese canal invitan casi siempre a los mismos hijos bastardos de la ramera partidocracia. Cierto, algunas noticias son presentadas de manera parcial, mientras otras son encubiertas. Algunos bufones de baja calaña son publicitados como los grandes analistas, mientras que a otros actores políticos se los sataniza descaradamente. Muchos de aquellos gacetilleros se creen los dueños de la verdad, es cierto. Pero no es con represalias, actos de venganza y sanciones totalmente desmedidas e injustas que se enfrenta al periodismo malintencionado.

Mirando las protestas de los amigos incondicionales del “lindo canal” se me viene a la mente cierto caso, que muestra la hipocresía de cierta gente que defiende los excesos alevosos del libertinaje de una jorga, pero, ataca, prohíbe o censura el derecho de las personas a expresarse libremente. Hace algún tiempo invitado por un bloggero asistí a un foro quiteño, que después demostró ser una cloaca pútrida de mentira e hipocresía de alguna manera vinculada con los testaferros de los patrones de la opinión pública burguesa y acomplejada. En aquella oportunidad recuerdo que una basura parlante que insultaba gratuitamente a Correa y a sus seguidores se atrevió a censurar mis opiniones acerca de lo enfermizo de ciertas fiestas chapetonas de la plástica “gente linda”. Entonces, escribí mi carta de despedida, coloqué al inmundo patán en su lugar y no volví nunca más por aquellos nauseabundos parajes. Es fácil concluir que esas basuras curuchupas deben estar consternadas con la posibilidad de que Teleamazonas sea clausurado. Ese tipo de lacras sociales son las que defienden irrestrictamente el “derecho” de los dueños de la opinión pública a decir lo que les da la regalada gana y a publicar sus verdades de acuerdo a sus conveniencias muy vinculadas con sus rastreras calidades.

Un amigo me decía que había salido a uno de los mítines a favor de Teleamazonas y que seguiría haciéndolo. Ciertamente, Yo no lo haría, claro, si estuviera viviendo en Quito. La mayoría de gente que pregona en las afueras del “lindo canal” no defiende la libertad de expresión o la libertad de informar verazmente, y me refiero específicamente a aquellos que directa o indirectamente están vinculados con aquel canal, con los dueños del mismo y con las tendencias sociales y políticas plagadas de prejuicios curuchupas. No digo que no haya por ahí algún ingenuo que grite a favor de las libertades. Debe haberlo, sin duda. Pero, démosle a cada cosa su lugar. No, el canal del Banco Pichincha no es el ícono de la Prensa libre y honesta; Teleamazonas defiende su “derecho” a decir lo que más le conviene a los intereses de los dueños de Teleamazonas; eso no quiere decir que en muchos casos se presente información objetiva; pero, sí, que en ocasiones se informa en función de libretos preestablecidos por los dueños del circo, en cuyo caso los gacetilleros de honorarios dorados se limitan a repetir lo que sus jefes les ordenan. Por lo mismo, que griten no más entre ellos.

Sin embargo, debo señalar que sancionar a Teleamazonas por las causales mencionadas es absolutamente injusto. Imagínense a un juez condenándole a cadena perpetua a un ciclista que iba en contravía, solamente porque le cae mal. ¡Completamente injusto!

Finalmente, qué irónico que los medios que señalan la “violencia” que sufren de parte del gobierno de los disque socialistas, y se quejan de las amenazas a la libertad de expresión e información provenientes de las acciones de los testaferros correanos; para nada les moleste la soledad e indefensión que sufren los comunes y corrientes miembros de la sociedad ecuatoriana en términos de manifestar sus necesidades, deseos, aficiones, afectos, expresiones, opiniones, etc. ¿Quién le dio a Emilio Palacio la calidad de dueño de la Opinión Pública, talvez el mismo que le dio la categoría de “mamá de los pollitos” a Rafael Correa? Ustedes que dicen amigos lectores.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Los padrinos e hijastros de la cochina y falaz "Prensa".



Acabo de leer en la página web de un diario nacional las declaraciones de Rafael Correa, en las que menciona la necesidad de crear una Instancia de Control suramericana que proteja a los gobiernos dictatoriales y socialistas de las desinformaciones y tergiversaciones de la Prensa incondicional a los intereses de sus “enemigos” de la oposición politiquera.

Pero, el Tirano como es ya costumbre en él, se olvida, a propósito, que los mismos defectos, vicios y malas costumbres imputables a la prensa corrupta conservadora o como suele decir él, “pelucona”; son perfectamente visibles en los medios de comunicación controlados actualmente por su gobierno, por el gobierno de los chauvinistas y patiños correanos.

