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sábado, 27 de febrero de 2010

Los viles patriotas y sus comadres de la partidocracia.

Una semana atrás había abierto un anexo a este blog, para incluir un grupo de videos, sin comentario alguno, pero, en virtud de lo aburrido que me ha resultado y de cierta decisión tomada últimamente, he determinado dar de baja ese anexo y traspasar los cachivaches a la cueva original, incluido un rápido comentario, que explique la razón de dicho ejercicio.

Así por ejemplo, en el caso del presente video, me pareció interesante presentar la noticia que presentaba a una jorga de asambleístas de Alianza País en desmadre con su ex socio de negocios, el actual Fiscal General de la Nación, personaje insolente de jerga amanerada, que responde al apellido de Pesántez.

Resulta imposible de creer que serviles de Rafael Correa, como Virgilio Hernández y la “gorda horrorosa” María Paula Romo, quienes durante el despelote de Montecristi, época funesta en que se redactó aquel galimatías vergonzoso que Yo lo conozco como la Constitución Correana, pues ciertamente, esa no es la Constitución que los ecuatorianos decentes y sensatos se merecen; digo, estos neo diputadillos, fueron sospechosamente diligentes en delegar o encargar un cargo importantísimo como el de Fiscal General a un tipo como Pesántez; pero, ahora, nos vienen con el cuento de que desconocían los antecedentes profesionales de este sujeto, sobre todo aquel que lo vinculaba con la ex fiscal General Mariana Yépez, mujer cuya fealdad moral solo es superada por su cinismo descarado, ideal de toda feminista. Romo y Hernández y toda la manada correana lo sabían muy bien, y estaban felices con aquello hasta que, por motivos vinculados quizá con “malos” repartos de algún botín las comadres y cachineras terminaron peleándose.

Se dice que Pesántez ganó un concurso de oposición y méritos, la famosa “Meritocracia”, que algunos pelmazos, seudo emprendedores, defienden. Bueno, ahí están las consecuencias. Qué de bueno podíamos esperar si los bichos repugnantes de la partidocracia siguen dominando el sistema.

Los concursos para seleccionar a las personas o profesionales más capacitados para hacer lo bueno y correcto carecen de sentido cuando las reglas del juego las establecen o imparten los pillos para elegirse entre pillos; exactamente lo mismo que está sucediendo en la farsa de concurso para llenar el Consejo Correano de Agresión Ciudadana y Control Social.

Definitivamente, no hay un solo político en ese neo Congreso que defienda la Justicia, la Verdad y la Libertad. Ni uno solo. Ahí está la Lourdes Tibán, pintada la trompa con colorete, con zapatilla de taco alto, como pituca burguesa, usando el teléfono para tontos y gente “vip”, para mostrarse importante ante los demás, para mezclarse con sus iguales en condición; ahí está, defendiendo con piedra y garrote a su compadre Wacho; ahí está la enemiga de los “mestezos jopotas”, emulando las malas prácticas de los testaferros de los gamonales que en el pasado las violaban con impunidad; ahí están lo ponchos dorados engordando, mientras los indígenas en los páramos todavía mueren de tuberculosis, la enfermedad de la pobreza; ahí están echando guarache en el mismísimo plenario del neo Congreso, mientras la indigencia obliga a muchos indígenas a buscar un mendrugo entre la basura y la indolencia de sus propios líderes. Más allá, Andrés “el quico” Páez, heredero del Rrrodri, clamando por la salida del amanerado insolente Pesántez, pero callando, ante la presencia de su compañerito de partido, Ramiro González, Director del IESS en este Gobierno corrupto.

¡Qué cosas, no!

Fiscal General presionó a fiscal que conoció caso de Nathalia Emme; y Lourdes Tibán defiende a su compadre.

miércoles, 27 de enero de 2010

Cuidado peatones: "a cualquiera le puede pasar".

De veras que fastidia escuchar a esos imbéciles que tácitamente justifican la posibilidad de atropellar a los peatones, con el cuento de "a cualquiera le puede pasar". Se nota el intento, no sé si consciente o no, de curarse en lo sano, e inclusive, me atrevería a decir que existe un deseo mojigato de acolitar la posición de la principal imputada en el accidente que le costó la vida a la joven Nathalia Emme. ¿Serían estas personas tan comprensivas y laxas, si el peatón atropellado, bajo las circunstancias del caso en cuestión, fuera parte de su entorno familiar o de amistades?, o entonces sí, reaccionarían con indignación y enojo ante los abusos criminales y la impunidad de la “gente importante”.

