miércoles, 27 de enero de 2010
Cuidado peatones: "a cualquiera le puede pasar".
Algunos, no escatiman en repetir una y otra vez que se trató de un simple accidente de tráfico de esos que lamentablemente suceden. Pero, las cosas no son tan simples. Todos hemos visto las velocísimas caravanas de la “gente importante”; la manera en que cruzan las avenidas en sus bólidos irrespetando toda norma de tráfico, con la excusa de que, una vez más, son “gente importante”. No importa arrollar a algún peatón “imprudente”, ni tampoco causar un accidente a otros vehículos. No, lo que importa es que, “la gente importa” se haga notar a los demás; manifestar las prebendas que gozan por su condición de “gente importante”; que los pobres diablos que se envilecieron hasta la máxima sordidez con el objeto de pasar a engrosar las infames filas de la “gente importante”, puedan mostrarse ante los demás aunque sea de una manera grotesca y alevosa. Y si eso implica atropellar de vez en cuando a un “simple e imprudente” peatón, pues que se le va hacer, “a cualquier gente importante le puede pasar”.
Pero las cosas no son como a la “gente importante” y sus testaferros les gustaría hacer parecer. Este no es el caso de un peatón irresponsable con tendencias suicidas que irreflexivamente se lanzó a chocar el vehículo de un conductor sensato que viajaba en la vía correspondiente y a una velocidad moderada. No, no es el caso; aunque ciertos imbéciles gacetilleros y politiqueros pretendan repetir hasta el cansancio que se trata de un simple accidente más, seguramente para imponer esa versión de los hechos a la chusma que los ve con ojos amorosos.
Este accidente tiene un par de componentes fundamentales, el abuso de la burocracia y el terrorismo de Estado; condiciones viles ejercidas por los que se consideran dueños del sistema, o “los dueños del circo”, para usar una frase más popular; aquellos que piensan que están por encima del bien y del mal, y por lo mismo, que imaginan puedan hacer lo que les dé la regalada gana; esos que piensan que siempre tendrán la razón porque el sistema les pertenece, aunque las evidencias los desmientan; aquellos pocos, que imaginan, estar por fuera de la ley, o mejor que se creen “la Ley”. Esa es la gran diferencia que los gacetilleros y los politiqueros ignoran o pretenden ignorar.
Todos sabemos muy bien que, de haber sido una persona común y corriente la que manejaba el vehículo, una persona sin padrinos, un individuo para nada “importante”, el tratamiento que hubiera recibido de parte de las diferentes autoridades habría sido totalmente diferente al recibido por la esposa del Fiscal.
Con algo de incredulidad y decepción en unos casos, pero desprecio en otros, he escuchado y leído las opiniones de algunas personas que aceptan con cierta credulidad las versiones de los abogados, politicastros y fiscales, defensores de la principal inculpada en el atropellamiento. Directa o indirectamente, estas personas, le dan crédito a la versión de los principales sospechosos y de los fiscales serviles con su Jefe. A pesar de no haber estado en el lugar de los hechos, estas personas, por diferentes motivos, dan crédito a suposiciones, hipótesis y versiones, que fortifican la defensa y las interpretaciones interesadas de los abogados de la esposa del Fiscal General. Pero estas personas además de olvidar una cosa fundamental, ellos no estuvieron en el lugar de los hechos, ignoran las versiones de los testigos del accidente que sí estuvieron en aquel lugar, y constataron directamente como se desarrollaron lo hechos. Resulta ilógico y digamos un tanto incomprensible, en unos casos, que estas personas, le den un rango de credibilidad a las suposiciones e hipótesis de la supuesta infractora, mientras soslayan o apenas consideran las opiniones de los testigos que señalan con certeza que la esposa del Fiscal manejaba el vehículo; pero, esa actitud dudosa es muy comprensible en, ésos, cuyo único interés es encubrir la verdad de los hechos, y a través de esa infamia, rescatar de las sanciones establecidas en la Ley a la principal imputada.
Dudo mucho que las personas que en ese momento se encontraban en aquel fatídico lugar, hayan sido parte de una conspiración dirigida a “desestabilizar la Fiscalía”; o que, aquellos ciudadanos hayan sido un grupo de poseídos por la tristemente famosa “Justicia Indígena”, y que, de golpe y porrazo buscaran castigar inconscientemente a una “inocente santa”. Difícil creer que se haya tratado de un conciliábulo de agentes colombianos de Uribe, o espías cubanos de Castro, en contra de la esposa del Fiscal. Imposible que hayan sido un montón de sádicos ansiosos por torturar y destruir. No, difícil creer esas versiones. Las personas que transitaban por aquellas zonas eran civiles comunes y corrientes, ocupados en sus asuntos personales, que, impresionados por la violencia del hecho que se desarrollaba ante sus ojos, montaron en cólera y posterior furia al observar el infame encubrimiento que se intentaba desarrollar cínica y perversamente ante sus espantadas miradas. Personas normales, no “gente importante”, cuya palabra merece ser considerada y respetada. ¿A quién deberíamos dar más crédito, a quienes fueron testigos del hecho sin ser parte del mismo, o a una de las partes, la acusada, que escandalosamente tiene el respaldo incondicional de las autoridades que irónicamente deben realizar una investigación imparcial?
