¡Ah Ibarra, Ibarra, hasta cuándo Ibarra, hasta cuándo, ciudad del riachuelo de aguas sucias y nauseabundas más conocido como Tahuando, ciudad de los arropes de mora y los parqueos tarifados, hasta cuándo Ibarra!
¡Hasta cuándo Ibarra, permites que la corrupta e incompetente burocracia te robe, maltrate y humille!
¡Hasta cuándo Villa de San Miguel, permitirás que tus villanos recorran de un lado a otro, cansados, molestos, humillados, decepcionados, en pos de un simple y vulgar tanque de gas!
Pues sí estimado lector, con un poco de decepción y algo de vergüenza ajena, he de señalar que a la Laguna de Yahuarcocha, la Loma de Guayabillas, los monigotes de tanto y tanto santucho que abundan por aquí y allá, entre otros rasgos distintivos de Ibarra, ahora, se incluye ya con frondosa y aristocrática hidalguía la institución de “la escasez de gas doméstico”.
Sí, efectivamente, “la escasez de gas doméstico”, se ha vuelto una verdadera fiesta popular, que se festeja con periodicidad cada vez más repetida. Aclaro que cuando me refiero a "gas doméstico", hablo de las bombonas saturadas de gas licuado de petróleo usado en las cocinas para cocer nuestros alimentos, pues, de la palabra “doméstico”, se deduciría que existe un gas salvaje e indómito, y posiblemente así sea considerando los rumores que recorren los corredores del Palacio de Carondelet, acerca de los conciertos estruendosos, ocasionados por las explosiones furibundas provenientes de las obesas nalgas de feministas y socialistas del siglo XXI, luego de sus opíparas y suculentas orgías alimenticias.
Pero volvamos al asunto que motivó el post. Ibarra desde hace mucho tiempo ha sido despreciada y maltratada por los gobiernos de turno que han sido incapaces para solucionar el problema de la escasez de gas licuado. Es bochornoso mirar la incompetencia y cobardía de las autoridades de la ciudad, frente al abuso del que son víctimas los ibarreños y demás ecuatorianos que habitan esta ciudad.
Hace un par de años, cansado de buscar una pinche bombona con el escaso combustible me dirigí a la Defensoría del Pueblo. Ahí un burócrata, el Defensor del Pueblo, sí el Defensor del Pueblo que ironía ¿verdad?, me recibió, con trato educado debo reconocer. Le señalé que era inaceptable que la ciudad estuviera desabastecida prácticamente dos meses y que las autoridades no hicieran nada para solucionar el problema. Añadiéndole, que seguramente, dada la crisis, algún pillo en complicidad con la burocracia estaba haciendo “buen billete”, aprovechándose de la “oportunidad”.
El burócrata, luego de escucharme, señaló que hacían todo lo que estaba en sus manos pero que “la Refinería de Esmeraldas está en mantenimiento, se llevan el gas para Colombia, los avicultores lo usan para calentar a los pollos, etc”; excusas sobraron.
Luego de repetirme una y otra vez que el problema de escasez se solucionaría en las próximas horas, me despedí, consciente que difícilmente se cumpliría la profecía del falso agorero. Y así fue. En aquella ocasión el desabastecimiento se solucionó después de un mes, creo.
Bueno, fiel a la idiosincrasia, Ibarra, nuevamente está desabastecida de gas doméstico. Frente a la realidad de hombres, mujeres, muchos de ellos personas de edad avanzada, que cargan lastimeramente los pesados cilindros, los pipones de Alianza País, le culpan a todo, menos a su irresponsabilidad e ineptitud.
Entre otras excusas, como ya mencioné, está la fuga del derivado hidrocarburo a Colombia. Cantaleta de toda la vida. Los muy canallas, culpan de las escasez a los gran cabalios que armados de jacas de triste figura cruzan las fronteras cargados con cuatro o seis bombonas. Como que ese insignificante tráfico, justificara la notoria escasez. Por qué estos pipones de Alianza País, no escuchan las reclamos de la gente que denuncia que en la noche verdaderos convoyes repletos de cilindros llenos de gas cruzan la frontera, sin que nadie cuestione su paso. Seguramente les dirán que presenten la denuncia formal ante fiscal.
Ahora bien, ¡qué es lo irónico!, por lo menos en Ibarra, lo chistoso y cargoso del asunto es que Don Rafael Correa y Delgado, tiene fans por montones, esos mismos que andan de un lado a otro mendigando a la torpe burocracia un cochino tanque de gas. ¡Quién les entiende!, aunque en realidad sí que se les entiende, sí que se les entiende. En fin, cosas de mi tierra, de mi Ibarra, ciudad a la que siempre se vuelve. ¡Ah por cierto!, no será malito, si vuelve dará trayendo un tanquecito de gas, que ha de hacer.


