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martes, 16 de febrero de 2010
Carnaval, partidocracia, los “pelucas” y el gobierno del domingo.
Quito, sur de la ciudad, avenida Mariscal Sucre, sector adjunto al barrio Solanda; un día muy similar a este, no solamente por el ligero frío y el cielo parcialmente nublado que viste a la capital de Imbabura, sino, por tratarse del último día del feriado de carnaval; solo que diez o doce años atrás. Luego de despedirme, había estado en la casa de mi hermano, dirigí curso con rumbo a mi natal Ibarra. Sin mayor apuro, empecé a caminar hacia una de las paradas de bus ubicadas en aquella zona. El sector se veía particularmente desierto, a pesar de tratarse de más o menos las diez de la mañana.
Luego de transcurrir cinco o seis minutos llegué a una visera, de esas que sirven de parada, señalamiento y resguardo, en la espera de algún vehículo público que me transporte hacia el norte de Quito. Pasaron cinco minutos y nada, luego diez y nada que bus o colectivo, ni siquiera un mendigo taxi. Aburrido me perdí en la nada, cuando de repente mi mirada se fijó en una persona que se encontraba al otro lado de la avenida. Se trataba de una joven mujer, con rasgos que me atrevería a calificar propios de una quiteña popular. Parecía, al igual que Yo, estar esperando un transporte que la condujera, en su caso, más al sur de la ciudad.
Al girar mi rostro azarosamente a la derecha noté que a no menos de diez metros de la mujer, se movilizaban con rumbo a ella, una caterva de cuatro sujetos de características escandalosas y rostros indígenas. Sonriendo cretinamente el cuarteto cruzó por detrás de la mujer, que prefirió ignorar su presencia alborotadora.
Parecía que el asunto terminaría siendo un hecho apático, sin ninguna trascendencia, cuando de repente, uno de los energúmenos, se dio vuelta y armado de un globo inflado con agua, se acercó a la mujer y le descargó en el rostro un golpe brutal con aquel objeto. La mujer sacada de su tranquilidad por el golpe bestial, apenas pudo emitir un susurro de dolor y espanto, pues la frialdad del agua bañándole indolentemente el rostro y empapando su cuerpo, de alguna manera la abstrajo de la cobarde agresión.
Mientras la pobre mujer inclinaba su rostro hacia adelante intentado evitar que el resto del agua chorrease a su torso, el grupo de canallas malvivientes se alejaban risoteando imbécilmente, satisfechos de su salvajismo.
Desde mi posición no podía creer la agresión de la que había sido testigo; la sorpresa y rechazo cobró notas de indignación cuando pude constatar que la boca de la pobre chica se pintaba de un líquido rojizo que parecía desfilar justamente en el lugar más frágil donde la violencia del objeto había golpeado con más dureza.
Mientras la pobre mujer seguramente se preguntaba espantada y adolorida, “¡por qué?”, un bus apareció de no sé donde; sin mediar espera, subí al vehículo y mientras me alejaba ya sentado, la imagen brutal se repetía en mi mente, al tiempo que contrariado, cuestionaba al mundo y a sus hijos, ¡por qué tanta estupidez y violencia!
La anécdota es apenas una de las múltiples muestras de violencia que se repiten año tras año durante estas épocas de las llamadas fiestas de Carnaval, días entre los cuales la sociedad mundana además de agredirse festeja el hipócrita y comercial día del amor y la amistad. Ejemplos aberrantes, realidades expresivas, que demuestran el irrespeto, el folklore ignorante y la cultura aleve que predominan en algunos segmentos de la sociedad ecuatoriana.
Es, por esas razones que, en estas épocas de torpeza e involución, prefiero quedarme en casa; y hoy, no ha sido la excepción. En tales circunstancias, buscando algo que ver en la caja para tontos, me encontré en el canal de la Universidad Técnica del Norte (aunque tácitamente esos recursos estatales son propiedad de un miserable politiquero seudo comunista, que los usa a gusto y antojo), con un documental sobre la historia de los clanes japoneses, donde samuráis, señores feudales y emperadores se entremezclaban en luchas fratricidas y conceptos de honor y heroísmo capciosos y desnaturalizados. Un documental bastante interesante, que ya lo ha había visto en varias oportunidades en el mismo canal, lo que me lleva a presumir que los archivos de la videoteca de aquella “universidad” no han sido actualizados últimamente.
Mientras el Emperador, digamos que Sangoku, luchaba encarnizadamente por consolidar el clan Tokugahua contra, digamos que el señor feudal Akira Pikoro, decidí usar el control remoto y de sopetón fui a caer en el guacharnaco canal Uno.
