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domingo, 6 de junio de 2010

Epílogo.

He de confesar que si hay algo en lo que realmente creo es en el derecho del individuo, y por extensión de los pueblos a rebelarse contra toda forma de tiranía. Sin embargo, también he llegado a la conclusión que de nada sirve tal rebelión si la mayoría de aquella sociedad no tiene un compromiso voluntario e irrenunciable con la Libertad, la Justicia y la Verdad.

En los últimos quince o veinte años, en el Ecuador se produjo un fenómeno interesante; a través de la Rebelión Popular, tres presidentes elegidos constitucionalmente fueron arrojados del poder público debido a la corrupción e incompetencia, las que, a su turno, evidenciaron y jactaron descaradamente. Aquellas muestras de reacción vehemente, que en ese entonces Yo consideraba modelos a seguir e incluso llegué a catalogarlos ingenuamente, lo reconozco, como ejemplos de verdadero Civismo, es decir, Civiles a Favor de Causas Justas, me dieron la perspectiva de que el País tenía esperanzas y que un futuro prometedor se mostraba a corto, mediano y largo plazo. Que equivocado estaba. Porque la rebelión tiene sentido cuando los pueblos anhelan con ardor la Libertad y la Justicia. Si no es así, es decir si se trata exclusivamente de chusma azuzada furibunda y descompuesta, entonces simplemente, tenemos lo que histórica y popularmente se ha llegado a denominar: “último día del despotismo y primero de lo mismo”.

En más de una oportunidad, en un diálogo conmigo mismo o intercambiando opiniones con algún tertulio, señalé convencido que: Si había que usar la fuerza cívica para sacar todos los días a cualquier miserable bribón que se hubiere colado al poder público a través de vil engaño, o fraude cobarde, pues había que hacerlo, tantas cuantas veces fuera necesario. Con aquella frase intentaba consolidar el derecho de los ciudadanos (y cuando digo ciudadanos me refiero a los civiles inteligentes y honestos) a rebelarse contra los tiranuelos de sonrisas hipócritas, apetitos exacerbados y miradas torvas. Definitivamente no me refería a instaurar un círculo vicioso, en donde el pueblo ignaro y despistado termina volviéndose un medio maleable a través del cual las mafias politiqueras, conservadoras o socialistas, se alternan el poder público y el patriótico pillaje, sin la necesidad de ese fraude monopólico en el que han terminado degenerando las llamadas elecciones populares.

La Rebelión Civil no tiene sentido cuando el pueblo no sabe quién es, de dónde viene, y peor a dónde va. Qué sentido tiene sacar a una jorga de patriotas delincuentes, solo para permitir que una mafia de bribones patrioteros se tome el poder gracias a la manipulación de una virulenta chusma acostumbrada a vivir alienada, expoliada y hambrienta; pueblo que finalmente no sabe que mismo quiere.

Debo señalar que esa epifanía se la debo en buena medida a la información y conclusiones obtenidas de mis intervenciones e interrelaciones en Internet, ora en los blogs y foros donde por fortuna o desgracia participé, ora en la información que más de un hombre o mujer inteligente imprimió en el universo virtual. Aunque no es menos cierto que la realidad estancada de los medios tradicionales y la realidad social diaria provee de material más que suficiente para sacar conclusiones más o menos certeras sobre este verdadero lupanar social, amén de sus crudos y burdos inventos, entre éstos el propio Estado y sus anquilosadas instituciones.

Cuando empecé a vagabundear por el ciberespacio, hace más o menos cinco o seis años, tenía el inocente prejuicio que a diferencia de las estúpidas, malévolas y serviles manifestaciones, públicas o encubiertas, de la casi totalidad de personajes que conforman esta Suciedad a la que llamamos Sociedad, las constantes en el ciberespacio, principalmente en el ámbito de la opinión serían: verdad, tolerancia, buen juicio, inteligencia y sensatez en la gran mayoría de los navegantes de este océano virtual. Que equivocado estaba. Sí, que equivocado estaba. Porque los mismos vicios y las mismas taras perfectamente observables en la sociedad real son fácilmente detectables en la inmensa comunidad de la red. La misma anonadación, envilecimiento, gregarismo, estulticia y cretinismo se observan en aquellas bestias deshonradas ora en sus manifestaciones reales, ora en sus exposiciones virtuales. Inclusive en ciertas facetas hasta empeora, pues el anonimato o el uso de un seudónimo, que enhorabuena, en unos pocos, garantizan una irresponsabilidad inofensiva que permite librarnos de cualquier reserva o prejuicio y ser honestos en nuestras opiniones y legítimos afectos o desafectos; en otros muchos, sirven para que cierta calaña de individuos dejen escapar sus descarados servilismos, patriotismos tramposos, groseras verborreas y descarnados: odios, intolerancias e imbecilidades. Y sin embargo, paradójicamente, esas manifestaciones crudas y desagradables son fundamentales para llegar a tener claro en que mundo realmente vivimos, y por lo mismo sirven de importante evidencia tanto para conocer con detalle qué o quiénes somos los seres humanos, como para aclarar la percepción que tenemos de la humanidad.

Con lo mencionado anteriormente no quiero decir que estoy decepcionado de Internet, todo lo contrario, el ingreso a la red me dio acceso a un abanico enorme de oportunidades y honorables opciones: información, conocimiento, entretenimiento, interrelación, comunicación, etc., y todo un mosaico prácticamente inconmensurable de situaciones y momentos que posiblemente se habrían mantenido ocultos si no se hubiesen manifestado gracias a la tecnología y a la generosidad, talento y solidaridad de respetables cibernautas.

Resulta notoria la trascendencia que ha tenido el Internet en la vida de las personas, de manera que resulta innecesario y en extremo redundante mencionar las ventajas, beneficios y demás efectos positivos mundiales de esta tecnología. Ciertamente el mundo es diferente desde que el Internet se extendió a todo el planeta; me atrevo a decir que hay un antes y un después desde la aparición del Internet. Quisiera creer que comienza un nuevo Renacimiento, quisiera ser optimista, pero la experiencia y la realidad de una sociedad que desprecia el conocimiento y la virtud más bien profetizan nuevas eras de brutal oscurantismo.

