Mostrando entradas con la etiqueta gacetilleros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta gacetilleros. Mostrar todas las entradas
miércoles, 27 de enero de 2010
Cuidado peatones: "a cualquiera le puede pasar".
De veras que fastidia escuchar a esos imbéciles que tácitamente justifican la posibilidad de atropellar a los peatones, con el cuento de "a cualquiera le puede pasar". Se nota el intento, no sé si consciente o no, de curarse en lo sano, e inclusive, me atrevería a decir que existe un deseo mojigato de acolitar la posición de la principal imputada en el accidente que le costó la vida a la joven Nathalia Emme. ¿Serían estas personas tan comprensivas y laxas, si el peatón atropellado, bajo las circunstancias del caso en cuestión, fuera parte de su entorno familiar o de amistades?, o entonces sí, reaccionarían con indignación y enojo ante los abusos criminales y la impunidad de la “gente importante”.
Algunos, no escatiman en repetir una y otra vez que se trató de un simple accidente de tráfico de esos que lamentablemente suceden. Pero, las cosas no son tan simples. Todos hemos visto las velocísimas caravanas de la “gente importante”; la manera en que cruzan las avenidas en sus bólidos irrespetando toda norma de tráfico, con la excusa de que, una vez más, son “gente importante”. No importa arrollar a algún peatón “imprudente”, ni tampoco causar un accidente a otros vehículos. No, lo que importa es que, “la gente importa” se haga notar a los demás; manifestar las prebendas que gozan por su condición de “gente importante”; que los pobres diablos que se envilecieron hasta la máxima sordidez con el objeto de pasar a engrosar las infames filas de la “gente importante”, puedan mostrarse ante los demás aunque sea de una manera grotesca y alevosa. Y si eso implica atropellar de vez en cuando a un “simple e imprudente” peatón, pues que se le va hacer, “a cualquier gente importante le puede pasar”.
Pero las cosas no son como a la “gente importante” y sus testaferros les gustaría hacer parecer. Este no es el caso de un peatón irresponsable con tendencias suicidas que irreflexivamente se lanzó a chocar el vehículo de un conductor sensato que viajaba en la vía correspondiente y a una velocidad moderada. No, no es el caso; aunque ciertos imbéciles gacetilleros y politiqueros pretendan repetir hasta el cansancio que se trata de un simple accidente más, seguramente para imponer esa versión de los hechos a la chusma que los ve con ojos amorosos.
Este accidente tiene un par de componentes fundamentales, el abuso de la burocracia y el terrorismo de Estado; condiciones viles ejercidas por los que se consideran dueños del sistema, o “los dueños del circo”, para usar una frase más popular; aquellos que piensan que están por encima del bien y del mal, y por lo mismo, que imaginan puedan hacer lo que les dé la regalada gana; esos que piensan que siempre tendrán la razón porque el sistema les pertenece, aunque las evidencias los desmientan; aquellos pocos, que imaginan, estar por fuera de la ley, o mejor que se creen “la Ley”. Esa es la gran diferencia que los gacetilleros y los politiqueros ignoran o pretenden ignorar.
Todos sabemos muy bien que, de haber sido una persona común y corriente la que manejaba el vehículo, una persona sin padrinos, un individuo para nada “importante”, el tratamiento que hubiera recibido de parte de las diferentes autoridades habría sido totalmente diferente al recibido por la esposa del Fiscal.
Con algo de incredulidad y decepción en unos casos, pero desprecio en otros, he escuchado y leído las opiniones de algunas personas que aceptan con cierta credulidad las versiones de los abogados, politicastros y fiscales, defensores de la principal inculpada en el atropellamiento. Directa o indirectamente, estas personas, le dan crédito a la versión de los principales sospechosos y de los fiscales serviles con su Jefe. A pesar de no haber estado en el lugar de los hechos, estas personas, por diferentes motivos, dan crédito a suposiciones, hipótesis y versiones, que fortifican la defensa y las interpretaciones interesadas de los abogados de la esposa del Fiscal General. Pero estas personas además de olvidar una cosa fundamental, ellos no estuvieron en el lugar de los hechos, ignoran las versiones de los testigos del accidente que sí estuvieron en aquel lugar, y constataron directamente como se desarrollaron lo hechos. Resulta ilógico y digamos un tanto incomprensible, en unos casos, que estas personas, le den un rango de credibilidad a las suposiciones e hipótesis de la supuesta infractora, mientras soslayan o apenas consideran las opiniones de los testigos que señalan con certeza que la esposa del Fiscal manejaba el vehículo; pero, esa actitud dudosa es muy comprensible en, ésos, cuyo único interés es encubrir la verdad de los hechos, y a través de esa infamia, rescatar de las sanciones establecidas en la Ley a la principal imputada.