GamaTv, Tc, El Telégrafo, son medios cuyas informaciones noticiosas y opiniones editoriales están dirigidas a manipular a la comunidad y a presentar los sucesos, siempre en términos que beneficien y favorezcan los intereses del “rafita” Correa y sus viles aliados de la partidocracia socialista y seudo comunista.

Ciertamente, los principales diarios nacionales y canales de televisión, son verdaderos negocios familiares. Corporaciones privadas, usadas por los accionistas de éstas, para apuntalar y promover sus intereses políticos, económicos y sociales. Pero, Correa, que cada rato nos parlotea sus supuestas diferencias con los comunes politiqueros tradicionales, enfrenta las degeneraciones del periodismo y la prensa corrupta, recurriendo a las mismas estratagemas corrompidas de aquellos a los que dice combatir. Alcahuetes, de sus respectivos amos; deambulan mojigatamente falseando, y distorsionando la realidad; viles gacetilleros, llenan de basura tramposa las espacios de opinión e información; plagan de noticias tendenciosas dirigidas a desinformar o informar maliciosamente; saturan de mentiras a medias y verdaderas parciales; todas ésas, bellaquerías perfectamente observables en la cochina y falaz prensa “correísta y anticorreísta”.

Pero, para nada, y me refiero a las hordas “correístas y anticorreistas”, les molesta que la ciudadanía sea simplemente ignorada o maltratada por las alternativas corruptas de información, participación y comunicación social. Por ejemplo, hace unas semanas escribí algunos comentarios en la página web de un diario de Quito, a título de la supuesta moderación, los comentarios, tardaban, en la mayoría de los casos horas y horas en publicarse. Así un comentario enviado a las ocho de la mañana, bien podía ser publicado después de dos horas o después de cinco o siete.

Cuando reclamé por el ningún respeto y eficiencia que los encargados de esa sección tenían para quienes perdíamos el tiempo en aquella opción, recibí una contestación de uno de lo principales de aquel medio, en la que, en términos generales me culpaba de la incompetencia de sus empleados. Y es que ciertos empresarios del periodismo, se creen los dueños de la verdad; más bien debería decir, se consideran a sí mismos infalibles, aunque las pruebas y evidencias demuestren lo contrario.

Es triste ver como, gane quien gane este combate de pérfidas arpías y sátiros enfermizos, bolcheviques o chapetones, al final, el triunfo seguirá siendo para una de las facciones mafiosas que predominan en el País. Los ciudadanos no tenemos un medio público libre de los malos influjos de la sucia partidocracia curuchupa o socialista. Si queremos dirigirnos a la opinión pública nacional debemos pedir permiso a los tiranos, gamonales y banqueros dueños de los medios de comunicación, o a sus principales testaferros es decir, a los: Jorge Ortiz, Andrés Carrión, Paco Velasco y Carlos Vera, aunque este último momentáneamente se quedó sin padrino que acolite sus verborreas insidiosas y monopólicas.

Lo que plantea Correa al pretender instaurar su Institución suramericana “mordaza pro socialismo del siglo XXI”, es simplemente copiar lo que los dueños de la prensa “derechista”, han venido haciendo desde hace mucho tiempo atrás; acaparar y controlar los medios de comunicación, para a través de ese monopolio adueñarse de la opinión pública. Es decir, todo se reduce a una lucha entre mafias por apoderarse del monopolio de los medios de comunicación y del control de la opinión pública.

La partidocracia del socialismo del siglo XXI, se parece cada vez más a la partidocracia curuchupa y conservadora, de hecho son prácticamente iguales, salvo por algunas ligeras variaciones, más bien folklóricas. Podrán diferenciarse en sus tradiciones fiesteras, en las percepciones despectivas que tengan para con la masa social a la que explotan cada vez que pueden; tibias diferencias. Pero, son notoriamente iguales en el fondo, en el carácter, en las intenciones, en sus cochinos intereses, en el deseo de implantar una dictadura en la que ellos sean los que gobiernen, independientemente que se llame dictadura comunista, socialista, capitalista o mercantilista.
Para aquello es fundamental el control de los medios de comunicación. La consecución de aquella trama maquiavélica, y me refiero al domino de la sociedad, exige que la opinión pública sea encarnada en la forma del discurso del disque todopoderoso caudillo “empresario” o en la perorata incuestionable del amado y temido líder revolucionario.