Algunos, no escatiman en repetir una y otra vez que se trató de un simple accidente de tráfico de esos que lamentablemente suceden. Pero, las cosas no son tan simples. Todos hemos visto las velocísimas caravanas de la “gente importante”; la manera en que cruzan las avenidas en sus bólidos irrespetando toda norma de tráfico, con la excusa de que, una vez más, son “gente importante”. No importa arrollar a algún peatón “imprudente”, ni tampoco causar un accidente a otros vehículos. No, lo que importa es que, “la gente importa” se haga notar a los demás; manifestar las prebendas que gozan por su condición de “gente importante”; que los pobres diablos que se envilecieron hasta la máxima sordidez con el objeto de pasar a engrosar las infames filas de la “gente importante”, puedan mostrarse ante los demás aunque sea de una manera grotesca y alevosa. Y si eso implica atropellar de vez en cuando a un “simple e imprudente” peatón, pues que se le va hacer, “a cualquier gente importante le puede pasar”.


Pero las cosas no son como a la “gente importante” y sus testaferros les gustaría hacer parecer. Este no es el caso de un peatón irresponsable con tendencias suicidas que irreflexivamente se lanzó a chocar el vehículo de un conductor sensato que viajaba en la vía correspondiente y a una velocidad moderada. No, no es el caso; aunque ciertos imbéciles gacetilleros y politiqueros pretendan repetir hasta el cansancio que se trata de un simple accidente más, seguramente para imponer esa versión de los hechos a la chusma que los ve con ojos amorosos.


Este accidente tiene un par de componentes fundamentales, el abuso de la burocracia y el terrorismo de Estado; condiciones viles ejercidas por los que se consideran dueños del sistema, o “los dueños del circo”, para usar una frase más popular; aquellos que piensan que están por encima del bien y del mal, y por lo mismo, que imaginan puedan hacer lo que les dé la regalada gana; esos que piensan que siempre tendrán la razón porque el sistema les pertenece, aunque las evidencias los desmientan; aquellos pocos, que imaginan, estar por fuera de la ley, o mejor que se creen “la Ley”. Esa es la gran diferencia que los gacetilleros y los politiqueros ignoran o pretenden ignorar.

Todos sabemos muy bien que, de haber sido una persona común y corriente la que manejaba el vehículo, una persona sin padrinos, un individuo para nada “importante”, el tratamiento que hubiera recibido de parte de las diferentes autoridades habría sido totalmente diferente al recibido por la esposa del Fiscal.

Con algo de incredulidad y decepción en unos casos, pero desprecio en otros, he escuchado y leído las opiniones de algunas personas que aceptan con cierta credulidad las versiones de los abogados, politicastros y fiscales, defensores de la principal inculpada en el atropellamiento. Directa o indirectamente, estas personas, le dan crédito a la versión de los principales sospechosos y de los fiscales serviles con su Jefe. A pesar de no haber estado en el lugar de los hechos, estas personas, por diferentes motivos, dan crédito a suposiciones, hipótesis y versiones, que fortifican la defensa y las interpretaciones interesadas de los abogados de la esposa del Fiscal General. Pero estas personas además de olvidar una cosa fundamental, ellos no estuvieron en el lugar de los hechos, ignoran las versiones de los testigos del accidente que sí estuvieron en aquel lugar, y constataron directamente como se desarrollaron lo hechos. Resulta ilógico y digamos un tanto incomprensible, en unos casos, que estas personas, le den un rango de credibilidad a las suposiciones e hipótesis de la supuesta infractora, mientras soslayan o apenas consideran las opiniones de los testigos que señalan con certeza que la esposa del Fiscal manejaba el vehículo; pero, esa actitud dudosa es muy comprensible en, ésos, cuyo único interés es encubrir la verdad de los hechos, y a través de esa infamia, rescatar de las sanciones establecidas en la Ley a la principal imputada.