Dudo mucho que las personas que en ese momento se encontraban en aquel fatídico lugar, hayan sido parte de una conspiración dirigida a “desestabilizar la Fiscalía”; o que, aquellos ciudadanos hayan sido un grupo de poseídos por la tristemente famosa “Justicia Indígena”, y que, de golpe y porrazo buscaran castigar inconscientemente a una “inocente santa”. Difícil creer que se haya tratado de un conciliábulo de agentes colombianos de Uribe, o espías cubanos de Castro, en contra de la esposa del Fiscal. Imposible que hayan sido un montón de sádicos ansiosos por torturar y destruir. No, difícil creer esas versiones. Las personas que transitaban por aquellas zonas eran civiles comunes y corrientes, ocupados en sus asuntos personales, que, impresionados por la violencia del hecho que se desarrollaba ante sus ojos, montaron en cólera y posterior furia al observar el infame encubrimiento que se intentaba desarrollar cínica y perversamente ante sus espantadas miradas. Personas normales, no “gente importante”, cuya palabra merece ser considerada y respetada. ¿A quién deberíamos dar más crédito, a quienes fueron testigos del hecho sin ser parte del mismo, o a una de las partes, la acusada, que escandalosamente tiene el respaldo incondicional de las autoridades que irónicamente deben realizar una investigación imparcial?
Es en verdad indignante la forma en que los gacetilleros y politiqueros se refieren al accidente en sí, “a cualquiera nos puede pasar”, dicen, como si se tratara de algo común y normal. Con una falta absoluta de respeto por la víctima, el peatón, y con una indolencia inaudita por el dolor de los familiares y amigos, “la gente importante”, aquellos que tácitamente declararon inocente a la imputada, esos mismos, se atreven a disque solidarizarse con la familia de la víctima; no sin antes satanizar a quienes exigen justicia.
Por ahí, un canalla, famoso por ser un mentiroso compulsivo, se atreve a retar con la siguiente “adivinanza”: “¿usted cree que un sencillo policía va a arruinar su carrera policial, ¡su vida! por echarse encima una muerte por defender a alguien, una muerte que no cometió?; a mí me parece eso muy difícil”.
Yo no sé si haya algún “sencillo policía” que se impute un crimen que no cometió. Pero lo que sí está demostrado es que hay gente ruin que está dispuesta a cometer los peores delitos que se puedan imaginar con tal de quedar bien con sus amos, con tal de recibir una palmada en la nuca, además de un suculento premio económico; eso cualquier persona inteligente lo sabe. Esta sucia “adivinanza” simplemente está dirigida a generar dudas, y demuestra la obscena capacidad de manipulación de quien la plantea.
Qué irónico y sádico al mismo tiempo que, la expresión “a cualquiera le puede pasar”, significa para unos pocos, la “gente importante”: cínica impunidad. Mientras que para muchos se revela fatalmente como: cruel injusticia.
Cuidado peatones, cuidado, peatones del Ecuador, cuidado; la “gente importante” una y otra vez ha amenazado, “a cualquiera le puede pasar”; cuidado peatones del Ecuador, la “gente importante” ha amenazado.
La objetividad engañosa de vuecelencia Rafael Correa.
Algunos, no escatiman en repetir una y otra vez que se trató de un simple accidente de tráfico de esos que lamentablemente suceden. Pero, las cosas no son tan simples. Todos hemos visto las velocísimas caravanas de la “gente importante”; la manera en que cruzan las avenidas en sus bólidos irrespetando toda norma de tráfico, con la excusa de que, una vez más, son “gente importante”. No importa arrollar a algún peatón “imprudente”, ni tampoco causar un accidente a otros vehículos. No, lo que importa es que, “la gente importa” se haga notar a los demás; manifestar las prebendas que gozan por su condición de “gente importante”; que los pobres diablos que se envilecieron hasta la máxima sordidez con el objeto de pasar a engrosar las infames filas de la “gente importante”, puedan mostrarse ante los demás aunque sea de una manera grotesca y alevosa. Y si eso implica atropellar de vez en cuando a un “simple e imprudente” peatón, pues que se le va hacer, “a cualquier gente importante le puede pasar”.