Como en los demás temas vinculados con el quehacer político, económico y social, la discusión acerca de la prensa y su papel en la sociedad, ha terminado cayendo en las pútridas aguas del riachuelo cloacal, en donde los testaferros del conservadurismo, neo y tradicional, pelean, con los criadillos del socialismo del siglo XXI. El enfrentamiento como es lógico, termina convirtiéndose en una competencia de quien tienen el rabo de paja más largo y visible. En ese escenario “El Pueblo” ingenuo (nótese que no lo califico de chusma estúpida aunque bien merecido se lo tendría), en lugar de exigir verdadera Libertad de Expresión y medios de comunicación libres de injerencias económicas bastardas o de influencias inmorales y prejuicios sociales manipuladores; asiste boquiabierto, ora apoyando a su Emperador Bokassa, ora defendiendo a los tradicionales gacetilleros de sueldos ampulosos. Mientras tanto el verdadero Periodismo, aquel que es inherente con la Verdad, la Justicia y la Objetividad, simplemente continúa siendo una Utopía.



viernes, 3 de octubre de 2008

No existen Perros malos, lo que hay es Malos Dueños.



Ante la campaña sucia que cierto segmento de opinión pública (conocida principalmente por sus exabruptos verborreicos ), ha dirigido indiscriminada y maliciosamente en contra de los perros, me parece importante señalar algunos aspectos.

Lamentablemente, la reputación de los perros y más específicamente de ciertas razas como la pitbull, rothweiller, akita, se ven deterioradas por la irresponsabilidad de individuos ignorantes y miserables que no entienden el concepto del respeto a los animales, ni el compromiso moral que implica asumir el cuidado de un animal tan noble.

Un perro no es un juguete que pueda ser desechado como cualquier artefacto descompuesto. Un perro no es una cosa sin sensibilidad, al que se le pueda maltratar o irrespetar. Un perro no es un ser despreciable que esté dispuesto permanentemente a dar la otra mejilla. El perro no es un animal con capacidad de raciocinio, como sí lo son los seres humanos o al menos algunos de ellos.

Sus comportamientos están directamente relacionados: por las condiciones en que ha sido criado, por las formas en que ha sido educado, por el trato que recibe y naturalmente por su instinto.

Lógico es concluir que un perro criado con cariñó y respeto, bien alimentado y ejercitado periódicamente, será un animal afectuoso y para nada agresivo o violento.

Las desgracias vinculadas con ataques de determinados perros en contra principalmente de niños, son muestras, como ya mencioné, de la torpeza e irresponsabilidad de palurdos que no están en capacidad de asumir la propiedad y el cuidado de esos animales.

El maltrato infame que sobre todo los perros sufren en la sociedad ecuatoriana raya en el genocidio animal. Todos los días, todos, uno se encuentra con animales en estado famélico, arrojados a las calles porque a un maldito canalla se le ocurrió que ya no le resultaba simpático tener a su amparo escuálido a aquel pobre animal.

Quienes han iniciado esta campaña vengativa, señalan que algunas de las llamadas razas peligrosas, han sido manipuladas genéticamente. Este argumento demuestra precisamente como es el hombre en su desesperación por dañar a la naturaleza, por satisfacer su sed de sadismo, el principal responsable y el directo causante de las eventuales manifestaciones violentas de esas razas en particular.

No, los animales no tienen la culpa de reaccionar de la manera brutal como gente desquiciada los programó. La culpa y los castigos, por las lamentables agresiones en contra de personas inocentes, deben estar dirigidas contra los propietarios de los animales, y no contra los animales a los cuales se los debería retener en zonas de cuidado, mas no eliminarlos indolentemente.

Las soluciones deben estar dirigidas a respetar el derecho a existir de los perros y ha ser cuidados y protegidos de manera óptima. Debe exigirse a la persona que desee asumir la propiedad de un animal, las responsabilidades suficientes que garanticen tanto al animal un ambiente aceptable, como a la sociedad la tranquilidad de deambular sin peligro en cualquier lugar público.

Hace algún tiempo mientras caminaba, a un par de cuadras de mi casa, noté que un individuo estaba sacando su vehículo del garaje. De repente, apareció un perro enorme, por sus características parecía un San Bernardo cruzado con nativo. Y que quede claro que la variedad San Bernardo es amistosa, solo digo que se parecía en tamaño y presencia. No bien me vio se lanzó contra mí. Afortunadamente, cada vez que veo un portón abierto me pongo en alerta. No bien se acercó e intentó morderme, lancé una precisa taqueada con la base de mi zapato en su hocico, acto que lo obligó a desechar la posibilidad de continuar con el ataque, lanzándose inmediatamente en carrera por la vereda, desapareciendo detrás de una esquina. Mientras tanto el imbécil de su dueño, miraba en silencio torpe el intento de agresión. Cuando pasó junto a mí, lanzando vocecillas en busca de su perro, le increpé su falta de cuidado, sin que el mudo me respondiera palabra alguna. ¿Qué habría sucedido si en lugar de mí, que hasta cierto punto tuve algo de suerte, se hubiese tratado de un niño?, ya pueden ustedes imaginarse.