Es en verdad indignante la forma en que los gacetilleros y politiqueros se refieren al accidente en sí, “a cualquiera nos puede pasar”, dicen, como si se tratara de algo común y normal. Con una falta absoluta de respeto por la víctima, el peatón, y con una indolencia inaudita por el dolor de los familiares y amigos, “la gente importante”, aquellos que tácitamente declararon inocente a la imputada, esos mismos, se atreven a disque solidarizarse con la familia de la víctima; no sin antes satanizar a quienes exigen justicia.
Por ahí, un canalla, famoso por ser un mentiroso compulsivo, se atreve a retar con la siguiente “adivinanza”: “¿usted cree que un sencillo policía va a arruinar su carrera policial, ¡su vida! por echarse encima una muerte por defender a alguien, una muerte que no cometió?; a mí me parece eso muy difícil”.
Yo no sé si haya algún “sencillo policía” que se impute un crimen que no cometió. Pero lo que sí está demostrado es que hay gente ruin que está dispuesta a cometer los peores delitos que se puedan imaginar con tal de quedar bien con sus amos, con tal de recibir una palmada en la nuca, además de un suculento premio económico; eso cualquier persona inteligente lo sabe. Esta sucia “adivinanza” simplemente está dirigida a generar dudas, y demuestra la obscena capacidad de manipulación de quien la plantea.
Qué irónico y sádico al mismo tiempo que, la expresión “a cualquiera le puede pasar”, significa para unos pocos, la “gente importante”: cínica impunidad. Mientras que para muchos se revela fatalmente como: cruel injusticia.
Cuidado peatones, cuidado, peatones del Ecuador, cuidado; la “gente importante” una y otra vez ha amenazado, “a cualquiera le puede pasar”; cuidado peatones del Ecuador, la “gente importante” ha amenazado.
La objetividad engañosa de vuecelencia Rafael Correa.
martes, 15 de septiembre de 2009
Cita médica por teléfono y Rafael de Carondelet a la Habana.
Tampoco es novedad escuchar a los politiqueros de turno negar esas verdades, cada vez que se les increpa su incapacidad para solucionar los problemas del sector salud, o cada vez que tienen que explicar sus vergonzosas fortunas adquiridas de la noche a la mañana. Tampoco es novedad que a través de la publicidad mentirosa y engañosa, le digan al pueblo que el sistema de salud, antaño, una verdadera trampa mortal; ahora, “es un sistema ejemplar propio de países del primer mundo”; cuando en la realidad sigue siendo la misma infame y fratricida trampa mortal.
Pero sí resultó una novedad, para los muchísimos usuarios del sistema de salud público ecuatoriano, víctimas debería decir, aquellas que desesperadas por el dolor y la tragedia de una enfermedad o un desgraciado accidente, esperaban desde altas horas de la madrugada, cobijadas por el intenso frío, resguardados por ellos mismos, y acurrucados en las veredas frente a las puertas de los toscos hospitales, a lo largo y ancho de este País, ansiosos, esperando un miserable turno; conocer, al momento de obtener la cita en ventanilla, que los turnos de hoy en adelante se obtendrían a través de la línea telefónica. ¡Vaya sorpresa y vaya reforma radical!
Se dice que mediante ese método las colas de las madrugadas serán historia. Ojalá que así sea; pero, que pasa con las personas que no tienen teléfono, que son muchas. Pues tendrán que buscar un teléfono privado, para hacer las llamadas, un problema tolerable dirán los burócratas. Puede ser. Pero, con cambiar la modalidad de extender las citas, ¿se solucionan los verdaderos problemas de la salud pública?, es decir: maltrato a los usuarios del sistema; irresponsabilidades criminales de pésimos médicos; condición deplorable de personal auxiliar; ausencia de ética y celo profesional de muchos mal llamados “médicos”, verdaderos carniceros inmisericordes; ausencia de medicinas; carencia de especialistas capacitados; destrucción de aparatos costosos por mal uso de los mismos; robo de activos fijos; corrupción en las compras de medicinas; inmoral y alcahuete espíritu de cuerpo e impunidades. Actitud bestial de la tonta burocracia; corrupción de los niveles administrativos y financieros, sindicalismo corrompido, influjo politicastro, etc. etc. etc. Pues, francamente no lo creo.
Tanto no lo creo que resulta muy evidente y entendible ver a Rafael “el mudo” Correa, evitar a cualquier precio pasar por los Hospitales: Eugenio Espejo, Carlos Andrade Marín, Enrique Garcés (del Sur), de Quito, o el San Vicente de Paúl de Ibarra; ni siquiera al de las FF.AA. No, el señorito camarada presidente, agarra maletas y para Cuba, a un Complejo Científico de la Habana, a operarse la pezuña desgarrada. No cabe duda, que la Revolución Ciudadana ha sido y es muy favorable para unos; pero, no, para la gran mayoría. Mientras muchos tienen que esperar meses para una intervención quirúrgica, y ponerse en manos de gente, en muchos casos, muy desconfiable; para unos pocos, poquísimos, chequeo “very important person”, tratamiento de pelucón, en nada más y nada menos que un centro de especialidades de la Habana. Una muestra clara del verdadero concepto de “Igualdad” en un régimen socialista o en la mente y praxis de un socialista de cepa.