Pero las cosas no son como a la “gente importante” y sus testaferros les gustaría hacer parecer. Este no es el caso de un peatón irresponsable con tendencias suicidas que irreflexivamente se lanzó a chocar el vehículo de un conductor sensato que viajaba en la vía correspondiente y a una velocidad moderada. No, no es el caso; aunque ciertos imbéciles gacetilleros y politiqueros pretendan repetir hasta el cansancio que se trata de un simple accidente más, seguramente para imponer esa versión de los hechos a la chusma que los ve con ojos amorosos.
Este accidente tiene un par de componentes fundamentales, el abuso de la burocracia y el terrorismo de Estado; condiciones viles ejercidas por los que se consideran dueños del sistema, o “los dueños del circo”, para usar una frase más popular; aquellos que piensan que están por encima del bien y del mal, y por lo mismo, que imaginan puedan hacer lo que les dé la regalada gana; esos que piensan que siempre tendrán la razón porque el sistema les pertenece, aunque las evidencias los desmientan; aquellos pocos, que imaginan, estar por fuera de la ley, o mejor que se creen “la Ley”. Esa es la gran diferencia que los gacetilleros y los politiqueros ignoran o pretenden ignorar.
Todos sabemos muy bien que, de haber sido una persona común y corriente la que manejaba el vehículo, una persona sin padrinos, un individuo para nada “importante”, el tratamiento que hubiera recibido de parte de las diferentes autoridades habría sido totalmente diferente al recibido por la esposa del Fiscal.
Con algo de incredulidad y decepción en unos casos, pero desprecio en otros, he escuchado y leído las opiniones de algunas personas que aceptan con cierta credulidad las versiones de los abogados, politicastros y fiscales, defensores de la principal inculpada en el atropellamiento. Directa o indirectamente, estas personas, le dan crédito a la versión de los principales sospechosos y de los fiscales serviles con su Jefe. A pesar de no haber estado en el lugar de los hechos, estas personas, por diferentes motivos, dan crédito a suposiciones, hipótesis y versiones, que fortifican la defensa y las interpretaciones interesadas de los abogados de la esposa del Fiscal General. Pero estas personas además de olvidar una cosa fundamental, ellos no estuvieron en el lugar de los hechos, ignoran las versiones de los testigos del accidente que sí estuvieron en aquel lugar, y constataron directamente como se desarrollaron lo hechos. Resulta ilógico y digamos un tanto incomprensible, en unos casos, que estas personas, le den un rango de credibilidad a las suposiciones e hipótesis de la supuesta infractora, mientras soslayan o apenas consideran las opiniones de los testigos que señalan con certeza que la esposa del Fiscal manejaba el vehículo; pero, esa actitud dudosa es muy comprensible en, ésos, cuyo único interés es encubrir la verdad de los hechos, y a través de esa infamia, rescatar de las sanciones establecidas en la Ley a la principal imputada.
Dudo mucho que las personas que en ese momento se encontraban en aquel fatídico lugar, hayan sido parte de una conspiración dirigida a “desestabilizar la Fiscalía”; o que, aquellos ciudadanos hayan sido un grupo de poseídos por la tristemente famosa “Justicia Indígena”, y que, de golpe y porrazo buscaran castigar inconscientemente a una “inocente santa”. Difícil creer que se haya tratado de un conciliábulo de agentes colombianos de Uribe, o espías cubanos de Castro, en contra de la esposa del Fiscal. Imposible que hayan sido un montón de sádicos ansiosos por torturar y destruir. No, difícil creer esas versiones. Las personas que transitaban por aquellas zonas eran civiles comunes y corrientes, ocupados en sus asuntos personales, que, impresionados por la violencia del hecho que se desarrollaba ante sus ojos, montaron en cólera y posterior furia al observar el infame encubrimiento que se intentaba desarrollar cínica y perversamente ante sus espantadas miradas. Personas normales, no “gente importante”, cuya palabra merece ser considerada y respetada. ¿A quién deberíamos dar más crédito, a quienes fueron testigos del hecho sin ser parte del mismo, o a una de las partes, la acusada, que escandalosamente tiene el respaldo incondicional de las autoridades que irónicamente deben realizar una investigación imparcial?
