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viernes, 30 de abril de 2010

Ibarra cocinando con leña o, Gas Go Colombia.


¡Ah Ibarra, Ibarra, hasta cuándo Ibarra, hasta cuándo, ciudad del riachuelo de aguas sucias y nauseabundas más conocido como Tahuando, ciudad de los arropes de mora y los parqueos tarifados, hasta cuándo Ibarra!

¡Hasta cuándo Ibarra, permites que la corrupta e incompetente burocracia te robe, maltrate y humille!

¡Hasta cuándo Villa de San Miguel, permitirás que tus villanos recorran de un lado a otro, cansados, molestos, humillados, decepcionados, en pos de un simple y vulgar tanque de gas!

Pues sí estimado lector, con un poco de decepción y algo de vergüenza ajena, he de señalar que a la Laguna de Yahuarcocha, la Loma de Guayabillas, los monigotes de tanto y tanto santucho que abundan por aquí y allá, entre otros rasgos distintivos de Ibarra, ahora, se incluye ya con frondosa y aristocrática hidalguía la institución de “la escasez de gas doméstico”.

Sí, efectivamente, “la escasez de gas doméstico”, se ha vuelto una verdadera fiesta popular, que se festeja con periodicidad cada vez más repetida. Aclaro que cuando me refiero a "gas doméstico", hablo de las bombonas saturadas de gas licuado de petróleo usado en las cocinas para cocer nuestros alimentos, pues, de la palabra “doméstico”, se deduciría que existe un gas salvaje e indómito, y posiblemente así sea considerando los rumores que recorren los corredores del Palacio de Carondelet, acerca de los conciertos estruendosos, ocasionados por las explosiones furibundas provenientes de las obesas nalgas de feministas y socialistas del siglo XXI, luego de sus opíparas y suculentas orgías alimenticias.

Pero volvamos al asunto que motivó el post. Ibarra desde hace mucho tiempo ha sido despreciada y maltratada por los gobiernos de turno que han sido incapaces para solucionar el problema de la escasez de gas licuado. Es bochornoso mirar la incompetencia y cobardía de las autoridades de la ciudad, frente al abuso del que son víctimas los ibarreños y demás ecuatorianos que habitan esta ciudad.

Hace un par de años, cansado de buscar una pinche bombona con el escaso combustible me dirigí a la Defensoría del Pueblo. Ahí un burócrata, el Defensor del Pueblo, sí el Defensor del Pueblo que ironía ¿verdad?, me recibió, con trato educado debo reconocer. Le señalé que era inaceptable que la ciudad estuviera desabastecida prácticamente dos meses y que las autoridades no hicieran nada para solucionar el problema. Añadiéndole, que seguramente, dada la crisis, algún pillo en complicidad con la burocracia estaba haciendo “buen billete”, aprovechándose de la “oportunidad”.

El burócrata, luego de escucharme, señaló que hacían todo lo que estaba en sus manos pero que “la Refinería de Esmeraldas está en mantenimiento, se llevan el gas para Colombia, los avicultores lo usan para calentar a los pollos, etc”; excusas sobraron.

Luego de repetirme una y otra vez que el problema de escasez se solucionaría en las próximas horas, me despedí, consciente que difícilmente se cumpliría la profecía del falso agorero. Y así fue. En aquella ocasión el desabastecimiento se solucionó después de un mes, creo.

Bueno, fiel a la idiosincrasia, Ibarra, nuevamente está desabastecida de gas doméstico. Frente a la realidad de hombres, mujeres, muchos de ellos personas de edad avanzada, que cargan lastimeramente los pesados cilindros, los pipones de Alianza País, le culpan a todo, menos a su irresponsabilidad e ineptitud.

Entre otras excusas, como ya mencioné, está la fuga del derivado hidrocarburo a Colombia. Cantaleta de toda la vida. Los muy canallas, culpan de las escasez a los gran cabalios que armados de jacas de triste figura cruzan las fronteras cargados con cuatro o seis bombonas. Como que ese insignificante tráfico, justificara la notoria escasez. Por qué estos pipones de Alianza País, no escuchan las reclamos de la gente que denuncia que en la noche verdaderos convoyes repletos de cilindros llenos de gas cruzan la frontera, sin que nadie cuestione su paso. Seguramente les dirán que presenten la denuncia formal ante fiscal.