Ahora bien, dado que el amado Líder, camarada Caudillo y gran Cacao (caca o caco, ¡qué dilema!, por eso dejémosle en cacao), nos vende el cuento de que en su gobierno se ha instaurado un sistema de salud público eficiente, lógico sería que el “mudo” Rafael, sea consecuente con su propaganda y, por lo mismo, se beneficie de los supuestos éxitos de su socialista gobierno; dejando que su pata lesionada, sea tratada por las mismas “lumbreras” de la salud, que de Lunes a Viernes y en horario de 8 a 10, o solamente los lunes de 9 a 11, o los jueves de 14 a 15 horas, atienden despectiva pero “magnánimamente” a esos “parias” que tienen la infelicidad de usar aquel sistema indigente. Debería, solo que el muy bastardo, no se cree su propia verdad, porque sabe perfectamente que es una muy grande mentira.
Por otro lado, dado que existe una interpretación a la palabra Igualdad, diferente de la tradicionalmente socialista; es decir, que todos somos iguales ante la ley, y por lo mismo tenemos idénticos deberes, obligaciones, facultades, garantías y Derechos; entonces, justo sería que todos los ecuatorianos tuviéramos el mismo tratamiento “very important person”, que tiene el guasón de Carondelet. En tal virtud, cualquier persona, está, en su facultad de demandar al Estado su derecho a hacerse chequear su dolencia, su enfermedad, su pierna lastimada, en el complejo Científico de la Habana u Hospital cinco estrellas, con todos los gastos pagados.
¿Por qué la pezuña del "mudo" Rafael, sí; y la pierna de un ecuatoriano común, no? Sin duda, se debe al concepto socialista de Igualdad de aquellos que se dicen enemigos de la propiedad privada, pero que en la práctica son unos adúlteros amantes de los excesos del capitalismo.
viernes, 12 de septiembre de 2008
Pancho Jaime, ¿periodista temerario o injuriador contumaz?

Recuerdo que la primera vez que tuve conocimiento de la existencia de Pancho Jaime, fue irónicamente, el día que lo asesinaron. La locutora del canal de televisión presentó la noticia refiriéndose a este individuo, como un personaje vinculado con el lado oscuro de Guayaquil.
Algunos años después, mi hermano, llegó a conseguir una de sus revistas. Pero, no fue sino, hasta hace algunos meses que finalmente pude tenerla entre mis manos.
La primera impresión que tuve fue de risa, al ver la portada que mostraba una imagen jocosamente irreverente de Pancho Jaime con la banda presidencial, haciendo un gesto considerado obsceno, con la mano.
Empecé a recorrer el contenido de la publicación impresa en papel barato. De inmediato, me llamó la atención el lenguaje vulgar en el que estaba escrito y que más de alguno podría considerar sórdido.
No voy a negar que, en principio, fue un tanto entretenido, considerando lo novedosamente rimbombante de la publicación, por lo menos para mí. Sin embargo, en la medida en que transcurría el tiempo conjuntamente con mi lectura, terminé aburriéndome, un tanto hastiado de las artes literarias redundantes y populacheras del escritor.
Discutiendo con mi hermano, ferviente defensor del lenguaje usado por Pancho Jaime, me llamó la atención uno de sus comentarios. Mientras Yo le mencionaba, el uso exagerado que hacía de vocablos propios de ambientes abyectos, Él, señalaba que tratándose de una revista política de denuncia contra la corrupción, era perfectamente justificable la utilización de estos calificativos, dada la condición inmoral de los politiqueros, que duramente eran censurados a todo lo largo de la publicación.
Era eso posible, acaso Pancho Jaime con su grandilocuencia vulgar, simplemente se atrevía a decir públicamente lo obvio y evidente, aquello que la gran mayoría piensa en su mente, pero que por miedo o vergüenza prefiere callar. Cuántas veces molestos por las infamias cometidas por los politiqueros y patrioteros corruptos, hemos explotado indignados con expresiones prosaicas que usualmente no emplearíamos.
Quizá en verdad, la impunidad, la injusticia y todos los vicios de la sociedad ecuatoriana, junto con sus principales actores y beneficiarios, realmente merezcan ser tratados con la expresividad pedestre de este hombre, considerando el ambiente infecto en el que se revuelcan todos los días.
¿Es ético, recurrir a expresiones diplomáticas para señalar las infamias del crimen y el vicio? ¿Es honesto, recurrir al eufemismo mojigato para manipular, encubrir o falsear la verdad? Pues a eso llegan muchos periodistas de honorarios dorados y reputación ampulosa.
A pesar de lo cansado que puede resultar el estilo de Pancho Jaime, debo reconocer, que muchas de sus conclusiones están respaldadas por una cruda realidad y es lamentable que, haciendo abstracción de sus excesos vulgares, no se analicen las verdades de fondo contenidas en su revista de papel barato.