Es en verdad indignante la forma en que los gacetilleros y politiqueros se refieren al accidente en sí, “a cualquiera nos puede pasar”, dicen, como si se tratara de algo común y normal. Con una falta absoluta de respeto por la víctima, el peatón, y con una indolencia inaudita por el dolor de los familiares y amigos, “la gente importante”, aquellos que tácitamente declararon inocente a la imputada, esos mismos, se atreven a disque solidarizarse con la familia de la víctima; no sin antes satanizar a quienes exigen justicia.
Por ahí, un canalla, famoso por ser un mentiroso compulsivo, se atreve a retar con la siguiente “adivinanza”: “¿usted cree que un sencillo policía va a arruinar su carrera policial, ¡su vida! por echarse encima una muerte por defender a alguien, una muerte que no cometió?; a mí me parece eso muy difícil”.
Yo no sé si haya algún “sencillo policía” que se impute un crimen que no cometió. Pero lo que sí está demostrado es que hay gente ruin que está dispuesta a cometer los peores delitos que se puedan imaginar con tal de quedar bien con sus amos, con tal de recibir una palmada en la nuca, además de un suculento premio económico; eso cualquier persona inteligente lo sabe. Esta sucia “adivinanza” simplemente está dirigida a generar dudas, y demuestra la obscena capacidad de manipulación de quien la plantea.
Qué irónico y sádico al mismo tiempo que, la expresión “a cualquiera le puede pasar”, significa para unos pocos, la “gente importante”: cínica impunidad. Mientras que para muchos se revela fatalmente como: cruel injusticia.
Cuidado peatones, cuidado, peatones del Ecuador, cuidado; la “gente importante” una y otra vez ha amenazado, “a cualquiera le puede pasar”; cuidado peatones del Ecuador, la “gente importante” ha amenazado.
La objetividad engañosa de vuecelencia Rafael Correa.
Etiquetas:
burocracia,
corrupción,
fiscales,
gacetilleros,
justicia,
politiqueros,
Rafael Correa
miércoles, 17 de junio de 2009
El libertinaje de Teleamazonas y las brusquedades de los lacayos del Tirano guasón.
Muchos ecuatorianos fuimos testigos de como el principal del Conartel, un don nadie de esos que abundan en el gobierno de la Involución Ciudadana, declaró que las filmaciones y reportaje, realizados por periodistas de Teleamazonas, en el ex Comisariato Santa Isabel en Guayaquil donde supuestamente se estaban ingresando y monitoreando datos de las últimas elecciones para presidente de la república, “no ameritaban sanción alguna”. Sin embargo, uno o dos días después, seguramente luego de la carajeada del Mudo de Carondelet, el Presidente del Conartel cambió su opinión e inició la investigación en contra de Teleamazonas.
Tengo entendido que una de las quejas contra Teleamazonas está vinculada con haber transmitido escenas de una corrida de toros, en horario indebido. Quienes han tenido la gentileza de leer mis comentarios probablemente se habrán topado con mis opiniones respecto de las llamadas “ferias bravas”. Pero, para quienes no lo han hecho permítanme intentar resumir mis opiniones sobre ese asunto en pocas palabras: Solamente gente bruta o mentalmente enferma puede solazarse ante el espectáculo cruel y sangriento de un grupo de psicópatas torturando a un asustado e inocente animal. Teleamazonas, ciertamente promociona ese tipo de espectáculos brutales y perversos. Sus dueños, los dueños de Teleamazonas son los principales promotores y seguidores de aquella fiesta perversa que ofende y mancha la sensibilidad de una Ciudad Cosmopolita como Quito.
La acción de Correa de sancionar a Teleamazonas por la mencionada transmisión, demuestra una vez más lo hipócrita y cobarde que es el Gran Patán, así como sus deseos protervos y sus intereses encubiertos detrás de supuestas buenas intenciones. Cuando lo lógico y decente sería eliminar de una vez por todas aquel show plagado de vicio y extrema crueldad; cuando lo honesto sería acabar de una vez por todas tanto salvajismo y maldad que hiere la sensibilidad no solamente de miles de quiteños sino de millones de ecuatorianos; el Mudo de Carondelet, da luz verde a la sevicia de los chapetones curuchupas, pero, “valientemente” les fija horarios para que disfruten de aquellas muestras de sadismo ruin. Horarios que por lo visto terminaron siendo olvidados, quizá por omisión involuntaria o talvez como muestra del “respeto” que los dueños del “lindo canal” le tienen al Mudo.