Sin duda debe existir una normativa que proteja a los animales y obviamente garantice a las personas que no serán agredidas mientras transitan libremente en zonas públicas por animales de conductas violentas. Se deben establecer refugios para animales abandonados y estropeados. Se debe castigar severamente el maltrato a los animales, sancionando drásticamente a los ejecutores de tales actos o a los dueños de los animales que causaron daños y perjuicios a terceros. En este triste drama los animales no son los malos, son las víctimas. No se debe reprimir y matar a las víctimas.

Ayer en la mañana observé en un noticiero la conversación de una persona que se autocalificaba de protectora de los animales y una concejala de Quito famosa por promocionar y solazarse con el sadismo y la tortura de los toros en el camal de Iñaquito. La posición de la señorita que decía defender a los animales, me pareció un tanto tibia, pero lo que sí fue indignante fueron las demostraciones abyectas de la mujer pública. Una y otra vez la representante de la politicracia, se esmero en vociferar la expresión: ¡perros peligrosos!, ¡perros peligrosos! Como si con esa cantaleta malintencionada quisiera iniciar una cacería de brujas en contra de todos los perros indiferentemente de su condición.

También noté que en el pasquín chapetón, El Negocio, perdón, El Comercio, aparecía una foto en primer plano, con un perro en actitud violenta. Ese tipo de promociones malsanas estimulan la estupidez en el vulgo. Generan violencia en contra de quienes son inocentes del incendio que se pretende consumar en su entorno. Incentivan prejuicios perversos que terminan ahondando terriblemente el problema. Alguien me dirá, con razón: ¡qué se podía esperar de un periódico que apadrina el sadismo y la crueldad sanguinaria de las corridas de toros! Muy de acuerdo.

Hoy, nuevamente, mientras buscaba infructuosamente a Los Picapiedra o algo decente que mirar, me topé en Gamavisión con Trespatines Baquerizo. Este sujeto remilgado, comparaba a los perros, torpemente, con las armas de fuego y censuraba neciamente, eso sí cerciorándose de que no haya quien lo ponga en su sitio vergonzoso, a quienes asumen una posición sensata y equilibrada sobre este asunto.

Que realidad tan lúgubre aquella que demuestra y presenta tal como es a la opinión pública oficial, la tradicional, la vulgar, la mediocre, la de banquetes y bacanales, la de figuretes y vedettes, tristemente, la única que tiene acceso a los únicos medios de difusión convencionales y populares. Ni modo, habrá que conformarse por el momento con la oportunidad tolerable que nos brinda el internet.

A pesar de tanta basura derramada existen verdades que no pueden ser manchadas por la pus de la manipulación informativa.

El perro es ideal de nobleza, de amistad y lealtad. Nos ofrecen su cariño sincero y su afecto fiel, características que no son comunes en la mayoría de los humanos.

Menciono finalmente un adagio que, casi seguro, habrán escuchado y con el que estoy completamente de acuerdo: Mientras más conozco a la gente, más quiero a mí perro.


lunes, 1 de septiembre de 2008

Opinión Pública Tercermundista e Inmoral.







Ciertamente todos estamos sujetos a la subjetividad de nuestras emociones, sentimientos, simpatías, aversiones y demás particularidades humanas que de alguna manera pueden nublar nuestra capacidad para emitir juicios de valor: equilibrados y veraces.

Inclusive en ocasiones las informaciones que recibimos, cuando son presentadas de manera tendenciosa, maliciosa o parcialmente manipuladas, pueden inducirnos al error respecto de una verdad o mentira a medias.

Pero, cuando las evidencias son contundentes, las verdades inobjetables y las certezas notorias, entonces, sería lógico entender que toda la ciudadanía y sus diferentes instituciones deberían pronunciarse dentro de la misma tendencia razonable, sensata y prudente. Deberían.

Sin embargo, eso en el Ecuador, País de enormes contrastes, no sucede. Sencillamente porque a la mayoría de los ecuatorianos le importa un comino lo que le ocurra a sus semejantes. Aunque debo reconocer que tal realidad parece ser una constante en todo el mundo, naturalmente con variados niveles de intensidad, dependiendo de la idiosincrasia de los diferentes pueblos.

