
A raíz de los escandalosos y sangrientos sucesos desarrollados en Angostura, una serie de verdades encubiertas se manifestaron diáfanamente; imposibles de ocultar debido a lo contundente y público de los sucesos.
Principalmente se presentó un dilema bastante interesante. Mientras por un lado Correa se quejó de no haber recibido información oportuna y confiable, dando a entender que los organismos de control e inteligencia militares y su personal operativo habían sido ineficientes e ineptos; por otro lado, uno de los principales responsables de aquellas instituciones de seguridad, Pazmiño, una y otra vez se ratificó en haber cumplido con sus obligaciones; es más continúa haciéndolo, desde su posición de militar en servicio pasivo, señalando con tozudez y grandilocuencia militar que informó debidamente a todas aquellas personas y autoridades que debían conocer aquella información clasificada.
No voy a comentar quién dice la verdad o quién miente. Es evidente que Pazmiño, al igual que Correa con sus patiños y chauvinistas presentan sus respectivas versiones acerca de lo que realmente sucedió; versiones que los presentan como patriotas responsables, sacrificados e impolutos, independientemente que la realidad diga lo contrario. Más bien quisiera tocar el calificativo de “Traidor a la Patria” que Correa le endilga a Pazmiño.
Hace algunos meses atrás algunos fuimos testigos como Correa, imbuido del típico complejo de canalla tirano, metió a la cárcel a varias personas, simplemente porque se imaginó que aquel le vio feo, o ese otro se atrevió a decirle alguna verdad.
Muchos observamos sorprendidos e indignados como nuestro déspota presidente, que recientemente encolerizado reclamaba por la represión de los milicos en Honduras, tiempo atrás declaró estado de emergencia en una provincia oriental, y de una manera demencial ordenó a sus sátrapas enviaran fuerzas militares a masacrar a civiles ecuatorianos desarmados. Y así lo hicieron. Muchos vimos como aquellas víctimas del terrorismo de estado, fueron calificadas injusta e infamemente de terroristas, luego de ser privadas de su libertad por el adorado Tirano.
Muchos ecuatorianos observamos el tratamiento VIP., que pillos como el ex ministro de deportes, Carrión; o el amigo de narcotraficantes, terroristas y secuestradores, Chauvín, recibieron del Gobierno de la Involución ciudadana; mientras que la ex prefecta de Orellana, Guadalupe LLori, fue a parar a la cárcel, sin tener opción a su legítimo derecho a la defensa.
El sábado anterior, el Tirano, supuestamente lanza una acusación gravísima en contra de un ex alto oficial de las FF.AA., Pazmiño; porque, Traición a la Patria, es una acusación gravísima, más todavía considerando que se trata de un militar entre cuyas obligaciones estaba velar por la seguridad del País. Pero, ¡Oh sorpresa!, se olvida de meterlo preso. ¿Y el patriota y comedido Fiscal de la lengua fácil?, ¡por ningún lado! Por ningún lado aparece el pedante, fanfarrón, odioso y amanerado Fiscal General para ordenar la detención del “traidor a la patria”. ¿Será que verle feo o hacerle algún comentario incómodo al Mudo de Carondelet es delito muchísimo peor que traicionar al País?
¡Qué valientes resultaron los represores de Dayuma! Cuando de masacrar a la gente común se trata no les tiembla la mano firmar decretos de emergencia y sacar a los soldados a masacrar al pueblo; pero cuando de enfrentar las consecuencias de sus declaraciones y ser consecuentes con sus socialistas y bolivarianas actuaciones, esta vez, en contra de personas que tienen padrinos que pueden sacar la cara por ellos; los valientes güevarianos se quedan solo en la bravuconada.
Da risa, ver a los fantoches quedarse solo en la perorata calenturienta. Esa es la verdadera personalidad de las gordas horrorosas y de los machotes socialistas del siglo XXI. Machotes y marimachas con los que no pueden defenderse de su patriotero terrorismo verbal y material; pero cobardes y llorones con aquellos que podrían sacarlos en paños menudos de sus lujosos palacios o chalés, y mandarlos mudar a Panamá o Costa Rica.
Como no reírnos de los valientes socialistas bolivarianos, marxistas y güevarianos del siglo XXI; porque ciertamente además de sus facetas grotescas, mezquinas, serviles, alcahuetas y corrompidas, tienen también una careta ridícula, los muy cerdos miserables.