Luego, viene el escándalo de la noticia sobre la explotación de petróleo o gas en la Isla Puna y la alarma que causó en la comunidad de pescadores la posible huida de los peces que aquella prospección y explotación causarían. Primero, me parecen justas las dudas y temores de los habitantes de aquella Isla. La experiencia ha demostrado que el negocio petrolero destruye la calidad de vida de los pueblos aledaños a dicha explotación. El supuesto progreso que trae el oro negro a aquellas comunidades es puro cuento chino. Depredación de la naturaleza, contaminación, prostíbulos, cantinas, delincuencia, violencia, esos son los verdaderos “progresos” que la actividad minera y petrolera crean en aquellos pueblos. Las explicaciones interesadas de los micos de la revolución correana no son suficientes, es más no merecen ninguna credibilidad. Tampoco me interesa conocer lo que tengan que decir los pipones de Fundación Natura; solos, se desenmascararon en el escándalo del relleno de basura de la Capital. Sí me gustaría saber que dicen los especialistas de Greenpeace, Sea Sheperd y la World Wildlife Fund.
Pero supongamos que efectivamente hubo extrema irresponsabilidad en los periodistas de Teleamazonas al presentar una versión de los hechos totalmente alarmista y falaz. Imaginemos que así fue. Les parece lícito o justo, comerse un canal de televisión que significa en términos económicos una inversión millonaria, acabar con decenas de puestos de trabajo de un plumazo, abrir las puertas de par en par para en un futuro eliminar la libertad de expresión e información, colocar una espada de Damocles pendiendo de cada medio de comunicación que no se arrodille al Tirano de la sonrisa guasona. A mí me parece una completa estupidez, de esas que lamentablemente ya son costumbre en los fieles seguidores de la espada mocha de Bolívar.
Cuando lo lógico y justo sería sancionar a ese periodista y al director de Noticias, y en última instancia al noticiero; los torpes, prepotentes y alevosos vocales del Conartel, instigados por Correa, quieren comerse todo el canal. Qué culpa de la noticia engañosa tiene por ejemplo el equipo de información deportiva; qué tienen que ver las transmisiones de fútbol con las malas intenciones del jefe de Noticias; acaso quienes se encargan de la sección de dibujos animados deben pagar los platos rotos de algunos irresponsables. Como se nota la calidad Socialista, que tienen las disposiciones, decisiones y sanciones de los secuaces del Gran Patán y sus patiños del politburó chabacano.
Sobre el asunto de los Simpson y Dragon Ball Z; bueno, eso ya es para mejor reírse. Pero más chistoso todavía es que los hijos de los ¡estúpidos socialistas! e ¡imbéciles seudo comunistas! deben ser hinchas del Pícoro Daimacú o del Milkhouse.
Recuerden ustedes que el milico de Venezuela, Chávez creo que se llama el parlanchín ese, hace algún tiempo quiso censurar los Simpson en su hacienda petrolera. En realidad no sé si lo logró o no.
Qué pensará el Mudo de Carondelet, talvez que: “los Simpson son el instrumento de propaganda de la doctrina imperialista que los cerdos yankys usan para infiltrarse en los hogares ecuatorianos”. Pobre Mudo. El poder no le sirve de nada, por lo menos no para algo positivo; sigue siendo el mismo simplón plagado de complejos y frustraciones de sus épocas de boyscout.
Supongo que el Héroe de Dayuma consciente de que no es capaz de convertirse en supersaiyayin, de pura rabieta, se la tomó contra Gokú. Alguien debería recordarle que a pesar de sus actitudes y conductas caricaturescas, definitivamente el Mudo es casi un ser humano y no un personaje de comic.
El canal del Banco Pichincha, o mejor, el canal de los dueños del Banco Pichincha, Teleamazonas, no representa el ideal de la libertad de expresión, ni mucho menos el modelo de la presentación de información veraz, justa y honrada. En más de una ocasión he comentado con algunos amigos como los dueños y testaferros de los noticieros de ese canal invitan casi siempre a los mismos hijos bastardos de la ramera partidocracia. Cierto, algunas noticias son presentadas de manera parcial, mientras otras son encubiertas. Algunos bufones de baja calaña son publicitados como los grandes analistas, mientras que a otros actores políticos se los sataniza descaradamente. Muchos de aquellos gacetilleros se creen los dueños de la verdad, es cierto. Pero no es con represalias, actos de venganza y sanciones totalmente desmedidas e injustas que se enfrenta al periodismo malintencionado.
