lunes, 17 de agosto de 2009

¡Soylent Verde con tallarines!


La primera vez que escuché la expresión “Soylent Green”, fue en la serie de dibujos animados “Futurama”. El alegre y pendenciero Bender había retado a un concurso de cocina a un tal Elzar, creo, famoso y experto gourmet. El ingrediente principal que obligatoriamente debían usar, respondía al nombre de: Soylent Verde.

Intentando encontrar la traducción al castellano del término “Soylent”, llegué a la conclusión que hacia referencia a un alimento sustituto como alternativa a aquellos escasos y tradicionales. Sin embargo, ciertas pistas de la misma serie, empezaron a develar cual era el origen animal de aquel ingrediente secreto, aunque debo reconocer que no tenía un respaldo suficiente con el cual denunciar públicamente la naturaleza de aquel manjar del futuro.

La respuesta contundente se presentó hace apenas unos días, mientras buscaba información en Youtube acerca de un filme protagonizado por Charlton Heston, “El Hombre Omega”. Pues bien, en uno de los casilleros que suelen aparecer con las diferentes opciones había un pequeño ícono con la leyenda “Soylent Green”, título que definía una película estelarizada por Charlton Heston y Edward G. Robinson.

Entonces hice click con el botón del mouse en aquella pequeña ventana virtual. Un policía, interpretado por Heston, silenciosamente, se había escabullido dentro de una gigantesca fábrica; algunos rumores le habían empujado a investigar en aquel lugar. Sigilosamente, sin permitirse ser visto, empezó a inspeccionar área tras área, sin que nada pareciera estar fuera de lugar. Pero, de repente una sección corrediza que se movía a lo largo de la fábrica lo espantó; sobre la superficie de aquella rampa se desplazaban cuerpos humanos debidamente amortajados. Luego de recorrer algunos metros, subiendo y bajando, aquellos bultos eran depositados toscamente en una especie de centro de almacenaje.

Más allá las máquinas, los artefactos, los olores, explotaban en ruidos ensordecedores y espeluznantes. Sin que su mente fuera capaz de asimilar la evidencia, el personaje investigador siguió deambulando hasta que la fatalidad lo llevó a la línea de salida del producto terminado; segundos después, abrumado por las evidencias, un grito ahogado se escuchó de su boca: “¡Is people, …….Soylent Green is people!”

Las historias de antropofagia son muy comunes en la Literatura o el cine. Aunque excepcionalmente, también se presentan en la vida real con tintes de verdaderas historias macabras. Desde ejemplos vinculados con el instinto de supervivencia, como en el caso de los Old Christeansen, jóvenes de un equipo de rugby uruguayo que viajando a Chile sufrieron un accidente aéreo en los Andes, que, en semejantes circunstancias aciagas, se vieron obligados a comer los cadáveres de sus compañeros fallecidos para poder sobrevivir; hasta los casos de degeneración o enajenación mental de algunos desquiciados neo caníbales.

Abrumados por la depredación brutal de la naturaleza causada por el “desarrollo sostenible”, la estupidez humana y la polución, nos hemos preguntado: ¿qué pasará cuando los recursos naturales limitados finalmente se terminen o resulten insuficientes para alimentar a la mayoría de los humanos? Será que el futuro de la humanidad dependerá de la posibilidad que los seres humanos renuncien a ciertos escrúpulos por demás básicos y morales. Será que la supervivencia del hombre condicionará la necesidad de incluir en la lista de alimentos al rico, nutritivo, económico y abundante Soylent Verde.

Ya me imaginó los restaurantes abarrotados. “Camarero tráigame una pierna de futbolista al mojo de ajo”. “¡Garzón!, lengua de comentarista político a la tártara, con unas ramitas de ajenjo, y ¡que sea rápido!” “Mozo, ¿tiene hígado de chumado a la Johnny Walker?, ¡no tiene!, entonces tráigame un caldo de tronquito de torero”. “Señorita páseme unas manitas de puerco congresista con guacamole, por favor.”

¡Ah, Soylent Verde!, el nombre de la degradación humana, de la codicia, del sadismo, y la ausencia completa de escrúpulos, máxima de los señores maquiavélicos, de aquellos que se jactan y envanecen cumpliendo sus brutales objetivos a cualquier precio. ¡Ah, Soylent Verde!, sabroso y nutritivo, pero amoral.

En cualquier caso, planteado aquel escenario tan apocalíptico como perturbador, no habrá más que declararse vegetariano y comerse unas plantitas de carpintero con juguito de jardinero.


Trailer Soylent Green:


video


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