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lunes, 8 de marzo de 2010
Seguridad Estatal versus Libertad Civil.
Hoy en la mañana me enteré que el Registro Civil, una vez más, promocionaba un nuevo tipo de cedula de identidad. En un medio de comunicación, un burócrata alborozado aludía que estaba vez, efectivamente, se trataba de un documento que resultaba imposible de falsificar, misma promesa que, años atrás, en este mismo Gobierno, creo, otro burócrata, promocionaba con similar festejo, argumentando pintorescamente que era “imposible de clonar”.
La nueva cédula tendría 16 características de seguridad, que insisto, la volverían invulnerable a cualquier ataque suplantador. En apariencia suena bien, dentro de la generalidad. Pero, no sé, me surgen ciertas dudas y desconfianzas; es imposible confiar en una burocracia corrupta; es imposible confiar en funcionarios públicos de un gobierno cuyo máximo líder califica de “Democracia” a una Dictadura Totalitaria; es imposible creer que individuos vinculados con las tradicionales mafias “izquierdistas”, que anteriormente, en gobiernos conservadores, usaban dos o más cédulas, no repitan esa costumbre, durante un gobierno catalogado por sus miembros, como “izquierdista”. Difícil creerle al burócrata que cantaba loas a la nueva cédula correana.
Pero, no es sobre la posibilidad que mi Comandante Juan, alias Gustavo Larrea, pueda tener dos, tres o cuatro nuevas cédulas, que trata este post; sino, sobre cierto dispositivo que contendría la nueva cédula. Dispositivo electrónico, que se constituiría en una amenaza gravísima, por las repercusiones que tendría en contra de los derechos, garantías y principalmente de la seguridad de los civiles ecuatorianos.
El adminículo diminuto al que hago referencia es un chip que vendría incluido en la tarjeta de identidad. Un pequeñísimo circuito integrado, a través del cual "los dueños" del Estado y de sus diferentes instituciones, fácilmente podrían conocer la ubicación del titular de dicho documento, lo que implicaría un atentado a la libertad, privacidad y seguridad de las personas.
Debo señalar que la noticia me sorprendió; pero, lo que sí, no me sorprendió, fue constatar que definitivamente ningún politicastro de esa Asamblea representa al Pueblo. ¿Algún neo diputadillo denunció o repudió la inclusión de este dispositivo rastreador en todas y cada una de las cédulas de los ecuatorianos? Ni uno. Increíblemente, los medios de comunicación se han limitado a informar la buena nueva y para nada han mencionado los potenciales riesgos y abusos que podrían devenir de este “nivel de seguridad” en contra de los civiles. ¿Complicidad, indolencia o ignorancia?, quién sabe.
Resulta muy expresivo de esta sociedad, el hecho que los ortodoxos medios de comunicación, aquellos generalmente conocidos (por ellos mismo) como “prensa libre, independiente e imparcial”, prorrumpan en alaridos a favor de las libertades y le presten atención a las quejas escandalosas de un mercachifle del gacetillerismo deportivo al que se le prohibió entrar gratis a un estadio de fútbol; “prensa” que le ha dado con todo a la persona que se atrevió a responder, con aquella polémica decisión, a los insultos y malevolencias de un miserable ganapán acostumbrado diariamente a insultar con absoluta impunidad. “Prensa” corporativa que se queja y reclama cuando el derecho de sus accionistas a decir lo que les venga en gana se pone en riesgo. Esa misma “prensa” poco o nada dice, cuando los derechos de los hijos del Pueblo son vulnerados; porque hasta ahora, no he escuchado nada en la “prensa libre” sobre el intento del Gobierno de la Involución Ciudadana por infiltrarse en los hogares de los ecuatorianos a través de la nueva cédula correana.
Es notorio constatar como, todo lo que significa “seguridad”, desde el punto de vista de la Burocracia, la Partidocracia y el Estado, se transforma inevitablemente en perdida de la Libertad para los civiles. De hecho la "Seguridad Nacional" es la excusa que los politicastros y sus ferales socios de negocios, usan para desarrollar el brutal Terrorismo de Estado que les permite encubrir sus crímenes y latrocinios.
Los civiles no necesitamos ser monitoreados permanentemente por las mafias conservadoras o socialistas de turno en el poder, o por los burócratas de profesión, o en general por cualquier institución del Estado. Esa no es la función del Estado, por lo menos no de un Estado que se sustente sobre principios y fundamentos basados en Justicia, Verdad y Libertad.