A pesar de ese escenario apocalíptico, siempre existe la esperanza de que las personas se reivindiquen, simplemente siguiendo consciente y voluntariamente el ejemplo moral de aquellos que en el pasado y presente decidieron pensar por sí mismos, siguiendo el sendero escogido por ellos y no otros. Internet es una gran herramienta en la lucha en contra del oscurantismo. Un servicio público que debe ser protegido y consolidado en la sociedad ecuatoriana y en el mundo. El derecho a su utilización y disponibilidad no debe ser negociable, sino garantizada en las diferentes constituciones, sobre todo en los países que se precien de tener sociedades libres. Vaya que he descargado información, ¡cómo he descargado archivos! Permítaseme agradecer a todos aquellos cibernautas que tuvieron la generosidad de subir información gratuita, a riesgo de ser catalogados injustamente como “piratas”. No, los “piratas” no son los que comparten conocimiento, salud, verdad, virtud, entretenimiento sano, opinión, libertad y conocimiento. Los verdaderos pillos filibusteros son otros, los verdaderos delincuentes son aquellos que engañan a la tonta masa con viejas y pervertidas doctrinas fascistas totalitarias o tiranías socialistas que solo buscan mantener en el Poder a unos pocos y en la servidumbre a los muchos. Todos quienes tienen una idea más o menos certera de esta banalidad mundana saben quienes son los brutales y nefandos filibusteros y quienes son los “piratas”.

Aunque tengo mucho que decir, he decidido que este sea el último post de la Cueva de Saulo, o Saulo Ariel, como inicialmente se denominó esta Bitácora por allá por el mes de julio del año 2008. ¿Razones? El número de comentarios y artículos, son alrededor de 150 o 152, una cifra bastante alta, en mi opinión. El personaje, aquel que se expresa como Saulo, ha dicho lo que tenía que decir. Cansancio, o más bien fastidio, respecto de la actual situación del País. En fin algunas otras razones que voy a reservarme. Sin embargo que gratificante saber que existe esta honrosa alternativa que el Internet nos ofrece a aquellos que amamos la Libertad en sus diferentes y majestuosas expresiones: el Blog. Volver a incursionar nuevamente en el mundo libérrimo del blog o la bitácora, siempre es una posibilidad. Si así lo decido quizá me atreva a pedirle al Lobo, mi buen amigo, me recomiende en su herética cueva. Quién sabe.

Quiero agradecer a los amigos lectores de estos muros de ébano por la atención a las opiniones de este perro. Como se habrán dado cuenta ciertamente no soy el dueño de la verdad, afortunadamente, de lo contrario, ¡qué responsabilidad! Solamente soy un hombre, un hombre qué se pregunta alternativamente: ¿por qué? Únicamente un ser humano que exige respuestas frente a una serie de incertidumbres colosales.

Quiero agradecer a los blogueros amigos de esta cueva herética por sus gentiles, tolerantes y generosas participaciones en la forma de sus inteligentes comentarios. Para aquellos que tuvieron la valentía de dejar su impronta o su ícono con su correspondiente y respetable opinión, mi aprecio y consideración. Y en general agradecerle a usted, estimado lector, que se atrevió a adentrarse en los escarpados y frugales dominios de Saulo Ariel, mi seudónimo, con el cual ejercí mi derecho universal a ser consecuente con mi naturaleza, la de un libérrimo perro primitivo.

Muchas gracias y buena suerte.

martes, 16 de marzo de 2010

He ahí el dilema.

Desde el principio de esta aventura liberal, hace más de un año ya, así lo dice, la fecha de publicación del primer post, una duda ha estado viniendo alternativamente a cuestionarme cada vez que labro en la negra roca de esta bitácora, aunque de manera amistosa, debo agradecer; una duda, de esas que encubren una certeza, aquellas que en vano intentamos ocultar, ahí, en aquel lugar de nuestra mente, donde guardamos aquellas verdades que soslayamos porque nos atemorizan. Un simple y humano dilema: ¿por qué escribir con seudónimo, y no, con mis nombres originales?

Ciertamente se podría enumerar y argumentar una buena cantidad de razones, algunas comprensibles y válidas, otras no tanto. Un testimonio legítimo que justifica plenamente el anonimato o el “desdoblamiento” en otro Yo, por ejemplo, es aquel referente a la posibilidad de comentar de manera “irresponsable” temas que son ciertamente tabú en nuestra hipócrita pero descarada sociedad. También, entre los edificantes beneficios, está la oportunidad de mandar al diablo de manera bastante expresiva y justiciera, a tanto hijo de licenciosa madre, sin la posibilidad de enfrentar una querella de orden penal, por lo mismo, te garantiza un relativo escudo que te protege de las venganzas de los patriotas de cepa espuria, y te libra de las terribles consecuencias de caer en sórdida prisión, y de paso, sufrir desgracia económica por la cuantiosa indemnización que cualquier juez vil te obligaría a pagar para cubrir los daños a “la honra” de cualquier infame badulaque; bribón que en su puerca vida entenderá el verdadero sentido del Honor. Y cómo olvidar aquella oportunidad de expresarte casi libremente, muchísimo pero muchísimo más que en la vida pública. Claro que también tiene sus desventajas, que prefiero abstenerme de señalar, pero que, cualquier persona mínimamente inteligente que haya vagado por estas alternativas sabrá identificar y cuestionar.

Pero, a pesar de todas esas ventajas, y del afecto que he llegado a tener por mi “otro Yo”, el herético Saulo Ariel; a pesar de la satisfacción que siento al escuchar el eco que mi grito en las oquedades resonantes de esta cueva suele clamar: “¡Yo soy Saulo Ariel!”. Sin embargo de aquello, siento y estoy consciente que Saulo solo es un personaje virtual, un producto de mi imaginación; en tanto Yo, simple mortal, soy verdaderamente Yo, o así quiero creerlo; y así será, por lo menos mientras dure la dictadura de esta capciosa realidad.

Armados con nuestro verbo, lápiz o teclado nos desnudamos: negamos, reímos, dudamos,blasfemamos, amamos, traicionamos, adoramos, mentimos, clamamos, maldecimos, sentenciamos, veneramos, nos encolerizamos y envilecemos, para, al día siguiente contradecirnos con aquellos mismos sentimientos y emociones. Huimos de nosotros mismos a través de nuestros alter egos ficticios, poniendo como excusa cualquier causa. Atacamos a la víctima solo para defender al victimario. Permitimos que el injuriador destroce con burlas maldicientes al que erró por las infamias que tuvo que soportar en la injusta vida que le tocó vivir. Guardamos silencio cómplice, a pesar de ser testigos de la ignominia, solo para proteger a las lacras que adulamos, modelos a los que aspiramos llegar, personajes siniestros saturados de atroces vicios y crímenes. Defendemos la causa abyecta de los patriotas que aparentan pulcritud detrás de ese vestido nauseabundo de puritanismo hipócrita y vanidad prejuiciada. Permitimos que el inocente sea martirizado y nada hacemos para frenar esa infamia, solo callamos y damos la espalda a esa realidad cruel. Decimos que estamos en contra de la brutal tortura a la inocencia y la belleza, pero, para quedar bien con los torturadores aclaramos que respetamos su derecho a torturar. Nos interrelacionamos con guiñapos humanos que pretenden disfrazar su naturaleza despreciable a pesar de las vidas públicamente sórdidas que llevan, porque podemos sacar provecho comercial de aquel encuentro.