Ahora bien, ¡qué es lo irónico!, por lo menos en Ibarra, lo chistoso y cargoso del asunto es que Don Rafael Correa y Delgado, tiene fans por montones, esos mismos que andan de un lado a otro mendigando a la torpe burocracia un cochino tanque de gas. ¡Quién les entiende!, aunque en realidad sí que se les entiende, sí que se les entiende. En fin, cosas de mi tierra, de mi Ibarra, ciudad a la que siempre se vuelve. ¡Ah por cierto!, no será malito, si vuelve dará trayendo un tanquecito de gas, que ha de hacer.

miércoles, 27 de enero de 2010

Cuidado peatones: "a cualquiera le puede pasar".

De veras que fastidia escuchar a esos imbéciles que tácitamente justifican la posibilidad de atropellar a los peatones, con el cuento de "a cualquiera le puede pasar". Se nota el intento, no sé si consciente o no, de curarse en lo sano, e inclusive, me atrevería a decir que existe un deseo mojigato de acolitar la posición de la principal imputada en el accidente que le costó la vida a la joven Nathalia Emme. ¿Serían estas personas tan comprensivas y laxas, si el peatón atropellado, bajo las circunstancias del caso en cuestión, fuera parte de su entorno familiar o de amistades?, o entonces sí, reaccionarían con indignación y enojo ante los abusos criminales y la impunidad de la “gente importante”.

Algunos, no escatiman en repetir una y otra vez que se trató de un simple accidente de tráfico de esos que lamentablemente suceden. Pero, las cosas no son tan simples. Todos hemos visto las velocísimas caravanas de la “gente importante”; la manera en que cruzan las avenidas en sus bólidos irrespetando toda norma de tráfico, con la excusa de que, una vez más, son “gente importante”. No importa arrollar a algún peatón “imprudente”, ni tampoco causar un accidente a otros vehículos. No, lo que importa es que, “la gente importa” se haga notar a los demás; manifestar las prebendas que gozan por su condición de “gente importante”; que los pobres diablos que se envilecieron hasta la máxima sordidez con el objeto de pasar a engrosar las infames filas de la “gente importante”, puedan mostrarse ante los demás aunque sea de una manera grotesca y alevosa. Y si eso implica atropellar de vez en cuando a un “simple e imprudente” peatón, pues que se le va hacer, “a cualquier gente importante le puede pasar”.


Pero las cosas no son como a la “gente importante” y sus testaferros les gustaría hacer parecer. Este no es el caso de un peatón irresponsable con tendencias suicidas que irreflexivamente se lanzó a chocar el vehículo de un conductor sensato que viajaba en la vía correspondiente y a una velocidad moderada. No, no es el caso; aunque ciertos imbéciles gacetilleros y politiqueros pretendan repetir hasta el cansancio que se trata de un simple accidente más, seguramente para imponer esa versión de los hechos a la chusma que los ve con ojos amorosos.


Este accidente tiene un par de componentes fundamentales, el abuso de la burocracia y el terrorismo de Estado; condiciones viles ejercidas por los que se consideran dueños del sistema, o “los dueños del circo”, para usar una frase más popular; aquellos que piensan que están por encima del bien y del mal, y por lo mismo, que imaginan puedan hacer lo que les dé la regalada gana; esos que piensan que siempre tendrán la razón porque el sistema les pertenece, aunque las evidencias los desmientan; aquellos pocos, que imaginan, estar por fuera de la ley, o mejor que se creen “la Ley”. Esa es la gran diferencia que los gacetilleros y los politiqueros ignoran o pretenden ignorar.