Por desgracia en el Ecuador, se vive un oscurantismo en materia de derechos, principalmente del derecho que tenemos los civiles a ser Libres. Es lamentable por ejemplo escuchar a muchos ciudadanos clamar por el patrullaje de las fuerzas militares en las calles de la ciudad. Parece no importarles sufrir la humillación de ser cateados como vulgares delincuentes por el personal militar, que está entrenado para tareas completamente diferentes de aquellas labores de brindar seguridad a los civiles en las ciudades. Peligrosamente, frente a la incompetencia de los gobiernos corruptos para enfrentar la delincuencia, mucha gente está dispuesta a vivir en regímenes marciales.
Las personas debemos darnos cuenta que los civiles no creamos un Estado para que los burócratas a través de las mafias que los controlan nos impongan sus recetas capciosas sobre lo que supuestamente mejor nos conviene, o que pretendan someternos o reprimirnos a través del nefando terrorismo de Estado. Los civiles no necesitamos ser perseguidos a través de los ojos de una pantalla infame.
Cuando en una sociedad, con el cuento de la Seguridad Nacional, se le roban derechos irrenunciables, a los civiles, significa que esa sociedad es tiranizada por un Régimen Totalitario. He ahí el “dilema”; ¿qué prefiere la sociedad ecuatoriana?, Tiranía o Democracia. Yo personalmente me quedó con las bondades y utopías de la generosa Libertad.
La nueva cédula tendría 16 características de seguridad, que insisto, la volverían invulnerable a cualquier ataque suplantador. En apariencia suena bien, dentro de la generalidad. Pero, no sé, me surgen ciertas dudas y desconfianzas; es imposible confiar en una burocracia corrupta; es imposible confiar en funcionarios públicos de un gobierno cuyo máximo líder califica de “Democracia” a una Dictadura Totalitaria; es imposible creer que individuos vinculados con las tradicionales mafias “izquierdistas”, que anteriormente, en gobiernos conservadores, usaban dos o más cédulas, no repitan esa costumbre, durante un gobierno catalogado por sus miembros, como “izquierdista”. Difícil creerle al burócrata que cantaba loas a la nueva cédula correana.
Pero, no es sobre la posibilidad que mi Comandante Juan, alias Gustavo Larrea, pueda tener dos, tres o cuatro nuevas cédulas, que trata este post; sino, sobre cierto dispositivo que contendría la nueva cédula. Dispositivo electrónico, que se constituiría en una amenaza gravísima, por las repercusiones que tendría en contra de los derechos, garantías y principalmente de la seguridad de los civiles ecuatorianos.
El adminículo diminuto al que hago referencia es un chip que vendría incluido en la tarjeta de identidad. Un pequeñísimo circuito integrado, a través del cual "los dueños" del Estado y de sus diferentes instituciones, fácilmente podrían conocer la ubicación del titular de dicho documento, lo que implicaría un atentado a la libertad, privacidad y seguridad de las personas.
Debo señalar que la noticia me sorprendió; pero, lo que sí, no me sorprendió, fue constatar que definitivamente ningún politicastro de esa Asamblea representa al Pueblo. ¿Algún neo diputadillo denunció o repudió la inclusión de este dispositivo rastreador en todas y cada una de las cédulas de los ecuatorianos? Ni uno. Increíblemente, los medios de comunicación se han limitado a informar la buena nueva y para nada han mencionado los potenciales riesgos y abusos que podrían devenir de este “nivel de seguridad” en contra de los civiles. ¿Complicidad, indolencia o ignorancia?, quién sabe.
Resulta muy expresivo de esta sociedad, el hecho que los ortodoxos medios de comunicación, aquellos generalmente conocidos (por ellos mismo) como “prensa libre, independiente e imparcial”, prorrumpan en alaridos a favor de las libertades y le presten atención a las quejas escandalosas de un mercachifle del gacetillerismo deportivo al que se le prohibió entrar gratis a un estadio de fútbol; “prensa” que le ha dado con todo a la persona que se atrevió a responder, con aquella polémica decisión, a los insultos y malevolencias de un miserable ganapán acostumbrado diariamente a insultar con absoluta impunidad. “Prensa” corporativa que se queja y reclama cuando el derecho de sus accionistas a decir lo que les venga en gana se pone en riesgo. Esa misma “prensa” poco o nada dice, cuando los derechos de los hijos del Pueblo son vulnerados; porque hasta ahora, no he escuchado nada en la “prensa libre” sobre el intento del Gobierno de la Involución Ciudadana por infiltrarse en los hogares de los ecuatorianos a través de la nueva cédula correana.