Solamente cuando sus intereses son tocados, entonces sí claman, por la solidaridad social. Entonces sí, reconocen que vivimos bajo la tiranía de la estupidez y brutalidad de unos pocos. Si es que, tienen la sensatez e inteligencia de reconocerlo, pues en muchos casos, simplemente, se limitan a lanzar, ignorantemente, alaridos dirigidos a generar lástima en la sociedad.

Naturalmente las respuestas y los efectos que generan las acciones de unos pocos privilegiados, autocalificados de élites, independientemente de su razón o no, difieren de las realizadas por los muchos, considerados pueblo llano.

Como es lógico, frente a estos fenómenos sociales, se manifiesta la opinión pública, la oficial, la tradicional, la de clubes y bacanales, la de brindis y honores hipócritas, interpretando los sucesos en su muy particular manera, o mejor, interpretando nuestro sentir o indicándonos que debemos sentir.

Un ejemplo de esta manera bastarda e inmoral de tratar los asuntos públicos en casi todas las manifestaciones de comunicación pública existentes, la tenemos, en el tristemente célebre Caso Dayuma prácticamente olvidado.

Recordarán damas y caballeros, este lamentable y funesto “accidente” en el que un grupo de panaderos, campesinos y agricultores que “insolentemente” exigían mejores condiciones de vida, tropezaron con un grupo de GI. JOE criollos que habiendo recibido la orden de sofocar la temible subversión de los peligrosos trabajadores, no escatimaron en usar la fuerza y literalmente masacraron y vejaron a esa pobre gente. Posteriormente, los enjaularon en una sucia cárcel, de la que solo salieron después de demostrarse su inocencia. “Accidente” éste, desarrollado en el Gobierno del amadísimo Líder, estimado Camarada y distinguido Presidente Don Rafael Correa, Héroe de Dayuma.

En esa ocasión, si bien es cierto, algunos actores políticos protestaron al igual que varios ciudadanos, y ciertos medios noticiosos presentaron la verdad cruenta y grosera de un grupo de civiles desarmados siendo brutalmente agredidos; no menos cierto es que en términos generales, pocos fueron los agentes sociales que criticaron con la vehemencia del caso aquel acto de terrorismo de Estado. Inclusive muchos de los enredadores y serviles defensores del actual gobierno, disfrazados de analistas políticos, llegaron a justificar la infame paliza que recibieron aquellos ecuatorianos, a los que, en un acto adicional de infamia, el Héroe de Dayuma llegó a calificar de terroristas.






A pesar de que fue notoria la brutal agresión y demás peculiaridades redundantes de injusticia, la mayoría de la sociedad ecuatoriana permaneció indolente a la violación de los derechos humanos de aquellos ecuatorianos. No hubo acciones por parte de la Defensoría del Pueblo a favor de las víctimas. Ningún fiscal actuó de oficio en contra de los Ministros que ordenaron la salvaje agresión, a pesar de que ciertamente hubo un delito en contra de los derechos civiles de aquellas personas. Tampoco aparecieron los auto-etiquetados defensores de los derechos humanos, encarnizados enemigos de la violencia conservadora, pero alcahuetes y encubridores de los crímenes de la trastornada tendencia socialista y comunista.

Manipulan tramposa y vilmente la información siempre a favor de los intereses de sus amados titiriteros. Recurren al cinismo perverso y a la descalificación maliciosa para desvirtuar las opiniones sensatas y los argumentos veraces de las pocas personas valientes e inteligentes que se atreven a enfrentar las estupideces y brutalidades que se cometen a diario en todos los ámbitos de la sociedad y la naturaleza. Mienten, engañan, roban, trastornan, incurren en cualquier vicio por ofensivo y grosero que fuera, todo con tal de seguir atragantándose de las migajas que sus temiblemente adorables patrones les arrojan para seguir disfrutando de sus fornicarios adulos y sórdidos incondicionalismos.

Así es la opinión pública ecuatoriana, en términos generales: vacía, inmoral, carente de decencia, de honestidad y objetividad. Montones y montones de patriotas superfluos, ora lisonjeros y embusteros polutos, ora furibundos alcahuetes y viles calumniadores, dependiendo de la posición que se les ordene asumir. Siempre suciamente expeditos para defender los intereses rastreros de aquellos que fielmente desempeñan las tareas ignominiosas, propias de los más repugnantes y autoritarios tiranos.