Todos sabemos muy bien que, de haber sido una persona común y corriente la que manejaba el vehículo, una persona sin padrinos, un individuo para nada “importante”, el tratamiento que hubiera recibido de parte de las diferentes autoridades habría sido totalmente diferente al recibido por la esposa del Fiscal.

Con algo de incredulidad y decepción en unos casos, pero desprecio en otros, he escuchado y leído las opiniones de algunas personas que aceptan con cierta credulidad las versiones de los abogados, politicastros y fiscales, defensores de la principal inculpada en el atropellamiento. Directa o indirectamente, estas personas, le dan crédito a la versión de los principales sospechosos y de los fiscales serviles con su Jefe. A pesar de no haber estado en el lugar de los hechos, estas personas, por diferentes motivos, dan crédito a suposiciones, hipótesis y versiones, que fortifican la defensa y las interpretaciones interesadas de los abogados de la esposa del Fiscal General. Pero estas personas además de olvidar una cosa fundamental, ellos no estuvieron en el lugar de los hechos, ignoran las versiones de los testigos del accidente que sí estuvieron en aquel lugar, y constataron directamente como se desarrollaron lo hechos. Resulta ilógico y digamos un tanto incomprensible, en unos casos, que estas personas, le den un rango de credibilidad a las suposiciones e hipótesis de la supuesta infractora, mientras soslayan o apenas consideran las opiniones de los testigos que señalan con certeza que la esposa del Fiscal manejaba el vehículo; pero, esa actitud dudosa es muy comprensible en, ésos, cuyo único interés es encubrir la verdad de los hechos, y a través de esa infamia, rescatar de las sanciones establecidas en la Ley a la principal imputada.


Dudo mucho que las personas que en ese momento se encontraban en aquel fatídico lugar, hayan sido parte de una conspiración dirigida a “desestabilizar la Fiscalía”; o que, aquellos ciudadanos hayan sido un grupo de poseídos por la tristemente famosa “Justicia Indígena”, y que, de golpe y porrazo buscaran castigar inconscientemente a una “inocente santa”. Difícil creer que se haya tratado de un conciliábulo de agentes colombianos de Uribe, o espías cubanos de Castro, en contra de la esposa del Fiscal. Imposible que hayan sido un montón de sádicos ansiosos por torturar y destruir. No, difícil creer esas versiones. Las personas que transitaban por aquellas zonas eran civiles comunes y corrientes, ocupados en sus asuntos personales, que, impresionados por la violencia del hecho que se desarrollaba ante sus ojos, montaron en cólera y posterior furia al observar el infame encubrimiento que se intentaba desarrollar cínica y perversamente ante sus espantadas miradas. Personas normales, no “gente importante”, cuya palabra merece ser considerada y respetada. ¿A quién deberíamos dar más crédito, a quienes fueron testigos del hecho sin ser parte del mismo, o a una de las partes, la acusada, que escandalosamente tiene el respaldo incondicional de las autoridades que irónicamente deben realizar una investigación imparcial?


Es en verdad indignante la forma en que los gacetilleros y politiqueros se refieren al accidente en sí, “a cualquiera nos puede pasar”, dicen, como si se tratara de algo común y normal. Con una falta absoluta de respeto por la víctima, el peatón, y con una indolencia inaudita por el dolor de los familiares y amigos, “la gente importante”, aquellos que tácitamente declararon inocente a la imputada, esos mismos, se atreven a disque solidarizarse con la familia de la víctima; no sin antes satanizar a quienes exigen justicia.

Por ahí, un canalla, famoso por ser un mentiroso compulsivo, se atreve a retar con la siguiente “adivinanza”: “¿usted cree que un sencillo policía va a arruinar su carrera policial, ¡su vida! por echarse encima una muerte por defender a alguien, una muerte que no cometió?; a mí me parece eso muy difícil”.


Yo no sé si haya algún “sencillo policía” que se impute un crimen que no cometió. Pero lo que sí está demostrado es que hay gente ruin que está dispuesta a cometer los peores delitos que se puedan imaginar con tal de quedar bien con sus amos, con tal de recibir una palmada en la nuca, además de un suculento premio económico; eso cualquier persona inteligente lo sabe. Esta sucia “adivinanza” simplemente está dirigida a generar dudas, y demuestra la obscena capacidad de manipulación de quien la plantea.