Es notorio constatar como, todo lo que significa “seguridad”, desde el punto de vista de la Burocracia, la Partidocracia y el Estado, se transforma inevitablemente en perdida de la Libertad para los civiles. De hecho la "Seguridad Nacional" es la excusa que los politicastros y sus ferales socios de negocios, usan para desarrollar el brutal Terrorismo de Estado que les permite encubrir sus crímenes y latrocinios.
Los civiles no necesitamos ser monitoreados permanentemente por las mafias conservadoras o socialistas de turno en el poder, o por los burócratas de profesión, o en general por cualquier institución del Estado. Esa no es la función del Estado, por lo menos no de un Estado que se sustente sobre principios y fundamentos basados en Justicia, Verdad y Libertad.
Por desgracia en el Ecuador, se vive un oscurantismo en materia de derechos, principalmente del derecho que tenemos los civiles a ser Libres. Es lamentable por ejemplo escuchar a muchos ciudadanos clamar por el patrullaje de las fuerzas militares en las calles de la ciudad. Parece no importarles sufrir la humillación de ser cateados como vulgares delincuentes por el personal militar, que está entrenado para tareas completamente diferentes de aquellas labores de brindar seguridad a los civiles en las ciudades. Peligrosamente, frente a la incompetencia de los gobiernos corruptos para enfrentar la delincuencia, mucha gente está dispuesta a vivir en regímenes marciales.
Las personas debemos darnos cuenta que los civiles no creamos un Estado para que los burócratas a través de las mafias que los controlan nos impongan sus recetas capciosas sobre lo que supuestamente mejor nos conviene, o que pretendan someternos o reprimirnos a través del nefando terrorismo de Estado. Los civiles no necesitamos ser perseguidos a través de los ojos de una pantalla infame.
Cuando en una sociedad, con el cuento de la Seguridad Nacional, se le roban derechos irrenunciables, a los civiles, significa que esa sociedad es tiranizada por un Régimen Totalitario. He ahí el “dilema”; ¿qué prefiere la sociedad ecuatoriana?, Tiranía o Democracia. Yo personalmente me quedó con las bondades y utopías de la generosa Libertad.
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miércoles, 13 de mayo de 2009
Ustedes deciden: Hombres Libres o viles esclavos.
En alguna oportunidad divagaba en mi mente respecto de la fragilidad de la vida. Somos un milagro de la evolución o de la creación, y sin embargo, dada nuestra condición perecedera, estamos a expensas del natural deterioro de nuestros cuerpos, de los influjos externos enfermizos, de los causales o casuales accidentes y funestamente, de la sevicia y maldad del propio ser humano. Y es sobre esta última particularidad, aciaga por cierto, que pretendo emitir mi comentario.
Créanme cuando les digo que estoy cansado de escuchar que, a diferencia de las películas, el hombre malvado termina triunfando en el cometimiento de sus crímenes y fechorías. Estoy fastidiado de leer en el periódico que un hombre honesto cayó víctima de las balas de algún infame sicario. Me molesta enterarme que los criminales han cegado la valiosa vida de un hombre o mujer libre y comprobar que este vil acto, termina siendo sencillamente irreparable, independientemente de que los asesinos materiales y muy excepcionalmente los instigadores sean detenidos y castigados.
Desvariando en mi pensamiento, he cuestionado por qué los hombres y mujeres justos no pueden tener la protección de una coraza que los proteja de las maldades de las creaciones pervertidas del vicio. Una armadura insigne y real, que conjuntamente con los nobles instrumentos ofrecidos por la verdad, la evidencia, la honradez y la justicia, les permita enfrentarse con un mínimo de seguridad contra las huestes feroces e inhumanas de sicarios y malhechores que siempre están prestos a cumplir las órdenes de sus malignos amos.
No es justo, definitivamente, no es justo. Irónicamente, los seres humanos creamos un Estado para que nos proteja de las degeneraciones de la sociedad y funestamente aquella creación terminó volviéndose contra aquellos que debía proteger. Porque lamentablemente, aquel Estado con su incompetencia y corrupción natural, si se considera quienes lo manejan a su arbitrio, ha terminado convirtiéndose en el primer enemigo de los hombres y mujeres justos, o en cómplice y protector de los delincuentes y asesinos.
Quizá todos nosotros somos los responsables de permitir que todo este concurso de circunstancias desgraciadas, hayan llegado a estos niveles de brutalidad y corrupción tan terribles. Quizá no. Quizá existe un contingente de sociedad irresponsable, vulgar, ignorante y apática que puede fácilmente ser señalada. Un segmento de pueblo conforme exclusivamente con satisfacer animalmente sus instintos básicos y sus vulgares tradiciones festivas. Talvez ellos sean los responsables indirectos de que los hombre y mujeres justos paguen un precio odioso simplemente por ser consecuentes con sus principios.