Y así vivimos, escondiéndonos; intentando luchar contra nuestros miedos con un nombre ficticio, una personalidad alterna, o un rostro demudado, sonriente, insidioso o feroz, que parece ofrecer librarnos de lo que somos: simples hombres y mujeres, temerosos, ignorantes y frustrados. Pero nuestro experimento por escapar solo queda en el intento. Porque todo lo que somos está ahí, en nuestras opiniones, actitudes y conductas; en nuestros ex abruptos, prejuicios, embustes; en aquellas verdades que pretendemos defender pero que se contradicen con nuestra real condición puesta de manifiesto en las mentiras que proferimos en los infames contenidos de aquellos párrafos cómplices, o en nuestras actuaciones o inacciones que en secreto nos avergüenzan, pero que ocultamos con un rostro pletórico de hipocresía, o con nuestra cobarde violencia.

Y callamos, cuando hemos sido puestos en evidencia; y festejamos cuando nos dan la razón, aunque no la tengamos. Y, a sabiendas de la verdad, permitimos que la brutalidad y la estupidez agredan e injurien con insolencia y crueldad, aquello que en vano intenta constituirse en un faro de luz salvadora en un océano de bajezas y ruindades. Y perdemos el tiempo en discusiones intrascendentes, tontamente, jactándonos de intelectuales, corrigiendo futilidades, mientras enviciamos nuestro entorno con el miasma de nuestras vilezas. Y nos maquillamos diciéndonos a nosotros y a los demás que estamos cambiando el mundo, cuando muy bien sabemos que este mundo no puede cambiarse, como tampoco, nosotros, podemos cambiar nuestra suprema voluntad de ser lo que somos, pues, hace mucho tiempo renunciamos a la valentía y la honradez para reconocerlo, pues la cobardía y mendacidad, va más conforme con nuestro linaje y condición.


¿Debemos ocultarnos detrás de una máscara de divinidad, o tener el valor de mostrar al hombre?: he ahí el dilema. Quizá sea el momento de asumir responsabilidades; el momento de dar la cara y enfrentar nuestros temores. Talvez sea la hora de liberarnos de los irreflexivos miedos y exorcizar a los fantasmas que nos persiguen desde antes que tuviéramos uso de razón. Quizá sea el momento de que Saulo se quede cuidando su Cueva, ladrando libremente a esa indolente y sórdida sociedad, donde Yo, Pablo, deambulo en búsqueda de respuestas, mientras las preguntas se apilan una sobre otra. Seguro estoy que mi buen amigo, deambulará complacido su existencia libérrima en las escarpadas rocas de brillante ébano desde donde, con sus liberales aullidos, intentó en muchas noches enamorar a la exuberante pero esquiva Luna. Talvez sea el momento que Saulo y Yo, nos liberemos mutuamente; tiempo propicio de retomar aquel sendero que las fútiles debilidades convirtieron en infranqueables. Quizá sea hora de enfrentar y vencer aquellos demonios que me impulsaron a crear al buen Lobo. Habrá que ser prudente y dejar de lado las justicieras irresponsabilidades, algo que estoy dispuesto a aceptar; siempre se puede recurrir a la ironía creativa, a los simbolismos o parábolas y de vez en cuando al silencio voluntario. Después de todo, solo en la infinitud del pensamiento se puede ser realmente libre.

miércoles, 27 de enero de 2010

Cuidado peatones: "a cualquiera le puede pasar".

De veras que fastidia escuchar a esos imbéciles que tácitamente justifican la posibilidad de atropellar a los peatones, con el cuento de "a cualquiera le puede pasar". Se nota el intento, no sé si consciente o no, de curarse en lo sano, e inclusive, me atrevería a decir que existe un deseo mojigato de acolitar la posición de la principal imputada en el accidente que le costó la vida a la joven Nathalia Emme. ¿Serían estas personas tan comprensivas y laxas, si el peatón atropellado, bajo las circunstancias del caso en cuestión, fuera parte de su entorno familiar o de amistades?, o entonces sí, reaccionarían con indignación y enojo ante los abusos criminales y la impunidad de la “gente importante”.

Algunos, no escatiman en repetir una y otra vez que se trató de un simple accidente de tráfico de esos que lamentablemente suceden. Pero, las cosas no son tan simples. Todos hemos visto las velocísimas caravanas de la “gente importante”; la manera en que cruzan las avenidas en sus bólidos irrespetando toda norma de tráfico, con la excusa de que, una vez más, son “gente importante”. No importa arrollar a algún peatón “imprudente”, ni tampoco causar un accidente a otros vehículos. No, lo que importa es que, “la gente importa” se haga notar a los demás; manifestar las prebendas que gozan por su condición de “gente importante”; que los pobres diablos que se envilecieron hasta la máxima sordidez con el objeto de pasar a engrosar las infames filas de la “gente importante”, puedan mostrarse ante los demás aunque sea de una manera grotesca y alevosa. Y si eso implica atropellar de vez en cuando a un “simple e imprudente” peatón, pues que se le va hacer, “a cualquier gente importante le puede pasar”.


Pero las cosas no son como a la “gente importante” y sus testaferros les gustaría hacer parecer. Este no es el caso de un peatón irresponsable con tendencias suicidas que irreflexivamente se lanzó a chocar el vehículo de un conductor sensato que viajaba en la vía correspondiente y a una velocidad moderada. No, no es el caso; aunque ciertos imbéciles gacetilleros y politiqueros pretendan repetir hasta el cansancio que se trata de un simple accidente más, seguramente para imponer esa versión de los hechos a la chusma que los ve con ojos amorosos.


Este accidente tiene un par de componentes fundamentales, el abuso de la burocracia y el terrorismo de Estado; condiciones viles ejercidas por los que se consideran dueños del sistema, o “los dueños del circo”, para usar una frase más popular; aquellos que piensan que están por encima del bien y del mal, y por lo mismo, que imaginan puedan hacer lo que les dé la regalada gana; esos que piensan que siempre tendrán la razón porque el sistema les pertenece, aunque las evidencias los desmientan; aquellos pocos, que imaginan, estar por fuera de la ley, o mejor que se creen “la Ley”. Esa es la gran diferencia que los gacetilleros y los politiqueros ignoran o pretenden ignorar.

Todos sabemos muy bien que, de haber sido una persona común y corriente la que manejaba el vehículo, una persona sin padrinos, un individuo para nada “importante”, el tratamiento que hubiera recibido de parte de las diferentes autoridades habría sido totalmente diferente al recibido por la esposa del Fiscal.