En aquellos momentos se desarrollaba un programa de disque opinión que respondía al nombre de: El Gobierno del Domingo. Solamente el título demagógico y patriotero empezó a dibujarme una idea más o menos acertada de cómo se movían las damas y peones en aquel juego sucio de: “quién es el dueño de la verdad o cuál es nuestro tiranuelo favorito”. Una nueva prueba contundente se mostró al constatar los nombres de los patriotas panelistas: Como moderador se presentaba un individuo de apellido Monge, presidente de la Cámara de Acuacultura, es decir, un anticorreísta; panelista 1, una vieja guasona, que respondía a los nombres de Carol Murillo, creo, escribidora del diario correano “El Telégrafo”, una descarada correísta; panelista 2, el viejo rabo verde Carlos Vera, ex correista, ex gacetillero de honorarios dorados, y actual politicastro nebotciano, por lo mismo anticorreísta; panelista 3, un flaquito rebuscado y sabelotodo, de apellido Flores, me parece, también escribidor en “El Telégrafo”, consecuentemente correísta; y finalmente, panelista 4, un remedo de Tres Patines, con el perdón de Leopoldo Fernández por la comparación; asambleísta sumiso de Alvaro Noboa, un energúmeno que suele hacer gala de un sentido del humor grotesco y remilgado muy similar a su detestable servilismo, un tipejo de apellido Baquerizo, anticorreísta. Esos, los febriles panelistas. Los típicos representantes de la sucia partidocracia y las “élites pelucas”. Pero, ¿y el panelista representante de la gente decente e inteligente de este País?
A pesar del “aprecio y consideración” que siento por este tipo de famosos y famosas, me abstuve por unos momentos de volver a los interesantes enfrentamientos y solemnidades de los samuráis de antaño y decidí constatar por unos instantes, hasta donde podía llegar el servilismo y la desvergüenza de semejantes patriotas sumisos y obedientes a sus respectivos señores feudales ora conservadores, ora socialistas. Después de todo siempre se puede reír no tanto con las frivolidades de los pésimos histriones, aunque siempre sí de los burdos payasos.
Para no entrar en detalles, pues no valen la pena, digamos que, en resumen, se trató de un capítulo más de ese culebrón vulgar y repulsivo llamado “Correístas versus Anticorreístas”; de manera que carece de sentido e importancia lo que uno y otro, serviles, masculló o vociferó en su momento. Pero, sí es interesante y expresivo notar como ese sainete cabaretero impuesto por los dueños de la Opinión Pública tradicional, llámense partidocracia, “élites pelucas”, medios “libres e independientes”, bancocracia, etc., etc., etc., se consolida y sacramenta día a día.
Cuando lo lógico y moral sería que los ciudadanos decentes e inteligentes, sean los que se enfrenten a la partidocracia y sus amantes; es decir, para usar una figura de dualismo; un enfrentamiento entre los buenos y los malos; una discusión civilizada entre personas honradas y los patriotas de la partidocracia; un debate entre quienes no son ni quieren ser parte de las mafias de politicastros, y precisamente los politiqueros ora socialistas, ora neoconservadores; pues, resulta que no se puede porque los dueños de la verdad y los medios, privados o públicos, imponen sus agendas tendenciosas, y deciden que se hace o no se hace; qué se discute o no; o mejor como dicen los neoconservadores del mercantilismo “dejan hacer y dejan pasar”…. a los hijos de la partidocracia y sus adúlteros amantes; en tanto, les niegan sus derechos a expresarse con libertad y garantías a los ecuatorianos que rechazan este juego siniestro, repugnante e inmoral que algunos llaman “Política”.
Nadie de los líderes tradicionales se queja por este atropello, es lógico y natural son beneficiarios de este estado de cosas inmoral. Nadie convoca a marchas. Nadie protesta en contra de los primos conservadores y su campaña amoral dirigida a hacerse pasar por liberales, a pesar del ridículo que hacen, pues, la cruz de tortura los desenmascara; y que decir de los socialistas con sus formas aberrantes de “democracia”, y su apetito guloso por la propiedad ajena; ambos bandos, deliberadamente, felices en el monopolio del sistema político, al que han degenerado; ambas mafias, propietarias exclusivas de las formas tradicionales de hacer Opinión Pública.
Nadie reclama, salvo alguno que otro irreverente, impopular e inculto ciudadano, que entiende al Liberalismo como una doctrina filosófica sustentada en Naturaleza y Moral; y no como esos, que solo lo ven como una excusa para engordar y mercadear dejando hacer y dejando pasar solamente aquello que conviene a sus conservadores y religiosos intereses.