Qué irónico y sádico al mismo tiempo que, la expresión “a cualquiera le puede pasar”, significa para unos pocos, la “gente importante”: cínica impunidad. Mientras que para muchos se revela fatalmente como: cruel injusticia.


Cuidado peatones, cuidado, peatones del Ecuador, cuidado; la “gente importante” una y otra vez ha amenazado, “a cualquiera le puede pasar”; cuidado peatones del Ecuador, la “gente importante” ha amenazado.


La objetividad engañosa de vuecelencia Rafael Correa.

martes, 15 de septiembre de 2009

Cita médica por teléfono y Rafael de Carondelet a la Habana.

El maltrato verbal y físico a los usuarios del sistema de salud pública; las indolencias criminales de malos médicos; la indiferencia infame de torpes barchilonas; el ejercicio profesional carente de ética y humanidad de muchos mal llamados “médicos”, verdaderos carniceros inmisericordes; la ausencia de medicinas; la carencia de especialistas capacitados; el uso abusivo y tosco que se da a los aparatos y demás implementos médicos; el robo de instrumentales terapéuticos; la corrupción en las compras de medicinas, insumos y aparatos; el inmoral y alcahuete espíritu de cuerpo; las nefandas impunidades consecuentes de la mala práctica médica y los continuos latrocinios; la brusquedad bestial de la tonta burocracia; la corrupción de los niveles administrativos y financieros; son perfectamente conocidos por muchos ecuatorianos. Algunos, lamentablemente, han vivido en carne propia o en la experiencia de familiares o amigos, las violencias de un sistema caduco, alevoso, insensible, cruel e inmoral. En realidad no es novedad.

Tampoco es novedad escuchar a los politiqueros de turno negar esas verdades, cada vez que se les increpa su incapacidad para solucionar los problemas del sector salud, o cada vez que tienen que explicar sus vergonzosas fortunas adquiridas de la noche a la mañana. Tampoco es novedad que a través de la publicidad mentirosa y engañosa, le digan al pueblo que el sistema de salud, antaño, una verdadera trampa mortal; ahora, “es un sistema ejemplar propio de países del primer mundo”; cuando en la realidad sigue siendo la misma infame y fratricida trampa mortal.

Pero sí resultó una novedad, para los muchísimos usuarios del sistema de salud público ecuatoriano, víctimas debería decir, aquellas que desesperadas por el dolor y la tragedia de una enfermedad o un desgraciado accidente, esperaban desde altas horas de la madrugada, cobijadas por el intenso frío, resguardados por ellos mismos, y acurrucados en las veredas frente a las puertas de los toscos hospitales, a lo largo y ancho de este País, ansiosos, esperando un miserable turno; conocer, al momento de obtener la cita en ventanilla, que los turnos de hoy en adelante se obtendrían a través de la línea telefónica. ¡Vaya sorpresa y vaya reforma radical!

Se dice que mediante ese método las colas de las madrugadas serán historia. Ojalá que así sea; pero, que pasa con las personas que no tienen teléfono, que son muchas. Pues tendrán que buscar un teléfono privado, para hacer las llamadas, un problema tolerable dirán los burócratas. Puede ser. Pero, con cambiar la modalidad de extender las citas, ¿se solucionan los verdaderos problemas de la salud pública?, es decir: maltrato a los usuarios del sistema; irresponsabilidades criminales de pésimos médicos; condición deplorable de personal auxiliar; ausencia de ética y celo profesional de muchos mal llamados “médicos”, verdaderos carniceros inmisericordes; ausencia de medicinas; carencia de especialistas capacitados; destrucción de aparatos costosos por mal uso de los mismos; robo de activos fijos; corrupción en las compras de medicinas; inmoral y alcahuete espíritu de cuerpo e impunidades. Actitud bestial de la tonta burocracia; corrupción de los niveles administrativos y financieros, sindicalismo corrompido, influjo politicastro, etc. etc. etc. Pues, francamente no lo creo.

