domingo 13 de diciembre de 2009
Woody Allen y sus "Bananas".
La sala de espera del consultorio de un psiquiatra; sentados en un gran diván, una madre histérica mira con gesto desesperado a su pequeño hijo, quizá de cinco o seis años de edad. El niño, con unas enormes gafas, observa ensimismado la nada, está preocupado, como si tuviera sobre sus pequeñas y escuálidas espaldas todos los problemas de este mundo. Momentos atrás había sido regañado por su madre con un poco maternal sacudón y un grosero apelativo. Siente que está solo, que es dueño de un secreto que todos los demás deben conocer, pero que aparentemente, son incapaces de comprender, o sencillamente no les interesa. Los gritos y reclamos de su madre solo lo angustian y deprimen más; pero, no acallan la voz de su fuero más íntimo que lo impulsan a mascullar todo ese torrente de verdades y protestas que saturan su desesperanzada conciencia. Consciente de que es férreamente vigilado por los ojos de su furibunda madre, se atreve a denunciar tristemente:
- Pero,…………el Universo está expandiéndose.
A lo cual la madre le responde de inmediato con un tiránico grito:
- ¡Y a vos que te importa!
Una escena de una película de Woody Allen, cuyo nombre francamente no me acuerdo, pero que aún hoy me causa mucha gracia. Una drama satírico extremadamente elocuente, diría Yo. Ahí está el pequeño adulto precoz, cuestionando los misterios del cosmos, deambulando con su pensamiento en las intrincadas infinitudes de la misteriosa existencia. Angustiándose por la depredación de la selva amazónica virgen; acongojándose por la realidad del hombre que tiene en su propio semejante a su más encarnizado enemigo; saludando a su nueva y permanente compañera, una dolorosa y ardiente, gastritis. Junto a él, su madre, una mujer dominante, soberanamente adoradora de las telenovelas y los programas rosados; con un amor propio más pequeño que el átomo más miserable y deprimido que se puede encontrar. Abandonada por el infeliz del marido que vio en la fuga su única alternativa frente a la posibilidad de ser devorado por aquella furia de pies fríos y sexualidad incierta. Quejumbrosa y amargada, resentida y frustrada, por no poseer los enormes pechos de silicona de las modelos que observa en televisión y que tanto envidia; disgustada por lo que ella considera su desafortunada estrella; irritada por no haber tenido la suerte de tener un niño común y corriente de esos tan repetitivos y cansinos, en lugar de ese tan original y según ella extremadamente tonto………………………Pero esperen, que estoy haciendo, a dónde quiero llegar con todo esto, la razón de este post no era vagabundear en las disquisiciones del pensamiento. No, mi intención más bien era, y ciertamente lo será, desde ahora, presentar a su consideración estimado lector el talento de Allan Stewart Konigsberg, más conocido por su nombre comercial como Woody Allen, a través de una secuencia muy interesante y entretenida del filme “Bananas”, 1971; excelente película; escrita, protagonizada y dirigida, por el pelirrojo de pinta desgarbada. No me parece acertado introducir una breve sinopsis de la película, más que nada por consideración a usted amigo lector, quizá el pequeño corto que incluyo le estimule a observar completamente la película, solo decirle que el mayordomo ciertamente no es el asesino. Disfruten del talento de este genial comediante. Ah, y a ver si reconocen al bravucón, un tipo que comenzó como boxeador y luego incursionó, entre otras actividades, en la demolición; un elemento adicional que, en mi opinión, convierte a esta escena en un clásico.
- Pero,…………el Universo está expandiéndose.
A lo cual la madre le responde de inmediato con un tiránico grito:
- ¡Y a vos que te importa!
Una escena de una película de Woody Allen, cuyo nombre francamente no me acuerdo, pero que aún hoy me causa mucha gracia. Una drama satírico extremadamente elocuente, diría Yo. Ahí está el pequeño adulto precoz, cuestionando los misterios del cosmos, deambulando con su pensamiento en las intrincadas infinitudes de la misteriosa existencia. Angustiándose por la depredación de la selva amazónica virgen; acongojándose por la realidad del hombre que tiene en su propio semejante a su más encarnizado enemigo; saludando a su nueva y permanente compañera, una dolorosa y ardiente, gastritis. Junto a él, su madre, una mujer dominante, soberanamente adoradora de las telenovelas y los programas rosados; con un amor propio más pequeño que el átomo más miserable y deprimido que se puede encontrar. Abandonada por el infeliz del marido que vio en la fuga su única alternativa frente a la posibilidad de ser devorado por aquella furia de pies fríos y sexualidad incierta. Quejumbrosa y amargada, resentida y frustrada, por no poseer los enormes pechos de silicona de las modelos que observa en televisión y que tanto envidia; disgustada por lo que ella considera su desafortunada estrella; irritada por no haber tenido la suerte de tener un niño común y corriente de esos tan repetitivos y cansinos, en lugar de ese tan original y según ella extremadamente tonto………………………Pero esperen, que estoy haciendo, a dónde quiero llegar con todo esto, la razón de este post no era vagabundear en las disquisiciones del pensamiento. No, mi intención más bien era, y ciertamente lo será, desde ahora, presentar a su consideración estimado lector el talento de Allan Stewart Konigsberg, más conocido por su nombre comercial como Woody Allen, a través de una secuencia muy interesante y entretenida del filme “Bananas”, 1971; excelente película; escrita, protagonizada y dirigida, por el pelirrojo de pinta desgarbada. No me parece acertado introducir una breve sinopsis de la película, más que nada por consideración a usted amigo lector, quizá el pequeño corto que incluyo le estimule a observar completamente la película, solo decirle que el mayordomo ciertamente no es el asesino. Disfruten del talento de este genial comediante. Ah, y a ver si reconocen al bravucón, un tipo que comenzó como boxeador y luego incursionó, entre otras actividades, en la demolición; un elemento adicional que, en mi opinión, convierte a esta escena en un clásico.
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7 comentarios:
Chugtas que buenas minas loco !!!
Lo mas papa es cuando el wwody le toca las teta a la vieja que goce loco jajaja...!!!
Buen post.....jeje....Sly pollito....jeje...la vieja se queda leyendo la revistas jeje...video de antología....saludos
Esa película se llama Annie Hall. Woody Allen no estaba reivindicando ese tipo de visión quejica en la que tanto te regodeas. El personaje se pasa la película burlándose de su propia neurosis. Postura con ambiciones desenfadadas porque la anhedonia como rasgo particular en rigor no tiene nada de gracia.
Woody Allen me recuerda a mi mismo cuando voy a comprar peliculas pornograficas. Me hace sentir tranquilo saber que todos nos avergonzamos y tenemos iguales prejuicios por lo que piensan los demas sobre los apetitos sexuales y la curiosisdad por la sexualidad impresa, "mal de muchos consuelo de tontos" jajaja.....buen post.
¡¡¡¡¡jajaja....GRANDE WOODY !!!
Uno de esos matones es Sylvester Stallone, verdad?
Estas equivocado, la pelicula es Bananas!, y si es Sylvester Stallone, confirmado en www.imdb.com.
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