Luego de transcurrir cinco o seis minutos llegué a una visera, de esas que sirven de parada, señalamiento y resguardo, en la espera de algún vehículo público que me transporte hacia el norte de Quito. Pasaron cinco minutos y nada, luego diez y nada que bus o colectivo, ni siquiera un mendigo taxi. Aburrido me perdí en la nada, cuando de repente mi mirada se fijó en una persona que se encontraba al otro lado de la avenida. Se trataba de una joven mujer, con rasgos que me atrevería a calificar propios de una quiteña popular. Parecía, al igual que Yo, estar esperando un transporte que la condujera, en su caso, más al sur de la ciudad.
Al girar mi rostro azarosamente a la derecha noté que a no menos de diez metros de la mujer, se movilizaban con rumbo a ella, una caterva de cuatro sujetos de características escandalosas y rostros indígenas. Sonriendo cretinamente el cuarteto cruzó por detrás de la mujer, que prefirió ignorar su presencia alborotadora.
Parecía que el asunto terminaría siendo un hecho apático, sin ninguna trascendencia, cuando de repente, uno de los energúmenos, se dio vuelta y armado de un globo inflado con agua, se acercó a la mujer y le descargó en el rostro un golpe brutal con aquel objeto. La mujer sacada de su tranquilidad por el golpe bestial, apenas pudo emitir un susurro de dolor y espanto, pues la frialdad del agua bañándole indolentemente el rostro y empapando su cuerpo, de alguna manera la abstrajo de la cobarde agresión.
Mientras la pobre mujer inclinaba su rostro hacia adelante intentado evitar que el resto del agua chorrease a su torso, el grupo de canallas malvivientes se alejaban risoteando imbécilmente, satisfechos de su salvajismo.
Desde mi posición no podía creer la agresión de la que había sido testigo; la sorpresa y rechazo cobró notas de indignación cuando pude constatar que la boca de la pobre chica se pintaba de un líquido rojizo que parecía desfilar justamente en el lugar más frágil donde la violencia del objeto había golpeado con más dureza.
Mientras la pobre mujer seguramente se preguntaba espantada y adolorida, “¡por qué?”, un bus apareció de no sé donde; sin mediar espera, subí al vehículo y mientras me alejaba ya sentado, la imagen brutal se repetía en mi mente, al tiempo que contrariado, cuestionaba al mundo y a sus hijos, ¡por qué tanta estupidez y violencia!
La anécdota es apenas una de las múltiples muestras de violencia que se repiten año tras año durante estas épocas de las llamadas fiestas de Carnaval, días entre los cuales la sociedad mundana además de agredirse festeja el hipócrita y comercial día del amor y la amistad. Ejemplos aberrantes, realidades expresivas, que demuestran el irrespeto, el folklore ignorante y la cultura aleve que predominan en algunos segmentos de la sociedad ecuatoriana.
Es, por esas razones que, en estas épocas de torpeza e involución, prefiero quedarme en casa; y hoy, no ha sido la excepción. En tales circunstancias, buscando algo que ver en la caja para tontos, me encontré en el canal de la Universidad Técnica del Norte (aunque tácitamente esos recursos estatales son propiedad de un miserable politiquero seudo comunista, que los usa a gusto y antojo), con un documental sobre la historia de los clanes japoneses, donde samuráis, señores feudales y emperadores se entremezclaban en luchas fratricidas y conceptos de honor y heroísmo capciosos y desnaturalizados. Un documental bastante interesante, que ya lo ha había visto en varias oportunidades en el mismo canal, lo que me lleva a presumir que los archivos de la videoteca de aquella “universidad” no han sido actualizados últimamente.
Mientras el Emperador, digamos que Sangoku, luchaba encarnizadamente por consolidar el clan Tokugahua contra, digamos que el señor feudal Akira Pikoro, decidí usar el control remoto y de sopetón fui a caer en el guacharnaco canal Uno.