Tanto no lo creo que resulta muy evidente y entendible ver a Rafael “el mudo” Correa, evitar a cualquier precio pasar por los Hospitales: Eugenio Espejo, Carlos Andrade Marín, Enrique Garcés (del Sur), de Quito, o el San Vicente de Paúl de Ibarra; ni siquiera al de las FF.AA. No, el señorito camarada presidente, agarra maletas y para Cuba, a un Complejo Científico de la Habana, a operarse la pezuña desgarrada. No cabe duda, que la Revolución Ciudadana ha sido y es muy favorable para unos; pero, no, para la gran mayoría. Mientras muchos tienen que esperar meses para una intervención quirúrgica, y ponerse en manos de gente, en muchos casos, muy desconfiable; para unos pocos, poquísimos, chequeo “very important person”, tratamiento de pelucón, en nada más y nada menos que un centro de especialidades de la Habana. Una muestra clara del verdadero concepto de “Igualdad” en un régimen socialista o en la mente y praxis de un socialista de cepa.

Ahora bien, dado que el amado Líder, camarada Caudillo y gran Cacao (caca o caco, ¡qué dilema!, por eso dejémosle en cacao), nos vende el cuento de que en su gobierno se ha instaurado un sistema de salud público eficiente, lógico sería que el “mudo” Rafael, sea consecuente con su propaganda y, por lo mismo, se beneficie de los supuestos éxitos de su socialista gobierno; dejando que su pata lesionada, sea tratada por las mismas “lumbreras” de la salud, que de Lunes a Viernes y en horario de 8 a 10, o solamente los lunes de 9 a 11, o los jueves de 14 a 15 horas, atienden despectiva pero “magnánimamente” a esos “parias” que tienen la infelicidad de usar aquel sistema indigente. Debería, solo que el muy bastardo, no se cree su propia verdad, porque sabe perfectamente que es una muy grande mentira.

Por otro lado, dado que existe una interpretación a la palabra Igualdad, diferente de la tradicionalmente socialista; es decir, que todos somos iguales ante la ley, y por lo mismo tenemos idénticos deberes, obligaciones, facultades, garantías y Derechos; entonces, justo sería que todos los ecuatorianos tuviéramos el mismo tratamiento “very important person”, que tiene el guasón de Carondelet. En tal virtud, cualquier persona, está, en su facultad de demandar al Estado su derecho a hacerse chequear su dolencia, su enfermedad, su pierna lastimada, en el complejo Científico de la Habana u Hospital cinco estrellas, con todos los gastos pagados.


¿Por qué la pezuña del "mudo" Rafael, sí; y la pierna de un ecuatoriano común, no? Sin duda, se debe al concepto socialista de Igualdad de aquellos que se dicen enemigos de la propiedad privada, pero que en la práctica son unos adúlteros amantes de los excesos del capitalismo.

lunes, 28 de julio de 2008

Las fierecillas domadas del SRI





El otro día mientras vagabundeaba por las calles de la ciudad, descubrí con una mezcla de efímero desagrado y desdén, una más de las temibles represalias de las aterradoras fieras inquisidoras del SRI.

Un pequeño negocio de Internet, había sido la nueva víctima de la sed insaciable de venganza del Estado consumidor.

No es difícil encontrarse todos los días con micro negocios clausurados por diferentes motivos. Inclusive en ocasiones he visto a pequeñas tiendas, aquellas en las que ocasionalmente compramos una gaseosa o una caja de fósforos, cerradas por no haber emitido una nota de venta de un par de dólares o quizá unos cuantos centavos.

Ciertamente los ciudadanos debemos pagar impuestos, no voy a cuestionar ese orden fiscal. Pero, qué ocurre cuando el contrato ciudadanos Estado, es roto por este último. Pagar impuestos, de acuerdo, a cambio de eso, los ciudadanos nos merecemos: un sistema de salud público eficiente, seguridad pública, un sistema judicial sustentado en la justicia y la sana jurisprudencia, entre otros servicios públicos. Es decir, con nuestros impuestos estamos comprando calidad de vida pública.