Con algo de incredulidad y decepción en unos casos, pero desprecio en otros, he escuchado y leído las opiniones de algunas personas que aceptan con cierta credulidad las versiones de los abogados, politicastros y fiscales, defensores de la principal inculpada en el atropellamiento. Directa o indirectamente, estas personas, le dan crédito a la versión de los principales sospechosos y de los fiscales serviles con su Jefe. A pesar de no haber estado en el lugar de los hechos, estas personas, por diferentes motivos, dan crédito a suposiciones, hipótesis y versiones, que fortifican la defensa y las interpretaciones interesadas de los abogados de la esposa del Fiscal General. Pero estas personas además de olvidar una cosa fundamental, ellos no estuvieron en el lugar de los hechos, ignoran las versiones de los testigos del accidente que sí estuvieron en aquel lugar, y constataron directamente como se desarrollaron lo hechos. Resulta ilógico y digamos un tanto incomprensible, en unos casos, que estas personas, le den un rango de credibilidad a las suposiciones e hipótesis de la supuesta infractora, mientras soslayan o apenas consideran las opiniones de los testigos que señalan con certeza que la esposa del Fiscal manejaba el vehículo; pero, esa actitud dudosa es muy comprensible en, ésos, cuyo único interés es encubrir la verdad de los hechos, y a través de esa infamia, rescatar de las sanciones establecidas en la Ley a la principal imputada.


Dudo mucho que las personas que en ese momento se encontraban en aquel fatídico lugar, hayan sido parte de una conspiración dirigida a “desestabilizar la Fiscalía”; o que, aquellos ciudadanos hayan sido un grupo de poseídos por la tristemente famosa “Justicia Indígena”, y que, de golpe y porrazo buscaran castigar inconscientemente a una “inocente santa”. Difícil creer que se haya tratado de un conciliábulo de agentes colombianos de Uribe, o espías cubanos de Castro, en contra de la esposa del Fiscal. Imposible que hayan sido un montón de sádicos ansiosos por torturar y destruir. No, difícil creer esas versiones. Las personas que transitaban por aquellas zonas eran civiles comunes y corrientes, ocupados en sus asuntos personales, que, impresionados por la violencia del hecho que se desarrollaba ante sus ojos, montaron en cólera y posterior furia al observar el infame encubrimiento que se intentaba desarrollar cínica y perversamente ante sus espantadas miradas. Personas normales, no “gente importante”, cuya palabra merece ser considerada y respetada. ¿A quién deberíamos dar más crédito, a quienes fueron testigos del hecho sin ser parte del mismo, o a una de las partes, la acusada, que escandalosamente tiene el respaldo incondicional de las autoridades que irónicamente deben realizar una investigación imparcial?


Es en verdad indignante la forma en que los gacetilleros y politiqueros se refieren al accidente en sí, “a cualquiera nos puede pasar”, dicen, como si se tratara de algo común y normal. Con una falta absoluta de respeto por la víctima, el peatón, y con una indolencia inaudita por el dolor de los familiares y amigos, “la gente importante”, aquellos que tácitamente declararon inocente a la imputada, esos mismos, se atreven a disque solidarizarse con la familia de la víctima; no sin antes satanizar a quienes exigen justicia.

Por ahí, un canalla, famoso por ser un mentiroso compulsivo, se atreve a retar con la siguiente “adivinanza”: “¿usted cree que un sencillo policía va a arruinar su carrera policial, ¡su vida! por echarse encima una muerte por defender a alguien, una muerte que no cometió?; a mí me parece eso muy difícil”.


Yo no sé si haya algún “sencillo policía” que se impute un crimen que no cometió. Pero lo que sí está demostrado es que hay gente ruin que está dispuesta a cometer los peores delitos que se puedan imaginar con tal de quedar bien con sus amos, con tal de recibir una palmada en la nuca, además de un suculento premio económico; eso cualquier persona inteligente lo sabe. Esta sucia “adivinanza” simplemente está dirigida a generar dudas, y demuestra la obscena capacidad de manipulación de quien la plantea.


Qué irónico y sádico al mismo tiempo que, la expresión “a cualquiera le puede pasar”, significa para unos pocos, la “gente importante”: cínica impunidad. Mientras que para muchos se revela fatalmente como: cruel injusticia.


Cuidado peatones, cuidado, peatones del Ecuador, cuidado; la “gente importante” una y otra vez ha amenazado, “a cualquiera le puede pasar”; cuidado peatones del Ecuador, la “gente importante” ha amenazado.


La objetividad engañosa de vuecelencia Rafael Correa.

viernes, 15 de enero de 2010

Atropellamiento a la Justicia.

Creo que los seres humanos jamás debemos perder la capacidad de indignarnos frente a actos a toda vista injustos y brutales. Jamás deberíamos permanecer indolentes frente a cobardes actos de violencia que en complicidad con un sistema estatal plagado de corrupción pretenden imponer la ley del brutalidad y la sinrazón castigando y satanizando a las víctimas de la estúpida, cruel y cobarde violencia, al tiempo que descaradamente ofrecen impunidad a los victimarios simplemente porque son los dueños o los hijos de ese sistema perverso.

Ayer, en horas de la mañana en una avenida de Quito un vehículo perteneciente a un convoy de aquellos que atufadamente suelen cruzar las calles de las ciudades transportando a la gente “importante” del sistema, atropelló a una joven de 26 años de edad, matándola de contado. Uno de los vehículos, el que golpeó a la joven, de acuerdo a versiones de testigos, estaba siendo conducido por la esposa del Fiscal General de la Nación Washington Pesántez, aquel personaje que solía decir que no tiene tiempo para investigar casos de robos de celulares, aquel que suele acompañar al presidente Correa en alguno que otro viaje al exterior. Mientras que, el otro vehículo, le pertenecía a su escolta de seguridad, la que supuestamente por ley, le corresponde a la familia del Fiscal. Ojalá los ciudadanos comunes y corrientes, aquellos que con sus impuestos pagan los sueldos de los fiscales, incluido el de Pesántez, tuvieran también carro del Estado a la puerta y escolta personal. Pero las cosas no son así.

De acuerdo con testigos del hecho, el vehículo que atropelló a la joven de nacionalidad colombiana, había estado circulando a gran velocidad y en una zona exclusiva del trolebús. En tales circunstancias, los testigos señalan que una vez producido el accidente, la conductora, esposa del Fiscal General, habría salido de su vehículo y procedido a cambiar lugares con su escolta. Hay testigos de aquello.

Debería decir que, la posterior movilización policial dirigida a proteger en los “derechos” de la esposa de Pesantez, fue increíble, por lo alevosa y escandalosa, pero la verdad es que, cada vez que los dueños de este sistema asqueroso y ruin, cometen algún delito o crimen, las fuerzas del Estado, inmediatamente acuden en su defensa para proteger su integridad y “derechos”. No, no es increíble, ni tampoco novedad.