Mirando las protestas de los amigos incondicionales del “lindo canal” se me viene a la mente cierto caso, que muestra la hipocresía de cierta gente que defiende los excesos alevosos del libertinaje de una jorga, pero, ataca, prohíbe o censura el derecho de las personas a expresarse libremente. Hace algún tiempo invitado por un bloggero asistí a un foro quiteño, que después demostró ser una cloaca pútrida de mentira e hipocresía de alguna manera vinculada con los testaferros de los patrones de la opinión pública burguesa y acomplejada. En aquella oportunidad recuerdo que una basura parlante que insultaba gratuitamente a Correa y a sus seguidores se atrevió a censurar mis opiniones acerca de lo enfermizo de ciertas fiestas chapetonas de la plástica “gente linda”. Entonces, escribí mi carta de despedida, coloqué al inmundo patán en su lugar y no volví nunca más por aquellos nauseabundos parajes. Es fácil concluir que esas basuras curuchupas deben estar consternadas con la posibilidad de que Teleamazonas sea clausurado. Ese tipo de lacras sociales son las que defienden irrestrictamente el “derecho” de los dueños de la opinión pública a decir lo que les da la regalada gana y a publicar sus verdades de acuerdo a sus conveniencias muy vinculadas con sus rastreras calidades.
Un amigo me decía que había salido a uno de los mítines a favor de Teleamazonas y que seguiría haciéndolo. Ciertamente, Yo no lo haría, claro, si estuviera viviendo en Quito. La mayoría de gente que pregona en las afueras del “lindo canal” no defiende la libertad de expresión o la libertad de informar verazmente, y me refiero específicamente a aquellos que directa o indirectamente están vinculados con aquel canal, con los dueños del mismo y con las tendencias sociales y políticas plagadas de prejuicios curuchupas. No digo que no haya por ahí algún ingenuo que grite a favor de las libertades. Debe haberlo, sin duda. Pero, démosle a cada cosa su lugar. No, el canal del Banco Pichincha no es el ícono de la Prensa libre y honesta; Teleamazonas defiende su “derecho” a decir lo que más le conviene a los intereses de los dueños de Teleamazonas; eso no quiere decir que en muchos casos se presente información objetiva; pero, sí, que en ocasiones se informa en función de libretos preestablecidos por los dueños del circo, en cuyo caso los gacetilleros de honorarios dorados se limitan a repetir lo que sus jefes les ordenan. Por lo mismo, que griten no más entre ellos.
Sin embargo, debo señalar que sancionar a Teleamazonas por las causales mencionadas es absolutamente injusto. Imagínense a un juez condenándole a cadena perpetua a un ciclista que iba en contravía, solamente porque le cae mal. ¡Completamente injusto!
Finalmente, qué irónico que los medios que señalan la “violencia” que sufren de parte del gobierno de los disque socialistas, y se quejan de las amenazas a la libertad de expresión e información provenientes de las acciones de los testaferros correanos; para nada les moleste la soledad e indefensión que sufren los comunes y corrientes miembros de la sociedad ecuatoriana en términos de manifestar sus necesidades, deseos, aficiones, afectos, expresiones, opiniones, etc. ¿Quién le dio a Emilio Palacio la calidad de dueño de la Opinión Pública, talvez el mismo que le dio la categoría de “mamá de los pollitos” a Rafael Correa? Ustedes que dicen amigos lectores.
Tengo entendido que una de las quejas contra Teleamazonas está vinculada con haber transmitido escenas de una corrida de toros, en horario indebido. Quienes han tenido la gentileza de leer mis comentarios probablemente se habrán topado con mis opiniones respecto de las llamadas “ferias bravas”. Pero, para quienes no lo han hecho permítanme intentar resumir mis opiniones sobre ese asunto en pocas palabras: Solamente gente bruta o mentalmente enferma puede solazarse ante el espectáculo cruel y sangriento de un grupo de psicópatas torturando a un asustado e inocente animal. Teleamazonas, ciertamente promociona ese tipo de espectáculos brutales y perversos. Sus dueños, los dueños de Teleamazonas son los principales promotores y seguidores de aquella fiesta perversa que ofende y mancha la sensibilidad de una Ciudad Cosmopolita como Quito.