En aquellos momentos se desarrollaba un programa de disque opinión que respondía al nombre de: El Gobierno del Domingo. Solamente el título demagógico y patriotero empezó a dibujarme una idea más o menos acertada de cómo se movían las damas y peones en aquel juego sucio de: “quién es el dueño de la verdad o cuál es nuestro tiranuelo favorito”. Una nueva prueba contundente se mostró al constatar los nombres de los patriotas panelistas: Como moderador se presentaba un individuo de apellido Monge, presidente de la Cámara de Acuacultura, es decir, un anticorreísta; panelista 1, una vieja guasona, que respondía a los nombres de Carol Murillo, creo, escribidora del diario correano “El Telégrafo”, una descarada correísta; panelista 2, el viejo rabo verde Carlos Vera, ex correista, ex gacetillero de honorarios dorados, y actual politicastro nebotciano, por lo mismo anticorreísta; panelista 3, un flaquito rebuscado y sabelotodo, de apellido Flores, me parece, también escribidor en “El Telégrafo”, consecuentemente correísta; y finalmente, panelista 4, un remedo de Tres Patines, con el perdón de Leopoldo Fernández por la comparación; asambleísta sumiso de Alvaro Noboa, un energúmeno que suele hacer gala de un sentido del humor grotesco y remilgado muy similar a su detestable servilismo, un tipejo de apellido Baquerizo, anticorreísta. Esos, los febriles panelistas. Los típicos representantes de la sucia partidocracia y las “élites pelucas”. Pero, ¿y el panelista representante de la gente decente e inteligente de este País?
A pesar del “aprecio y consideración” que siento por este tipo de famosos y famosas, me abstuve por unos momentos de volver a los interesantes enfrentamientos y solemnidades de los samuráis de antaño y decidí constatar por unos instantes, hasta donde podía llegar el servilismo y la desvergüenza de semejantes patriotas sumisos y obedientes a sus respectivos señores feudales ora conservadores, ora socialistas. Después de todo siempre se puede reír no tanto con las frivolidades de los pésimos histriones, aunque siempre sí de los burdos payasos.
Para no entrar en detalles, pues no valen la pena, digamos que, en resumen, se trató de un capítulo más de ese culebrón vulgar y repulsivo llamado “Correístas versus Anticorreístas”; de manera que carece de sentido e importancia lo que uno y otro, serviles, masculló o vociferó en su momento. Pero, sí es interesante y expresivo notar como ese sainete cabaretero impuesto por los dueños de la Opinión Pública tradicional, llámense partidocracia, “élites pelucas”, medios “libres e independientes”, bancocracia, etc., etc., etc., se consolida y sacramenta día a día.
Cuando lo lógico y moral sería que los ciudadanos decentes e inteligentes, sean los que se enfrenten a la partidocracia y sus amantes; es decir, para usar una figura de dualismo; un enfrentamiento entre los buenos y los malos; una discusión civilizada entre personas honradas y los patriotas de la partidocracia; un debate entre quienes no son ni quieren ser parte de las mafias de politicastros, y precisamente los politiqueros ora socialistas, ora neoconservadores; pues, resulta que no se puede porque los dueños de la verdad y los medios, privados o públicos, imponen sus agendas tendenciosas, y deciden que se hace o no se hace; qué se discute o no; o mejor como dicen los neoconservadores del mercantilismo “dejan hacer y dejan pasar”…. a los hijos de la partidocracia y sus adúlteros amantes; en tanto, les niegan sus derechos a expresarse con libertad y garantías a los ecuatorianos que rechazan este juego siniestro, repugnante e inmoral que algunos llaman “Política”.
Nadie de los líderes tradicionales se queja por este atropello, es lógico y natural son beneficiarios de este estado de cosas inmoral. Nadie convoca a marchas. Nadie protesta en contra de los primos conservadores y su campaña amoral dirigida a hacerse pasar por liberales, a pesar del ridículo que hacen, pues, la cruz de tortura los desenmascara; y que decir de los socialistas con sus formas aberrantes de “democracia”, y su apetito guloso por la propiedad ajena; ambos bandos, deliberadamente, felices en el monopolio del sistema político, al que han degenerado; ambas mafias, propietarias exclusivas de las formas tradicionales de hacer Opinión Pública.
Nadie reclama, salvo alguno que otro irreverente, impopular e inculto ciudadano, que entiende al Liberalismo como una doctrina filosófica sustentada en Naturaleza y Moral; y no como esos, que solo lo ven como una excusa para engordar y mercadear dejando hacer y dejando pasar solamente aquello que conviene a sus conservadores y religiosos intereses.
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lunes, 28 de diciembre de 2009
La metamorfosis de una cucaracha socialista en una cucaracha burguesa.
Hace un par de semanas fui testigo de un fenómeno que generalmente no se observa con mucha frecuencia, aunque tampoco es excepcional. Se trataba de la tácita renuncia de un vago bolchevique a su…… como llamarla “ideología de izquierda radical”; y su bautismo como un virtual neo conservador del new age.
El mencionado evento se desarrolló en uno de los noticieros de Teleamazonas; el entrevistador Jorge Ortiz, el entrevistado el patriota disque defensor de los Derechos Humanos, Gustavo Larrea, más conocido como, “el Comandante Juan”, entre sus socios y amigos íntimos.