Pero, si es indignante conocer que la esposa de Pesántez haya recuperado la libertad, apenas unas horas después de cometido el crimen; porque hay algo que ciertamente no pueden encubrir; no pueden encubrir el atropellamiento, no pueden encubrir el crimen, por más que infamemente digan que la joven atropellada cruzaba la vía del trole conversando por teléfono.


Igualmente indignante es conocer que la Fiscalía, los fiscales, los subordinados de Pesántez, ignorando las declaraciones públicas de testigos que señalaban a la esposa de Pesántez como la conductora responsable de la muerte de la joven, se atrevan a decir con absoluta ligereza y sin mediar investigación seria, que la esposa del Fiscal General de la Nación no iba conduciendo el vehículo. Seguramente para los fiscales, las palabras de la esposa de Pesántez, valen más que las declaraciones de los testigos y pesan más que la verdad misma. Como que se conforma la figura de prevaricato a pesar de que los abogaditos estos, no son jueces, pero, si emitieron un juicio sospechosamente anticipado e imprudente, y hasta malintencionado, por la injusticia que conlleva contra la víctima.

Me pregunto, que dirá el señor Pedro Restrepo, aquel padre que sufrió en carne propia las infamias de un Estado terrorista, cuando le fueron arrebatados sus hijos por el terrorismo de Estado; cuál será su reacción ahora que forma parte de la Comisión Correana de la seudoverdad, ante este nuevo acto de violencia y encubrimiento en contra de una colombiana inocente. El tiempo lo dirá.

Esto está mal, muy mal, este sistema corrupto está cada vez más cínico, más putrefacto y agresivo. El sistema Judicial y la Fiscalía dan asco, por la calaña inmoral de sus integrantes. En esos ambientes oscuros, siniestros, delincuenciales, La Verdad y La Justicia, sencillamente no existen. En esos tugurios nauseabundos, lugares donde confluyen los apetitos más sórdidos, más denigrantes de la raza humana, las víctimas terminan siendo castigadas, perseguidas o satanizadas; mientras que los verdaderos criminales son protegidos y “reivindicados”. La sentencia inmoral de un juez abyecto le devuelve la “honra” a tanto canalla y miserable que tiene la infausta suerte de contar con padrinos poderoso y peligrosos.


Esto es definitivamente una mierda. Vivimos en un País donde la vida de las personas prácticamente vale poco o nada. Vivimos en un País donde no se respeta nada. Un lugar en donde los patriotas y los dueños del sistema se mueven dentro de la máxima mercantil: “todo se compra y todo se vende”. Un lugar donde cierta gente está dispuesta a arriesgar su inmundo pellejo a favor de acciones perversas, inmorales, ruines; hasta el punto de atribuirse el delito o crimen de otro miserable; pero cuando el teléfono llama al verdadero heroísmo nadie se atreve a contestar, salvo algún idealista incauto o un inocente hombre honesto. ¡Qué cosas no! Dónde estarán esos beatos malditos que se etiquetan de humanistas y que suelen llenarse el hocico criticando a los “pesimistas” y "aguafiestas". Talvez no pueden decir nada porque tienen el hocico lleno de tanto tragar, gracias a este sistema de mierda.

Esposa de Fiscal General Washington Pesántez acusada de atropellar y matar a una joven mujer, recupera libertad a las pocas horas.

martes, 7 de julio de 2009

Los escándalos de corrupción se encubren con el sórdido patriotismo.


No creo que exista gobierno en esta tierra que no haya, en su momento, recurrido al burdo nacionalismo para esconder algún acto de corrupción de los miembros de la mafia en el poder. Cuando los sacrificados patriotas sedientos de lujuria malsana, poder corrompido o ansiedad concupiscente, son descubiertos in fraganti cometiendo sus latrocinios, crímenes y violaciones; los manipuladores del engaño, las mentes grises del estupro público, desarrollan una intrincada maraña de circunstancias que buscan encender el incondicional amor por la patria en la sociedad; afecto desbordado inculcado en la mente del común de los corrientes desde el momento mismo en que empezó a tener conciencia de la realidad, y consolidado en la medida en que iba siendo esclavizado por el sistema.

Así, cuando aquel bribón desempeñando en mala hora las funciones de presidente a punto estaba de caer por su descarado afán de vicio; de golpe y porrazo, las “fuerzas totalitarias” del “hermano país vecino” amenazaban con cercenar parte de la heredad territorial. Inmediatamente, cualquier desafecto y culpa quedaban olvidados y todos los habitantes de aquel país cerraban filas en torno de aquel corrupto, pero, patriota presidente. De sobra queda decir que el “hermano país agresor”, también se beneficiaba de aquella inesperada muestra de patriotismo del “hermano país agredido”, pues, igualmente los actos inmorales de los otros patriotas en contra de su pueblo quedaban relegados en el pasado, por la necesidad de los estados de guardar y proteger su “honor” nacional; pues si en algo se parecen los países es en la corrupción de sus mafiosos gobernantes patriotas.

Independientemente de las bajas que aquel patriota enfrentamiento podía dejar, ambas naciones salían “ganando”; pues, irónicamente, al final, los corruptos y demagogos patriotas se jactaban ante sus pueblos que habían rechazado al invasor o agresor; en tanto riadas y riadas de sus pueblos, respectivamente, cantaban odas en honor de sus corajudos gobernantes, ignorantes de los nombres de los soldados que habían muerto en los desiertos o pantanales; incautos mártires, inconscientes de la razón por la que su sangre era derramada y sus cuerpos despedazados en aquellos íngrimos lugares; ignorantes, que gracias a su sacrificio, los patriotas corruptos, que felices los enviaron al matadero, podían seguir hundiéndose en el pútrido deleite del poder mundano, siempre, aplaudidos por la chusma patriotera que los reverenciaba estólidamente, convencidos de su triunfo ante las fuerzas del “hermano país agresor”.

Las mafias patriotas ecuatorianas y colombianas de turno en el poder, conscientes de esta herramienta grosera e infame, pero, muy efectiva para manipular los afectos de sus respectivos pueblos han vuelto a recurrir a ésta, para granjearse el aprecio de éstos; ora para esconder los escándalos de corrupción de sus parientes y amigos, ora para encubrir su incompetencia para gobernar, ora para explotar el patrioterismo en la chusma y de paso ganar algunas simpatías que a futuro se verán reflejados en votaciones torpes y serviles.