La acción de Correa de sancionar a Teleamazonas por la mencionada transmisión, demuestra una vez más lo hipócrita y cobarde que es el Gran Patán, así como sus deseos protervos y sus intereses encubiertos detrás de supuestas buenas intenciones. Cuando lo lógico y decente sería eliminar de una vez por todas aquel show plagado de vicio y extrema crueldad; cuando lo honesto sería acabar de una vez por todas tanto salvajismo y maldad que hiere la sensibilidad no solamente de miles de quiteños sino de millones de ecuatorianos; el Mudo de Carondelet, da luz verde a la sevicia de los chapetones curuchupas, pero, “valientemente” les fija horarios para que disfruten de aquellas muestras de sadismo ruin. Horarios que por lo visto terminaron siendo olvidados, quizá por omisión involuntaria o talvez como muestra del “respeto” que los dueños del “lindo canal” le tienen al Mudo.
Luego, viene el escándalo de la noticia sobre la explotación de petróleo o gas en la Isla Puna y la alarma que causó en la comunidad de pescadores la posible huida de los peces que aquella prospección y explotación causarían. Primero, me parecen justas las dudas y temores de los habitantes de aquella Isla. La experiencia ha demostrado que el negocio petrolero destruye la calidad de vida de los pueblos aledaños a dicha explotación. El supuesto progreso que trae el oro negro a aquellas comunidades es puro cuento chino. Depredación de la naturaleza, contaminación, prostíbulos, cantinas, delincuencia, violencia, esos son los verdaderos “progresos” que la actividad minera y petrolera crean en aquellos pueblos. Las explicaciones interesadas de los micos de la revolución correana no son suficientes, es más no merecen ninguna credibilidad. Tampoco me interesa conocer lo que tengan que decir los pipones de Fundación Natura; solos, se desenmascararon en el escándalo del relleno de basura de la Capital. Sí me gustaría saber que dicen los especialistas de Greenpeace, Sea Sheperd y la World Wildlife Fund.
Pero supongamos que efectivamente hubo extrema irresponsabilidad en los periodistas de Teleamazonas al presentar una versión de los hechos totalmente alarmista y falaz. Imaginemos que así fue. Les parece lícito o justo, comerse un canal de televisión que significa en términos económicos una inversión millonaria, acabar con decenas de puestos de trabajo de un plumazo, abrir las puertas de par en par para en un futuro eliminar la libertad de expresión e información, colocar una espada de Damocles pendiendo de cada medio de comunicación que no se arrodille al Tirano de la sonrisa guasona. A mí me parece una completa estupidez, de esas que lamentablemente ya son costumbre en los fieles seguidores de la espada mocha de Bolívar.
Cuando lo lógico y justo sería sancionar a ese periodista y al director de Noticias, y en última instancia al noticiero; los torpes, prepotentes y alevosos vocales del Conartel, instigados por Correa, quieren comerse todo el canal. Qué culpa de la noticia engañosa tiene por ejemplo el equipo de información deportiva; qué tienen que ver las transmisiones de fútbol con las malas intenciones del jefe de Noticias; acaso quienes se encargan de la sección de dibujos animados deben pagar los platos rotos de algunos irresponsables. Como se nota la calidad Socialista, que tienen las disposiciones, decisiones y sanciones de los secuaces del Gran Patán y sus patiños del politburó chabacano.
Sobre el asunto de los Simpson y Dragon Ball Z; bueno, eso ya es para mejor reírse. Pero más chistoso todavía es que los hijos de los ¡estúpidos socialistas! e ¡imbéciles seudo comunistas! deben ser hinchas del Pícoro Daimacú o del Milkhouse.
Recuerden ustedes que el milico de Venezuela, Chávez creo que se llama el parlanchín ese, hace algún tiempo quiso censurar los Simpson en su hacienda petrolera. En realidad no sé si lo logró o no.
Qué pensará el Mudo de Carondelet, talvez que: “los Simpson son el instrumento de propaganda de la doctrina imperialista que los cerdos yankys usan para infiltrarse en los hogares ecuatorianos”. Pobre Mudo. El poder no le sirve de nada, por lo menos no para algo positivo; sigue siendo el mismo simplón plagado de complejos y frustraciones de sus épocas de boyscout.