El diálogo en principio se dirigió al escandaloso caso de Angostura. Frente a los cuestionamientos de Ortiz, el ex ministro Gustavo Larrea, hijo de velasquista, fiel a su condición de politiquero profesional, se limitó a negar cualquier vinculación, aludiendo al típico cuento chino de su interés por encontrar una salida pacífica que permitiera la libertad de los secuestrados por la Guerrilla de las Farc. Cuestionó las fuentes que lo vinculaban en situaciones bastante comprometedoras, descalificó a los miembros de la fuerza pública que realizaron aquellos informes y adicionalmente se declaró víctima de persecución política, irónicamente en el gobierno que le ha garantizado impunidad. Nada nuevo, en realidad.
Un cosa que, sin embargo, es interesante en este asunto, y que ya se ha comentado, pero que voy a molestarme en volver a tocar, es que, Gustavo Larrea, personaje que siempre se jacta de su lucha incansable a favor de los Derechos Humanos de su jorga de amigos y socios de similar calaña, tenía como hombre de confianza, su subsecretario de Gobierno, a nada más y nada menos que Ignacio Chauvín, más conocido por su nombre de farra como “Comandante Nacho”; personaje que siempre se ha jactado de tener por amistades a los secuestradores de los personas a quien Larrea siempre dice, en labor humanitaria, pretendía liberar. Cómo que algo no cuadra, ¿verdad? Tú no pones como subsecretario de Gobierno a alguien que tiene amoríos, afectos y sentimientos a favor de personajes que secuestran a otras por motivos descarnados. No lo pones salvo que estés interesado en que ese tipo, esté, precisamente en aquel lugar estratégico para volver factibles tus metas u objetivos encubiertos.
Pero no es sobre el escándalo de Angostura, que pretendo comentar, no, nos salgamos del tema. Siguiendo con la entrevista, Ortiz entonces, le hace notar, que Larrea, en el pasado, fue un elemento más de un grupo denominado MIR, del cual formaron parte muchos individuos que incursionaron en prácticas violentas y actividades delincuenciales, disfrazadas con el sucio manto de una seudo ideología. Frente a estos hechos incuestionables, el mofletudo Larrea, inició el proceso de transformación, no de mono en hombre, como decía Engels, sino, de vago socialista en pipón burgués capitalista. Por su propia boca muere el pez dice un axioma popular; bueno en este caso, el comandante Juan se denunció, desenmascaró y presentó a sí mismo, como un miserable guiñapo humano.
Tácitamente gritó: “¡no soy comunista, ni marxista leninista, ni guevarista, ni bolchevique, ni nada que denuncie mi anterior pasado nauseabundo!”. Con garbo correano se definió como un: “Un hombre de izquierda moderna….”. “Izquierda” así se definen políticamente estas ratas, “de izquierda”, “de centro izquierda”, “de izquierda centralizada”, “de izquierda izquierdizada”, así se define el hijo de velasquista, “de izquierda moderna”. Me pregunto, ¿sería la misma ideología que lo llevó a formar parte del gobierno de Bucaram?, o es que involucionó o revolucionó de aquellas épocas a las actuales.
De repente a lo bruto, el hijo de velasquista, se lanza una retahíla de frases demagógicas en las que, las palabras Democracia y Libertad, son canturreadas una y otra vez. Hasta que finalmente la mentira parió al cinismo, “no creo en la estatización de medios de producción”, gruñó. ¡Qué bárbaro!, ¡qué pelmazo! Y enseguida, el tipejo pretende definir ese grosero cuento chino que se hace llamar Socialismo del Siglo XXI, negándolo como “estatización de la economía”, pero calificándolo de: “Socialización de la Economía”.
En el Ecuador han coexistido desde la creación misma del País, modelos como el esclavismo, feudalismo, socialismo y mercantilismo, definido este último como el capitalismo monopólico y codicioso, generalmente llamado conservadurismo mercantilista. Posiblemente en la actualidad, no nos encontremos con la crudeza del esclavismo y feudalismo, pero, es evidente que muchas manifestaciones de aquellos modelos son perfectamente visibles, si no en la forma, sí en el fondo. Pero, si ha existido un modelo que ha predominado conjuntamente con el conservadurismo mercantilista, ese ha sido el socialismo. Ahí está el Sector Público. El sector público o más ampliamente el sector estatal, se manifiesta a través del modelo socialista. Es decir, la estatización de aquellos medios, recursos, derechos, instituciones, etc., etc., etc.; que en teoría, son de todos los ciudadanos, del pueblo, lo que algunos patriotas llaman “socialización de la economía”; pero que en la práctica le pertenecen a las jorgas que controlan dichas instituciones o dichos Estados. Socialismo Puro.