Dudo mucho que las personas que en ese momento se encontraban en aquel fatídico lugar, hayan sido parte de una conspiración dirigida a “desestabilizar la Fiscalía”; o que, aquellos ciudadanos hayan sido un grupo de poseídos por la tristemente famosa “Justicia Indígena”, y que, de golpe y porrazo buscaran castigar inconscientemente a una “inocente santa”. Difícil creer que se haya tratado de un conciliábulo de agentes colombianos de Uribe, o espías cubanos de Castro, en contra de la esposa del Fiscal. Imposible que hayan sido un montón de sádicos ansiosos por torturar y destruir. No, difícil creer esas versiones. Las personas que transitaban por aquellas zonas eran civiles comunes y corrientes, ocupados en sus asuntos personales, que, impresionados por la violencia del hecho que se desarrollaba ante sus ojos, montaron en cólera y posterior furia al observar el infame encubrimiento que se intentaba desarrollar cínica y perversamente ante sus espantadas miradas. Personas normales, no “gente importante”, cuya palabra merece ser considerada y respetada. ¿A quién deberíamos dar más crédito, a quienes fueron testigos del hecho sin ser parte del mismo, o a una de las partes, la acusada, que escandalosamente tiene el respaldo incondicional de las autoridades que irónicamente deben realizar una investigación imparcial?


Es en verdad indignante la forma en que los gacetilleros y politiqueros se refieren al accidente en sí, “a cualquiera nos puede pasar”, dicen, como si se tratara de algo común y normal. Con una falta absoluta de respeto por la víctima, el peatón, y con una indolencia inaudita por el dolor de los familiares y amigos, “la gente importante”, aquellos que tácitamente declararon inocente a la imputada, esos mismos, se atreven a disque solidarizarse con la familia de la víctima; no sin antes satanizar a quienes exigen justicia.

Por ahí, un canalla, famoso por ser un mentiroso compulsivo, se atreve a retar con la siguiente “adivinanza”: “¿usted cree que un sencillo policía va a arruinar su carrera policial, ¡su vida! por echarse encima una muerte por defender a alguien, una muerte que no cometió?; a mí me parece eso muy difícil”.


Yo no sé si haya algún “sencillo policía” que se impute un crimen que no cometió. Pero lo que sí está demostrado es que hay gente ruin que está dispuesta a cometer los peores delitos que se puedan imaginar con tal de quedar bien con sus amos, con tal de recibir una palmada en la nuca, además de un suculento premio económico; eso cualquier persona inteligente lo sabe. Esta sucia “adivinanza” simplemente está dirigida a generar dudas, y demuestra la obscena capacidad de manipulación de quien la plantea.


Qué irónico y sádico al mismo tiempo que, la expresión “a cualquiera le puede pasar”, significa para unos pocos, la “gente importante”: cínica impunidad. Mientras que para muchos se revela fatalmente como: cruel injusticia.


Cuidado peatones, cuidado, peatones del Ecuador, cuidado; la “gente importante” una y otra vez ha amenazado, “a cualquiera le puede pasar”; cuidado peatones del Ecuador, la “gente importante” ha amenazado.


La objetividad engañosa de vuecelencia Rafael Correa.

viernes, 15 de enero de 2010

Atropellamiento a la Justicia.

Creo que los seres humanos jamás debemos perder la capacidad de indignarnos frente a actos a toda vista injustos y brutales. Jamás deberíamos permanecer indolentes frente a cobardes actos de violencia que en complicidad con un sistema estatal plagado de corrupción pretenden imponer la ley del brutalidad y la sinrazón castigando y satanizando a las víctimas de la estúpida, cruel y cobarde violencia, al tiempo que descaradamente ofrecen impunidad a los victimarios simplemente porque son los dueños o los hijos de ese sistema perverso.

Ayer, en horas de la mañana en una avenida de Quito un vehículo perteneciente a un convoy de aquellos que atufadamente suelen cruzar las calles de las ciudades transportando a la gente “importante” del sistema, atropelló a una joven de 26 años de edad, matándola de contado. Uno de los vehículos, el que golpeó a la joven, de acuerdo a versiones de testigos, estaba siendo conducido por la esposa del Fiscal General de la Nación Washington Pesántez, aquel personaje que solía decir que no tiene tiempo para investigar casos de robos de celulares, aquel que suele acompañar al presidente Correa en alguno que otro viaje al exterior. Mientras que, el otro vehículo, le pertenecía a su escolta de seguridad, la que supuestamente por ley, le corresponde a la familia del Fiscal. Ojalá los ciudadanos comunes y corrientes, aquellos que con sus impuestos pagan los sueldos de los fiscales, incluido el de Pesántez, tuvieran también carro del Estado a la puerta y escolta personal. Pero las cosas no son así.