Supongo que el Héroe de Dayuma consciente de que no es capaz de convertirse en supersaiyayin, de pura rabieta, se la tomó contra Gokú. Alguien debería recordarle que a pesar de sus actitudes y conductas caricaturescas, definitivamente el Mudo es casi un ser humano y no un personaje de comic.
El canal del Banco Pichincha, o mejor, el canal de los dueños del Banco Pichincha, Teleamazonas, no representa el ideal de la libertad de expresión, ni mucho menos el modelo de la presentación de información veraz, justa y honrada. En más de una ocasión he comentado con algunos amigos como los dueños y testaferros de los noticieros de ese canal invitan casi siempre a los mismos hijos bastardos de la ramera partidocracia. Cierto, algunas noticias son presentadas de manera parcial, mientras otras son encubiertas. Algunos bufones de baja calaña son publicitados como los grandes analistas, mientras que a otros actores políticos se los sataniza descaradamente. Muchos de aquellos gacetilleros se creen los dueños de la verdad, es cierto. Pero no es con represalias, actos de venganza y sanciones totalmente desmedidas e injustas que se enfrenta al periodismo malintencionado.
Mirando las protestas de los amigos incondicionales del “lindo canal” se me viene a la mente cierto caso, que muestra la hipocresía de cierta gente que defiende los excesos alevosos del libertinaje de una jorga, pero, ataca, prohíbe o censura el derecho de las personas a expresarse libremente. Hace algún tiempo invitado por un bloggero asistí a un foro quiteño, que después demostró ser una cloaca pútrida de mentira e hipocresía de alguna manera vinculada con los testaferros de los patrones de la opinión pública burguesa y acomplejada. En aquella oportunidad recuerdo que una basura parlante que insultaba gratuitamente a Correa y a sus seguidores se atrevió a censurar mis opiniones acerca de lo enfermizo de ciertas fiestas chapetonas de la plástica “gente linda”. Entonces, escribí mi carta de despedida, coloqué al inmundo patán en su lugar y no volví nunca más por aquellos nauseabundos parajes. Es fácil concluir que esas basuras curuchupas deben estar consternadas con la posibilidad de que Teleamazonas sea clausurado. Ese tipo de lacras sociales son las que defienden irrestrictamente el “derecho” de los dueños de la opinión pública a decir lo que les da la regalada gana y a publicar sus verdades de acuerdo a sus conveniencias muy vinculadas con sus rastreras calidades.
Un amigo me decía que había salido a uno de los mítines a favor de Teleamazonas y que seguiría haciéndolo. Ciertamente, Yo no lo haría, claro, si estuviera viviendo en Quito. La mayoría de gente que pregona en las afueras del “lindo canal” no defiende la libertad de expresión o la libertad de informar verazmente, y me refiero específicamente a aquellos que directa o indirectamente están vinculados con aquel canal, con los dueños del mismo y con las tendencias sociales y políticas plagadas de prejuicios curuchupas. No digo que no haya por ahí algún ingenuo que grite a favor de las libertades. Debe haberlo, sin duda. Pero, démosle a cada cosa su lugar. No, el canal del Banco Pichincha no es el ícono de la Prensa libre y honesta; Teleamazonas defiende su “derecho” a decir lo que más le conviene a los intereses de los dueños de Teleamazonas; eso no quiere decir que en muchos casos se presente información objetiva; pero, sí, que en ocasiones se informa en función de libretos preestablecidos por los dueños del circo, en cuyo caso los gacetilleros de honorarios dorados se limitan a repetir lo que sus jefes les ordenan. Por lo mismo, que griten no más entre ellos.
Sin embargo, debo señalar que sancionar a Teleamazonas por las causales mencionadas es absolutamente injusto. Imagínense a un juez condenándole a cadena perpetua a un ciclista que iba en contravía, solamente porque le cae mal. ¡Completamente injusto!
Finalmente, qué irónico que los medios que señalan la “violencia” que sufren de parte del gobierno de los disque socialistas, y se quejan de las amenazas a la libertad de expresión e información provenientes de las acciones de los testaferros correanos; para nada les moleste la soledad e indefensión que sufren los comunes y corrientes miembros de la sociedad ecuatoriana en términos de manifestar sus necesidades, deseos, aficiones, afectos, expresiones, opiniones, etc. ¿Quién le dio a Emilio Palacio la calidad de dueño de la Opinión Pública, talvez el mismo que le dio la categoría de “mamá de los pollitos” a Rafael Correa? Ustedes que dicen amigos lectores.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