Yo creo que alguien que nació, creció, engordó, apareó, parió, fastidió, rapiñó, etc., a costa de un modelo de producción ineficiente y falaz, lo menos que debería es callarse la bocaza, por haber tenido la posibilidad de cohabitar en semejante estado de cosas, que siendo inmorales, le permitió vivir como pipón burgués, mientras insultaba el estilo de vida del típico pipón burgués. Pero no, el comandante Juan, olvidando que usufructúo de su condición de pipón socialista del sector público; ahora, luego de beneficiarse del Socialismo del siglo XXI, se declara, antimarxista, antileninista y anticomunista, y probablemente antivelasquista, a pesar de ser hijo de velasquista. El miserable mordió “la mano de la hoz y el martillo” que en su momento le dio de tragar. Que figura se traduce, ¿traición?, parece que sí.
En su brusquedad el demagogo define a la “socialización de la economía” como: “Un sistema, de propietarios y productores”. Frente a eso, Ortiz, con razón le señala que ésa, es una característica clásica de un sistema capitalista. Ante la evidente contradicción el hijo de velasquista se limita decir con cínico desparpajo, “llámelo como usted quiera”.
Es increíble, Yo…….a veces ya no encuentro palabras….las cosas que se escuchan en televisión………eh…. bueno………no sé. Uno no entiende por qué la sociedad ecuatoriana tolera tanto. Somos testigos de las mentiras, los fraudes, los engaños, los crímenes, el terrorismo, de los sacrificados patriotas de la partidocracia, y sin embargo, la gran mayoría permanece indolente a esa lacerante realidad. Cuándo finalmente entenderán que los seres humanos tenemos el compromiso con nosotros mismos de instaurar un verdadero gobierno democrático. Cuándo lo comprenderán, o quizá lo saben, pero no les importa, quizá disfrutan viviendo bajo el yugo de la “democracia de la socialización de la economía”.
Gustavo Larrea virtualmente se declara capitalista y anticomunista.
El mencionado evento se desarrolló en uno de los noticieros de Teleamazonas; el entrevistador Jorge Ortiz, el entrevistado el patriota disque defensor de los Derechos Humanos, Gustavo Larrea, más conocido como, “el Comandante Juan”, entre sus socios y amigos íntimos.
El diálogo en principio se dirigió al escandaloso caso de Angostura. Frente a los cuestionamientos de Ortiz, el ex ministro Gustavo Larrea, hijo de velasquista, fiel a su condición de politiquero profesional, se limitó a negar cualquier vinculación, aludiendo al típico cuento chino de su interés por encontrar una salida pacífica que permitiera la libertad de los secuestrados por la Guerrilla de las Farc. Cuestionó las fuentes que lo vinculaban en situaciones bastante comprometedoras, descalificó a los miembros de la fuerza pública que realizaron aquellos informes y adicionalmente se declaró víctima de persecución política, irónicamente en el gobierno que le ha garantizado impunidad. Nada nuevo, en realidad.
Un cosa que, sin embargo, es interesante en este asunto, y que ya se ha comentado, pero que voy a molestarme en volver a tocar, es que, Gustavo Larrea, personaje que siempre se jacta de su lucha incansable a favor de los Derechos Humanos de su jorga de amigos y socios de similar calaña, tenía como hombre de confianza, su subsecretario de Gobierno, a nada más y nada menos que Ignacio Chauvín, más conocido por su nombre de farra como “Comandante Nacho”; personaje que siempre se ha jactado de tener por amistades a los secuestradores de los personas a quien Larrea siempre dice, en labor humanitaria, pretendía liberar. Cómo que algo no cuadra, ¿verdad? Tú no pones como subsecretario de Gobierno a alguien que tiene amoríos, afectos y sentimientos a favor de personajes que secuestran a otras por motivos descarnados. No lo pones salvo que estés interesado en que ese tipo, esté, precisamente en aquel lugar estratégico para volver factibles tus metas u objetivos encubiertos.
Pero no es sobre el escándalo de Angostura, que pretendo comentar, no, nos salgamos del tema. Siguiendo con la entrevista, Ortiz entonces, le hace notar, que Larrea, en el pasado, fue un elemento más de un grupo denominado MIR, del cual formaron parte muchos individuos que incursionaron en prácticas violentas y actividades delincuenciales, disfrazadas con el sucio manto de una seudo ideología. Frente a estos hechos incuestionables, el mofletudo Larrea, inició el proceso de transformación, no de mono en hombre, como decía Engels, sino, de vago socialista en pipón burgués capitalista. Por su propia boca muere el pez dice un axioma popular; bueno en este caso, el comandante Juan se denunció, desenmascaró y presentó a sí mismo, como un miserable guiñapo humano.