A raíz del escándalo de Angostura, cuando Uribe bombardeó un campamento de la guerrilla ubicado en la selva ecuatoriana, muchos ecuatorianos luego de condenar el acto abusivo y sanguinario del ejército colombiano en territorio ecuatoriano, exigimos al Gobierno del Ecuador una explicación del por qué grupos armados extranjeros, vinculados directamente con el narcotráfico, secuestro, asesinato y terrorismo, transitaban libremente en el oriente norteño ecuatoriano y tenían campamentos fijos, lugares donde acudían grupos de simpatizantes de aquellos grupos violentos, provenientes de toda la América no anglosajona. Muchos exigimos saber por qué el ex ministro Gustavo Larrea y el ex subsecretario Chauvín se reunían con la guerrilla de las Farc, sin conocimiento del gobierno colombiano, en una clara intromisión del gobierno ecuatoriano en asuntos colombianos. Muchos ecuatorianos exigimos que el Fiscal General de la Nación investigue el caso de Angostura y realizando un trabajo conforme a la ley, inicie causas penales en contra de quienes pusieron en riesgo la seguridad del país. Muchos ecuatorianos reclamamos al gobierno de Correa y sus patiños, por la paupérrima imagen que mostró el Ecuador a nivel internacional como consecuencia de aquel relajo sangriento.

Las explicaciones interesadas y parciales de los principales implicados en el escándalo no fueron suficientes, solamente dejaron más dudas. Las actitudes y conductas del Fiscal, además de sospechosas, nos dijeron que nada podíamos esperar de aquel sujeto pedante, valentón y agresivo cuando de defender al gobierno de Correa se refiere, pero, apático cuando de investigar los actos de corrupción del gobierno de la Involución Ciudadana.

A cambio de una investigación eficiente, efectiva y justiciera, los ecuatorianos hemos recibido teatro barato. Un juez ecuatoriano, cuyo nombre no sé, ni quiero saberlo, imbuido de patriotismo y quién sabe que más razones, en un momento político en que nuestro locuaz presidente Don Rafael Correa está pasando por una serie de escándalos de corrupción y tiene un descenso brusco en las encuestas de popularidad, decide, este juez, ordenar la captura del ex ministro de Uribe, Juan Manuel Santos, personaje siniestro de la política colombiana.

Que otra emoción sino la risa, puede causar la decisión del incognito juez oriental. A quién en su sano juicio se le puede ocurrir que la Interpol va a aceptar la orden del juez ecuatoriano. Acaso Interpol no tuvo participación en la investigación de las computadoras de Reyes y confirmó la supuesta veracidad del contenido de estas. ¡Qué bárbaro! ¡Qué bárbaro!

Pero qué pensaban, que el gobierno colombiano se iba a quedar con las manos cruzadas mientras uno de los “duros incondicionales” del demente Uribe era objeto de una posible orden de captura internacional. No solamente que Interpol ha negado la posibilidad de capturar a Santos. Además, por las dudas, el gobierno colombiano le ha dado la categoría de diplomático, blindándolo ante cualquier acto comedido de algún país que no simpatice con la narco República Colombiana. En respuesta al "gesto de afecto" del juez ecuatoriano, de manera encubierta, Colombia, a través de una iniciativa privada, enjuicia a Correa por “sus vínculos con las Farc”. ¡Qué tal! ¡Qué tal, ecuatorianos! Como para reírse, ¿verdad?

Colombia no tiene nada que perder. Ecuador, Ecuador, sí. Pero eso, al Mudo que, desgraciadamente, tenemos por presidente poco o nada le importa. Una vez más los sacrificados patriotas, buscan lavar sus bochornosos e inmorales actos de corrupción recurriendo al escandaloso patriotismo.

La chusma, enseguida ha respondido en favor de sus respectivos: amados, reverenciados y crueles tiranos. Basta ver los foros de los principales periódicos de Ecuador, para comprobar el enardecimiento nacionalista con el que los “correístas” defienden incondicionalmente a su Amado Líder y sus patiños chauvinistas; mientras los “anticorreístas”, muchos de ellos ecuatorianos, defienden a capa y espada a Uribe y sus sicarios paramilitares. En Colombia, los “antiuribistas” no son tan afines a Correa, aunque censuran el terrorismo de estado del encubierto psicópata, pero, los “uribistas” sí que lo defienden, en tanto no escatiman en calificativos poco elegantes para Correa y los amigos de Correa que se jactan de ser amigos de la guerrilla colombiana de las Farc.

Al final de este nuevo sainete grotesco propiciado por las mafias patrioteras de turno en el poder, sin duda ambos bandos saldrán ganando en sus respectivas naciones. La chusma seguirá cerrando filas y marchando marcialmente en torno de sus adorados y admirados demagogos, y ¡todos felices y contentos!

Bueno, no todos, siempre hay por ahí unos cuantos “resentidos y amargados” que exigen: Justicia y Verdad.

martes, 23 de junio de 2009

Las prostitutas emperifolladas de la Jurisprudencia.


En un conocido programa de televisión que gusta de parodiar a la familia estadounidense, a la nación gringa y a la sociedad en general, en una ocasión se planteó una posibilidad, ciertamente imposible; “se imaginan ustedes un mundo sin abogados”. Toda una utopía. Aunque la suposición más exacta sería: “imaginen una sociedad en la que los abogados no sean necesarios”.

El hombre es un ser bastante conflictivo, muy problemático y pendenciero. Dotado de una condición humana imperfecta. Muy notorio en cuanto a su predisposición a causar daño a sus semejantes. Jactancioso en cuanto a sus manifestaciones reincidentes estúpidas y su parcialidad a favor de causas inmorales. Entre otros vicios de los que se vanagloria. Motivos éstos, que obligaron a las sociedades a buscar una marco regulatorio que les permitiese vivir dentro de un orden razonable. Se crearon marcos legales tácitos, se desarrollaron los estados, se normalizo la convivencia entre individuos; normativas que con el tiempo se desarrollaron para bien o para mal hasta lo que actualmente tenemos.

Conjuntamente con la ley, apareció la práctica del Derecho. Era lógico que individuos se profesionalizaran en aquel sistema regulatorio y en sus respectivas especializaciones. Se suponía que la práctica de aquella profesión debía enmarcarse siempre en la necesidad indefectible de hacer justicia; de darle a cada quien, lo que por regla convenida de antemano le correspondía. Se estableció que el ejercicio profesional debería circunscribirse a reglas de conducta moral perfectamente establecidas, más conocidas como códigos de ética profesionales.

Pero, como dice el adagio: “del dicho al hecho hay mucho trecho”. Aquella profesión que supuestamente se creó para garantizar marcos jurídicos razonables, juicios justos, sentencias legales y morales, debidos procesos, etc.; terminó degenerando en una suerte de tareas indignas e infames desarrolladas en ambientes putrefactos en los que prevalecen las inmoralidades más vergonzosas. Lupanares disque jurídicos; donde impera absolutamente ¡todo!, menos la Justicia.