Pero que sucede en la práctica, la realidad es tan diferente. No voy a enunciar los males de la sociedad ecuatoriana, todos somos testigos de tanta ignominia. El Estado a través de la burocracia corrompida se traga descaradamente nuestros impuestos y a cambio nos ofrece la porquería que da la regalada gana, eso, cuando simplemente no sucede, que nos niegue absolutamente sus escuálidos e inmorales servicios.

Entonces me pregunto: ¿Qué calidad moral tiene este Estado criminal y cómplice de todas las fuerzas virulentas que han violentado a la sociedad ecuatoriana para exigir su contribución respecto de un servicio pésimo, indigno o inexistente?

Cuando los pipones de la burocracia desean mejorar sus prebendas, se declaran en paro, a sabiendas que independientemente que no “trabajen” cobrarán por sus días de vagancia huelguista. Mientras tanto aquellos propietarios de los negocios clausurados, que solamente cuentan con los ingresos de la operatividad de los mismos, habrán perdido todos aquellos días que dure el castigo de amo patrón Estado.

Muchos dirán: “ellos mismos tienen la culpa, para que no pagan o cumplen con las reglas de juego”. Puede ser. Es preferible votarles sus tres centavos a los terribles bufones del SRI, que por cierto, cuentan con guardia pretoriana privada, como lo podrán confirmar si visitan los agradables ambientes en que este segmento de burocracia agraciada desempeña su ominosa labor.

Pero, ¿alguien alguna vez escuchó, que se haya hecho, una auditoria patrimonial y fiscal, a los jueces de sistema judicial, muy especialmente a los de las cortes Superior o Suprema? Por lo menos Yo, nunca. Ni para que mencionar a las ratas de Contraloría y demás instituciones disque autonómicamente públicas.

¿Por qué me caen gordos los “chicos malos” del SRI? Porque los muy canallas, son temibles fiscalizadores cuando se trata de sancionar al simple, al común de los corrientes, a ese que no tiene padrinos, al que está a su completa y exclusiva merced. Pero, cuando de sancionar a los peces gordos se trata, ni hablar. Ya sé, los amantes del locuaz parlanchín dirán que: "con el amado líder las cosas han cambiado, sino ahí está el ejemplo de la clausura a Industrial Molinera". Pero, lo que no se dice es que la medida fue politiquera y demagógica, al margen de que haya sido legal. Eso por un lado, pero por otro, no es posible que mientras un oligarca lleva años y años postergando sus obligaciones sin ningún tipo de sanción, a la tienda de la esquina de Don Pedro Pueblo se lo cierre de buenas a primeras.

El Estado debe ser el primero en cumplir con las leyes, con sus obligaciones y deberes para que tenga el respaldo moral al exigir al ciudadano sus responsabilidades y compromisos. Además y no menos importante, así como el Estado cuenta con herramientas para reprimir a los ciudadanos que incumplen con sus exigencias fiscales, así también los civiles tienen el derecho de demandar y sancionar tanto al Estado incompetente como a los funcionarios y burócratas públicos que incumplan con sus funciones y obligaciones. Lamentablemente para el pueblo llano esto último no existe, de ahí la triste realidad de una burocracia indolente, ociosa y corrupta.

No creo que la represión contra los pequeños contribuyentes cese, tampoco se realizará una verdadera reforma fiscal que minimice la complejidad del proceso de cálculo y declaración de los impuestos. El Estado continuará garantizándonos la torpeza, la insensibilidad, la brutalidad y la inmoralidad de los pepenadores públicos. Dudo mucho que los que más facturen paguen más de lo que han venido haciéndolo, ya que la cultura de la coima y la corrupción sigue vigente en el ámbito público. De manera que no deberá sorprendernos que la próxima vez que salgamos a comprar el pan, nos encontremos con la tienda del vecino clausurada, una vez más.