Tácitamente gritó: “¡no soy comunista, ni marxista leninista, ni guevarista, ni bolchevique, ni nada que denuncie mi anterior pasado nauseabundo!”. Con garbo correano se definió como un: “Un hombre de izquierda moderna….”. “Izquierda” así se definen políticamente estas ratas, “de izquierda”, “de centro izquierda”, “de izquierda centralizada”, “de izquierda izquierdizada”, así se define el hijo de velasquista, “de izquierda moderna”. Me pregunto, ¿sería la misma ideología que lo llevó a formar parte del gobierno de Bucaram?, o es que involucionó o revolucionó de aquellas épocas a las actuales.
De repente a lo bruto, el hijo de velasquista, se lanza una retahíla de frases demagógicas en las que, las palabras Democracia y Libertad, son canturreadas una y otra vez. Hasta que finalmente la mentira parió al cinismo, “no creo en la estatización de medios de producción”, gruñó. ¡Qué bárbaro!, ¡qué pelmazo! Y enseguida, el tipejo pretende definir ese grosero cuento chino que se hace llamar Socialismo del Siglo XXI, negándolo como “estatización de la economía”, pero calificándolo de: “Socialización de la Economía”.
En el Ecuador han coexistido desde la creación misma del País, modelos como el esclavismo, feudalismo, socialismo y mercantilismo, definido este último como el capitalismo monopólico y codicioso, generalmente llamado conservadurismo mercantilista. Posiblemente en la actualidad, no nos encontremos con la crudeza del esclavismo y feudalismo, pero, es evidente que muchas manifestaciones de aquellos modelos son perfectamente visibles, si no en la forma, sí en el fondo. Pero, si ha existido un modelo que ha predominado conjuntamente con el conservadurismo mercantilista, ese ha sido el socialismo. Ahí está el Sector Público. El sector público o más ampliamente el sector estatal, se manifiesta a través del modelo socialista. Es decir, la estatización de aquellos medios, recursos, derechos, instituciones, etc., etc., etc.; que en teoría, son de todos los ciudadanos, del pueblo, lo que algunos patriotas llaman “socialización de la economía”; pero que en la práctica le pertenecen a las jorgas que controlan dichas instituciones o dichos Estados. Socialismo Puro.
Yo creo que alguien que nació, creció, engordó, apareó, parió, fastidió, rapiñó, etc., a costa de un modelo de producción ineficiente y falaz, lo menos que debería es callarse la bocaza, por haber tenido la posibilidad de cohabitar en semejante estado de cosas, que siendo inmorales, le permitió vivir como pipón burgués, mientras insultaba el estilo de vida del típico pipón burgués. Pero no, el comandante Juan, olvidando que usufructúo de su condición de pipón socialista del sector público; ahora, luego de beneficiarse del Socialismo del siglo XXI, se declara, antimarxista, antileninista y anticomunista, y probablemente antivelasquista, a pesar de ser hijo de velasquista. El miserable mordió “la mano de la hoz y el martillo” que en su momento le dio de tragar. Que figura se traduce, ¿traición?, parece que sí.
En su brusquedad el demagogo define a la “socialización de la economía” como: “Un sistema, de propietarios y productores”. Frente a eso, Ortiz, con razón le señala que ésa, es una característica clásica de un sistema capitalista. Ante la evidente contradicción el hijo de velasquista se limita decir con cínico desparpajo, “llámelo como usted quiera”.
Es increíble, Yo…….a veces ya no encuentro palabras….las cosas que se escuchan en televisión………eh…. bueno………no sé. Uno no entiende por qué la sociedad ecuatoriana tolera tanto. Somos testigos de las mentiras, los fraudes, los engaños, los crímenes, el terrorismo, de los sacrificados patriotas de la partidocracia, y sin embargo, la gran mayoría permanece indolente a esa lacerante realidad. Cuándo finalmente entenderán que los seres humanos tenemos el compromiso con nosotros mismos de instaurar un verdadero gobierno democrático. Cuándo lo comprenderán, o quizá lo saben, pero no les importa, quizá disfrutan viviendo bajo el yugo de la “democracia de la socialización de la economía”.
Gustavo Larrea virtualmente se declara capitalista y anticomunista.
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jueves, 16 de octubre de 2008
El Curuchupismo corrupto al abordaje del Liberalismo.