Este antecedente es importante para iniciar un breve análisis acerca de las interpretaciones tramposas que los asesores, amigotes, colegas, compadres, camaradas y socios de los hermanos Correa vienen pregonando en los últimos días respecto de los negocios que Fabricio Correa tiene con el Estado ecuatoriano.

La Ley de Contratación Pública es muy clara al respecto cuando en su artículo 62, en uno de sus incisos menciona que los parientes en cuarto grado de consanguinidad y segundo de afinidad del Presidente, Vicepresidente, y algunos funcionarios de Estado más, no podrán ser beneficiarios de contratos públicos. No podrán contratar con el Estado. Precisamente para evitar tráfico de influencias, competencias desleales, tratamientos preferenciales, sobreprecios, intereses creados, etc.

Sin embargo; como dicen los abogados, “hecha la ley, hecha la trampa”. Las prostitutas de la abogacía, entre las que se encuentra un tipejo de apellido Campaña, asesor del Municipio de Guayaquil, defensor de los enemigos de Rafael Correa, abogado de Gustavo “orangután” Noboa, abogado de Fabricio Correa Delgado; se inventan el “cuento chino” de un supuesto vacío legal; interpretan la norma a su antojo para justificar las picardías e ilegalidades, y cínicamente como ya es costumbre en la práctica abogadil abyecta, señalan que las empresas, sociedades, compañías y en general las personas jurídicas, pueden tranquilamente contratar con el Estado, aunque estas tengan como accionistas a personas naturales impedidas de hacerlo por Ley.

“Hecha la ley hecha la trampa”, en apariencia parecería que aquel sería el argumento de estos miserables leguleyos, que cobran sus honorarios del dinero fruto de las estafas, pillajes o robos, que les permitiría salirse con la suya. Pero, no es así. No. La Ley en este caso es extremadamente clara y no acepta confusión de ningún tipo, peor todavía interpretación tramposa y corrupta.

Las sociedades son entes abstractos; son órdenes legales y estructuras administrativas creadas para permitir fundamentar asociaciones de personas tendientes a la consecución de objetivos establecidos en la carta de constitución de dichas organizaciones. Sin los seres humanos no existen. Son las personas, en este caso los accionistas los que dirigen sus esfuerzos, ora personalmente, ora delegando a terceros, a la consecución de los objetivos. Son caretas jurídico-administrativas detrás de las cuales están los intereses de los dueños de aquellas caretas. Por consiguiente, la propiedad, responsabilidad, intereses, etc., de los accionistas respecto de las actividades, responsabilidades legales, decisiones, consecuencias de aquellas empresas está demostrada y garantizada por la Ley.

El hecho de una persona impedida de contratar por el Artículo 62 de la Ley de Contratación pública, haciéndolo a través de una sociedad o persona jurídica es ilegal. Su condición de accionista de dicha empresa, no deslegitima su condición irrenunciable de pariente de aquel funcionario estatal o público. En el caso de Fabricio Correa, a pesar de que haya camuflado su participación con empresas fantasmas panameñas, no por aquello ha perdido su condición de hermano de Rafael Correa. Dónde está el vacío legal sobre le cual pretenden justificar la ilegalidad e inmoralidad. ¿Jurisprudencia? Por dónde. Si la Ley es clarísima y no admite interpretación.

Se señala por parte de las serviles rameras de la partidocracia correana, en una interpretación inmoral más, que el impedimento para contratar estaría limitado exclusivamente para aquellas instituciones en donde laboran los respectivos funcionarios. Una vez más “hecha la ley, hecha la trampa”. Pero resulta que en el caso del Presidente y Vicepresidente de la República, su campo de acción y ámbito de responsabilidad es todo el sector ejecutivo. Por lo tanto ningún pariente en cuarto de consanguinidad y segundo de afinidad del Presidente y Vicepresidente podrían contratar con aquellas instituciones públicas dependientes del Ejecutivo.

Adicionalmente las guarichas y chupamedias de Correa, insisten en señalar que en vista de que hay vacío legal, no hay delito. Que aquella ausencia de ley se presta para la interpretación de la Ley. Una falacia más de estos sinvergüenzas cómplices de los vicos de la partidocracia correana.

En Derecho privado, se puede hacer aquello que la ley no te prohíba. En Derecho Público las cosas cambian radicalmente. En Derecho Público, únicamente puedes hacer aquello que la ley expresamente te faculte o te ordene. Es decir, en Derecho Público, los funcionarios públicos no pueden interpretar la Ley, sino, exclusivamente cumplirla.

En que parte de la Ley de contratación Pública se menciona que los parientes impedidos de contratar en función del artículo 62, podrán hacerlo a través de personerías jurídicas. Nada se dice sobre aquello. Sin embargo, los descarados cómplices de los beneficiarios corruptos del Gobierno de La Involución Ciudadana se inventan la “excepción” de las sociedades “fantasmas”.

Es difícil no indignarse, viendo como un asunto que es tan claro termina siendo maquillado desvergonzadamente y justificado sórdidamente por una clase política cínica e inmoral de turno en el Poder. Si ha eso le añadimos una oposición politiquera corrompida; una prensa formal mediocre e incompetente y una colección de funcionarios de control y fiscalización incondicionales con la corrupción y el encubrimiento de delitos de los dueños de la corrupción socialista; pues que más queda decir, sino: ¡qué malditos hijueputas!



miércoles, 13 de mayo de 2009

Ustedes deciden: Hombres Libres o viles esclavos.

En alguna oportunidad divagaba en mi mente respecto de la fragilidad de la vida. Somos un milagro de la evolución o de la creación, y sin embargo, dada nuestra condición perecedera, estamos a expensas del natural deterioro de nuestros cuerpos, de los influjos externos enfermizos, de los causales o casuales accidentes y funestamente, de la sevicia y maldad del propio ser humano. Y es sobre esta última particularidad, aciaga por cierto, que pretendo emitir mi comentario.

Créanme cuando les digo que estoy cansado de escuchar que, a diferencia de las películas, el hombre malvado termina triunfando en el cometimiento de sus crímenes y fechorías. Estoy fastidiado de leer en el periódico que un hombre honesto cayó víctima de las balas de algún infame sicario. Me molesta enterarme que los criminales han cegado la valiosa vida de un hombre o mujer libre y comprobar que este vil acto, termina siendo sencillamente irreparable, independientemente de que los asesinos materiales y muy excepcionalmente los instigadores sean detenidos y castigados.