Lo sucedido en Guatemala con el caso del abogado Rodrigo Rosenberg, es una muestra más de la absoluta indefensión de las personas frente a la corrupción criminal y la complicidad de un Estado manejado por gente inmoral que es capaz de todo con tal de mantenerse en el poder mundano y así conseguir, satisfacer incontinentemente sus bajas pasiones. Por desgracia, aquellas manifestaciones magnicidas son comunes en la mayoría de los países de este orbe. Pero muy principalmente en aquellas naciones con una mayoría de gente ignorante, indolente, irresponsable, etc.
El otro día escuché una sentencia muy interesante: “Los ciudadanos no debemos temerle al Estado y a los políticos; son los políticos y el Estado, los que deben temer a los ciudadanos.”
Quizá el concepto de “temor” deba considerarse como una figura dirigida a incrementar el sentido de que los políticos jamás, pero que jamás deben levantar la mano injustamente, peor criminalmente contra los ciudadanos.
Pero, para que ocurra eso, son los hombres y mujeres libres los que deben tener el control del Estado. Solamente con una sociedad inteligente, sensible, y solidaria, conseguiremos que el Estado finalmente trabaje para nosotros los ciudadanos. Únicamente con ciudadanos honestos manejando el Estado tendremos garantizados nuestros derechos. Exclusivamente con una mayoría de pueblo educado, amante de las causas justas y las buenas costumbres, las mafias de rateros, criminales y asesinos serán finalmente derrotados.
Los seres humanos no somos eternos. Los hombre y mujeres libres, aquellas pocas creaciones honorables que actúan por principios no son inmunes a la maldad humana. Al final aquel pueblo ingenuo, servil, e insensible es el que tiene la palabra, o siguen sirviendo a la Tiranía corrompida de turno y se constituyen en cómplices de los latrocinios y asesinatos cometidos por esos viles canallas o, se arman de valor y emulando conscientemente al hombre justo se convierten en Pueblo Libre, simple y llanamente Pueblo Libre.
Ustedes tienen la palabra ingenuos nativos de este hermoso terruño. Aún estamos a tiempo, no permitamos que este País, se convierta en otro México, Guatemala, o Colombia.
Recuerden, al final ustedes deciden.
Pdata: Revisen los videos de Rosenberg en Youtube y saquen sus propias conclusiones.
Créanme cuando les digo que estoy cansado de escuchar que, a diferencia de las películas, el hombre malvado termina triunfando en el cometimiento de sus crímenes y fechorías. Estoy fastidiado de leer en el periódico que un hombre honesto cayó víctima de las balas de algún infame sicario. Me molesta enterarme que los criminales han cegado la valiosa vida de un hombre o mujer libre y comprobar que este vil acto, termina siendo sencillamente irreparable, independientemente de que los asesinos materiales y muy excepcionalmente los instigadores sean detenidos y castigados.
Desvariando en mi pensamiento, he cuestionado por qué los hombres y mujeres justos no pueden tener la protección de una coraza que los proteja de las maldades de las creaciones pervertidas del vicio. Una armadura insigne y real, que conjuntamente con los nobles instrumentos ofrecidos por la verdad, la evidencia, la honradez y la justicia, les permita enfrentarse con un mínimo de seguridad contra las huestes feroces e inhumanas de sicarios y malhechores que siempre están prestos a cumplir las órdenes de sus malignos amos.
No es justo, definitivamente, no es justo. Irónicamente, los seres humanos creamos un Estado para que nos proteja de las degeneraciones de la sociedad y funestamente aquella creación terminó volviéndose contra aquellos que debía proteger. Porque lamentablemente, aquel Estado con su incompetencia y corrupción natural, si se considera quienes lo manejan a su arbitrio, ha terminado convirtiéndose en el primer enemigo de los hombres y mujeres justos, o en cómplice y protector de los delincuentes y asesinos.
Quizá todos nosotros somos los responsables de permitir que todo este concurso de circunstancias desgraciadas, hayan llegado a estos niveles de brutalidad y corrupción tan terribles. Quizá no. Quizá existe un contingente de sociedad irresponsable, vulgar, ignorante y apática que puede fácilmente ser señalada. Un segmento de pueblo conforme exclusivamente con satisfacer animalmente sus instintos básicos y sus vulgares tradiciones festivas. Talvez ellos sean los responsables indirectos de que los hombre y mujeres justos paguen un precio odioso simplemente por ser consecuentes con sus principios.