Que ridículos y descarados resultan ciertos amantes empedernidos del catolicismo político, de destacada baja ralea por cierto, calificándose ellos mismos de: augustos y demócratas. Y es que, en la actual coyuntura política, ya no es negocio ser socialcristiano, conservador o cucurucho demócrata cristiano. No, ahora los gamonales y sus peones dicen, desparpajadamente ser: “¡liberales!”.
Pero que entienden estos esperpentos idolatras por doctrina Liberal. Pues estos seguidores ignaros de Adam Smith, definen al Liberalismo como: la posibilidad de depredar codiciosamente la naturaleza, el “derecho” de apropiarse de los dineros públicos con absoluta impunidad, la prerrogativa de mancillar y ofender a quienes no forman parte de su élite incestuosa. En fin, lo entienden como: el ejercicio aristocrático de cultivar el libertinaje impúdico e incursionar en todas aquellas manifestaciones viciosas que les permitan vivir en la absurda opulencia a pesar de sus evidentes taras.
Filibusterismo comercial, explotación laboral, mercantilismo inmoral, avaricia, codicia, destrucción ecológica, depredación económica, dictadura política, monopolio comercial, agiotismo financiero, prejuicio social, éstos, algunos de los principios sobre los que se basa el “liberalismo” de los renegados seguidores del aristocrático adagio: Familia, Propiedad y Tradición.
Familia, la de ellos y la jorga emparentada por sus vicios y bajas pasiones. Tradición la que sustenta su “derecho” a ser los individuos ignominiosos que son. Propiedad, aquella obtenidad ilícitamente, gracias a los tramposos latrocinios y el saqueo bestial.
Hace un par de días, mientras disparaba fanáticamente a mi televisor, me encontré de pronto en ese canal mojigato llamado Ecuavisa. En ese momento se desarrollaba un diálogo afectado entre aquel prepotente y maquillado fanfarrón, que para ese momento había terminado de mascullar su aburrido y pedante monólogo, con un Jaime Nebot, amargado y tétrico como siempre. Cuando iba a cambiar de canal, pues, nada de lo que tenían que decir el par de personajes despreciables me interesaba, una expresión de Nebot, detuvo al dedo justiciero.
Por un momento pensé que estaba todavía somnoliento. Por cuestión de instantes de segundo me encontré inseguro de haber escuchado realmente aquella expresión tan maldita por provenir de las odiosas fauces de las que fueron expulsadas. Sin embargo, todo parecía estar en su lugar. Nada de surrealismo había en el ambiente. Definitivamente había escuchado aquella declaración.
No recuerdo que fue lo que le preguntó el narcisista empedernido, pero sí recuerdo la afirmación maliciosa descargada por Nebot. “Soy un liberal”, dijo desfachatadamente, aunque con tono poco convincente, el muy cínico. ¡Nebot etiquetándose de liberal! ¡Qué infamia!
Ni un solo comentario, peor una pregunta; el amanerado valentón continúo indiferente con el libreto programado, dejando impune la injusta y grosera autoimputación del siniestro alcalde porteño.
Un tipo que creció políticamente, amparado por las mafias del PSC y más específicamente por las garras protectoras del, en ese entonces, dueño del País, León Fébres Cordero, ahora, abandonaba el barco emulando a aquellos animalitos que suelen ser los primeros en huir antes del hundimiento. Increíblemente, buscando refugio en las galeras del liberalismo.
No, ni Nebot ni todas las ratas traidoras del catolicismo político son liberales y nunca lo serán. Nebot y los curuchos renegados son todo, menos liberales. Nebot y los liberaloides, tienen de liberales, lo que Pinochet tenía de demócrata.
Nebot puede decir lo que le dé la regalada gana, pero, jamás será un liberal. Puede engañar al pueblo con campañas publicitarias que lo presenten como el liberal por excelencia, pero jamás será un liberal. Puede pedirles a sus grandes amigos de la prensa nacional que lo presenten como el liberal que dice ser, pero, jamás será un liberal. Puede comprar el sticker de liberal, pero nunca será un liberal. Ni él, ni los nuevos “¡liberales!”.
¿Por qué jamás serán liberales? Simplemente, porque no está en su naturaleza. Porque individuos como esos, solamente entienden el lenguaje de la violencia, del prejuicio social, de la prepotencia, de la arbitrariedad brutal y la dictadura terrorista. Porque ellos son innatos socialcristianos, conservadores, demócrata-curuchupas. Familia, Propiedad y Tradición, eso son. Hasta podrían probar fortuna con la socialdemocracia al estilo Borja e incluso con el socialismo del siglo XXI del Amado Líder. Seguramente se adaptarían con éxito a aquellas doctrinas inciertas y estandarizantes. Pero al Liberalismo Universal: ¡Jamás! ¡Nunca! ¡Jamás!
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