Desvariando en mi pensamiento, he cuestionado por qué los hombres y mujeres justos no pueden tener la protección de una coraza que los proteja de las maldades de las creaciones pervertidas del vicio. Una armadura insigne y real, que conjuntamente con los nobles instrumentos ofrecidos por la verdad, la evidencia, la honradez y la justicia, les permita enfrentarse con un mínimo de seguridad contra las huestes feroces e inhumanas de sicarios y malhechores que siempre están prestos a cumplir las órdenes de sus malignos amos.

No es justo, definitivamente, no es justo. Irónicamente, los seres humanos creamos un Estado para que nos proteja de las degeneraciones de la sociedad y funestamente aquella creación terminó volviéndose contra aquellos que debía proteger. Porque lamentablemente, aquel Estado con su incompetencia y corrupción natural, si se considera quienes lo manejan a su arbitrio, ha terminado convirtiéndose en el primer enemigo de los hombres y mujeres justos, o en cómplice y protector de los delincuentes y asesinos.

Quizá todos nosotros somos los responsables de permitir que todo este concurso de circunstancias desgraciadas, hayan llegado a estos niveles de brutalidad y corrupción tan terribles. Quizá no. Quizá existe un contingente de sociedad irresponsable, vulgar, ignorante y apática que puede fácilmente ser señalada. Un segmento de pueblo conforme exclusivamente con satisfacer animalmente sus instintos básicos y sus vulgares tradiciones festivas. Talvez ellos sean los responsables indirectos de que los hombre y mujeres justos paguen un precio odioso simplemente por ser consecuentes con sus principios.

Lo sucedido en Guatemala con el caso del abogado Rodrigo Rosenberg, es una muestra más de la absoluta indefensión de las personas frente a la corrupción criminal y la complicidad de un Estado manejado por gente inmoral que es capaz de todo con tal de mantenerse en el poder mundano y así conseguir, satisfacer incontinentemente sus bajas pasiones. Por desgracia, aquellas manifestaciones magnicidas son comunes en la mayoría de los países de este orbe. Pero muy principalmente en aquellas naciones con una mayoría de gente ignorante, indolente, irresponsable, etc.

El otro día escuché una sentencia muy interesante: “Los ciudadanos no debemos temerle al Estado y a los políticos; son los políticos y el Estado, los que deben temer a los ciudadanos.”
Quizá el concepto de “temor” deba considerarse como una figura dirigida a incrementar el sentido de que los políticos jamás, pero que jamás deben levantar la mano injustamente, peor criminalmente contra los ciudadanos.

Pero, para que ocurra eso, son los hombres y mujeres libres los que deben tener el control del Estado. Solamente con una sociedad inteligente, sensible, y solidaria, conseguiremos que el Estado finalmente trabaje para nosotros los ciudadanos. Únicamente con ciudadanos honestos manejando el Estado tendremos garantizados nuestros derechos. Exclusivamente con una mayoría de pueblo educado, amante de las causas justas y las buenas costumbres, las mafias de rateros, criminales y asesinos serán finalmente derrotados.

Los seres humanos no somos eternos. Los hombre y mujeres libres, aquellas pocas creaciones honorables que actúan por principios no son inmunes a la maldad humana. Al final aquel pueblo ingenuo, servil, e insensible es el que tiene la palabra, o siguen sirviendo a la Tiranía corrompida de turno y se constituyen en cómplices de los latrocinios y asesinatos cometidos por esos viles canallas o, se arman de valor y emulando conscientemente al hombre justo se convierten en Pueblo Libre, simple y llanamente Pueblo Libre.

Ustedes tienen la palabra ingenuos nativos de este hermoso terruño. Aún estamos a tiempo, no permitamos que este País, se convierta en otro México, Guatemala, o Colombia.
Recuerden, al final ustedes deciden.






Pdata: Revisen los videos de Rosenberg en Youtube y saquen sus propias conclusiones.

miércoles, 1 de octubre de 2008

El Voto Nulo, la victoria del Individualismo Moral.

Cuantas veces la sociedad y su diversidad de instituciones nos han planteado verdaderas encrucijadas trastornadas. Dilemas inmorales, que significan errores crasos sea cual sea la opción elegida. Cuantas veces hemos caído en la trampa, escogiendo aquello que habíamos imaginado cándidamente era el menor de los males. ¿Podemos sentirnos satisfechos de haber elegido la alternativa menos mala? ¿Nuestra conciencia es lo suficientemente ingenua o tontamente conformista para aceptar la farsa del más o menos honesto? ¿Se puede ser medianamente honrado o quizá debería decir moderadamente corrupto? ¿Debemos callarnos y agachar nuestros lomos ante las imposiciones de una sociedad cada vez más tiránica, intolerante y violenta?

Eso es precisamente lo que ha sucedido en las últimas elecciones. Nos plantearon, las fuerzas de la partidocracia de turno en el poder, un dilema según el cual debíamos elegir entre la posibilidad de volver a los dominios del Socialcristianismo, de la “democracia cristiana” y el Conservadurismo o quedarnos con el “magnífico” gobierno del MPD, el Socialismo, la Izquierda Democrática y el Pre.

Y la gente, la gran mayoría de la gente ha decidido, afirmativa o negativamente. Todos, correístas, nebotcianos, etc., han decidido. De manera contundente han decidido. Resuelta y voluntariamente se han doblegado ante el dilema.

En medio de un Estado jurídicamente acéfalo, aquellos no escatimaban en adulos felicitando a esos, por su triunfo cuantitativo, mientras esos se jactaban vergonzosamente ante aquellos de las consecuencias de sus capacidades para manipular y embaucar. Pero eso sí: “el pueblo había decidido”.

Y sin embargo, a pesar de lo efímeramente decepcionante que pudo resultar conocer los resultados del sufragio general, debo señalar que me siento tranquilo, satisfecho con mi decisión.

Mientras rayaba generosamente la papeleta a ambos lados de los casilleros, una sensación de serenidad, de conformidad moral se extendió en toda mi humanidad. Porque el voto nulo es la victoria de la calidad, de la razón, de la sensatez y la inteligencia. El triunfo honorable del individualismo. Porque el voto es un acto individual. Porque la doctrina del individualismo le ofrece al individuo pensante la opción de conducirse solo ante la posibilidad engañosa de asociarse con la masa incoherente e inconsciente.

Que satisfecho me sentí de rechazar la manipulación descarada y permanente de la que fue y es objeto la sociedad ecuatoriana, de repudiar con cada trazo decidido y vehemente aquel dilema tramposo e inmoral que la partidocracia nos planteaba.

Ganamos, 7% de ecuatorianos que deseamos vivir en un País donde predomine la paz, la justicia, el bienestar y la verdad, ¡ganamos! Las mentiras, las infamias y las amenazas no pudieron derrotarnos. Vencimos, individualmente, ¡vencimos!