De acuerdo con testigos del hecho, el vehículo que atropelló a la joven de nacionalidad colombiana, había estado circulando a gran velocidad y en una zona exclusiva del trolebús. En tales circunstancias, los testigos señalan que una vez producido el accidente, la conductora, esposa del Fiscal General, habría salido de su vehículo y procedido a cambiar lugares con su escolta. Hay testigos de aquello.

Debería decir que, la posterior movilización policial dirigida a proteger en los “derechos” de la esposa de Pesantez, fue increíble, por lo alevosa y escandalosa, pero la verdad es que, cada vez que los dueños de este sistema asqueroso y ruin, cometen algún delito o crimen, las fuerzas del Estado, inmediatamente acuden en su defensa para proteger su integridad y “derechos”. No, no es increíble, ni tampoco novedad.


Pero, si es indignante conocer que la esposa de Pesántez haya recuperado la libertad, apenas unas horas después de cometido el crimen; porque hay algo que ciertamente no pueden encubrir; no pueden encubrir el atropellamiento, no pueden encubrir el crimen, por más que infamemente digan que la joven atropellada cruzaba la vía del trole conversando por teléfono.


Igualmente indignante es conocer que la Fiscalía, los fiscales, los subordinados de Pesántez, ignorando las declaraciones públicas de testigos que señalaban a la esposa de Pesántez como la conductora responsable de la muerte de la joven, se atrevan a decir con absoluta ligereza y sin mediar investigación seria, que la esposa del Fiscal General de la Nación no iba conduciendo el vehículo. Seguramente para los fiscales, las palabras de la esposa de Pesántez, valen más que las declaraciones de los testigos y pesan más que la verdad misma. Como que se conforma la figura de prevaricato a pesar de que los abogaditos estos, no son jueces, pero, si emitieron un juicio sospechosamente anticipado e imprudente, y hasta malintencionado, por la injusticia que conlleva contra la víctima.

Me pregunto, que dirá el señor Pedro Restrepo, aquel padre que sufrió en carne propia las infamias de un Estado terrorista, cuando le fueron arrebatados sus hijos por el terrorismo de Estado; cuál será su reacción ahora que forma parte de la Comisión Correana de la seudoverdad, ante este nuevo acto de violencia y encubrimiento en contra de una colombiana inocente. El tiempo lo dirá.

Esto está mal, muy mal, este sistema corrupto está cada vez más cínico, más putrefacto y agresivo. El sistema Judicial y la Fiscalía dan asco, por la calaña inmoral de sus integrantes. En esos ambientes oscuros, siniestros, delincuenciales, La Verdad y La Justicia, sencillamente no existen. En esos tugurios nauseabundos, lugares donde confluyen los apetitos más sórdidos, más denigrantes de la raza humana, las víctimas terminan siendo castigadas, perseguidas o satanizadas; mientras que los verdaderos criminales son protegidos y “reivindicados”. La sentencia inmoral de un juez abyecto le devuelve la “honra” a tanto canalla y miserable que tiene la infausta suerte de contar con padrinos poderoso y peligrosos.


Esto es definitivamente una mierda. Vivimos en un País donde la vida de las personas prácticamente vale poco o nada. Vivimos en un País donde no se respeta nada. Un lugar en donde los patriotas y los dueños del sistema se mueven dentro de la máxima mercantil: “todo se compra y todo se vende”. Un lugar donde cierta gente está dispuesta a arriesgar su inmundo pellejo a favor de acciones perversas, inmorales, ruines; hasta el punto de atribuirse el delito o crimen de otro miserable; pero cuando el teléfono llama al verdadero heroísmo nadie se atreve a contestar, salvo algún idealista incauto o un inocente hombre honesto. ¡Qué cosas no! Dónde estarán esos beatos malditos que se etiquetan de humanistas y que suelen llenarse el hocico criticando a los “pesimistas” y "aguafiestas". Talvez no pueden decir nada porque tienen el hocico lleno de tanto tragar, gracias a este sistema de mierda.

Esposa de Fiscal General Washington Pesántez acusada de atropellar y matar a una joven mujer, recupera libertad a las pocas horas.