Lo sucedido en Guatemala con el caso del abogado Rodrigo Rosenberg, es una muestra más de la absoluta indefensión de las personas frente a la corrupción criminal y la complicidad de un Estado manejado por gente inmoral que es capaz de todo con tal de mantenerse en el poder mundano y así conseguir, satisfacer incontinentemente sus bajas pasiones. Por desgracia, aquellas manifestaciones magnicidas son comunes en la mayoría de los países de este orbe. Pero muy principalmente en aquellas naciones con una mayoría de gente ignorante, indolente, irresponsable, etc.
El otro día escuché una sentencia muy interesante: “Los ciudadanos no debemos temerle al Estado y a los políticos; son los políticos y el Estado, los que deben temer a los ciudadanos.”
Quizá el concepto de “temor” deba considerarse como una figura dirigida a incrementar el sentido de que los políticos jamás, pero que jamás deben levantar la mano injustamente, peor criminalmente contra los ciudadanos.
Pero, para que ocurra eso, son los hombres y mujeres libres los que deben tener el control del Estado. Solamente con una sociedad inteligente, sensible, y solidaria, conseguiremos que el Estado finalmente trabaje para nosotros los ciudadanos. Únicamente con ciudadanos honestos manejando el Estado tendremos garantizados nuestros derechos. Exclusivamente con una mayoría de pueblo educado, amante de las causas justas y las buenas costumbres, las mafias de rateros, criminales y asesinos serán finalmente derrotados.
Los seres humanos no somos eternos. Los hombre y mujeres libres, aquellas pocas creaciones honorables que actúan por principios no son inmunes a la maldad humana. Al final aquel pueblo ingenuo, servil, e insensible es el que tiene la palabra, o siguen sirviendo a la Tiranía corrompida de turno y se constituyen en cómplices de los latrocinios y asesinatos cometidos por esos viles canallas o, se arman de valor y emulando conscientemente al hombre justo se convierten en Pueblo Libre, simple y llanamente Pueblo Libre.
Ustedes tienen la palabra ingenuos nativos de este hermoso terruño. Aún estamos a tiempo, no permitamos que este País, se convierta en otro México, Guatemala, o Colombia.
Recuerden, al final ustedes deciden.
Pdata: Revisen los videos de Rosenberg en Youtube y saquen sus propias conclusiones.
lunes, 1 de septiembre de 2008
Opinión Pública Tercermundista e Inmoral.

Ciertamente todos estamos sujetos a la subjetividad de nuestras emociones, sentimientos, simpatías, aversiones y demás particularidades humanas que de alguna manera pueden nublar nuestra capacidad para emitir juicios de valor: equilibrados y veraces.
Inclusive en ocasiones las informaciones que recibimos, cuando son presentadas de manera tendenciosa, maliciosa o parcialmente manipuladas, pueden inducirnos al error respecto de una verdad o mentira a medias.
Pero, cuando las evidencias son contundentes, las verdades inobjetables y las certezas notorias, entonces, sería lógico entender que toda la ciudadanía y sus diferentes instituciones deberían pronunciarse dentro de la misma tendencia razonable, sensata y prudente. Deberían.
Sin embargo, eso en el Ecuador, País de enormes contrastes, no sucede. Sencillamente porque a la mayoría de los ecuatorianos le importa un comino lo que le ocurra a sus semejantes. Aunque debo reconocer que tal realidad parece ser una constante en todo el mundo, naturalmente con variados niveles de intensidad, dependiendo de la idiosincrasia de los diferentes pueblos.
Solamente cuando sus intereses son tocados, entonces sí claman, por la solidaridad social. Entonces sí, reconocen que vivimos bajo la tiranía de la estupidez y brutalidad de unos pocos. Si es que, tienen la sensatez e inteligencia de reconocerlo, pues en muchos casos, simplemente, se limitan a lanzar, ignorantemente, alaridos dirigidos a generar lástima en la sociedad.
Naturalmente las respuestas y los efectos que generan las acciones de unos pocos privilegiados, autocalificados de élites, independientemente de su razón o no, difieren de las realizadas por los muchos, considerados pueblo llano.
Como es lógico, frente a estos fenómenos sociales, se manifiesta la opinión pública, la oficial, la tradicional, la de clubes y bacanales, la de brindis y honores hipócritas, interpretando los sucesos en su muy particular manera, o mejor, interpretando nuestro sentir o indicándonos que debemos sentir.
Un ejemplo de esta manera bastarda e inmoral de tratar los asuntos públicos en casi todas las manifestaciones de comunicación pública existentes, la tenemos, en el tristemente célebre Caso Dayuma prácticamente olvidado.
Recordarán damas y caballeros, este lamentable y funesto “accidente” en el que un grupo de panaderos, campesinos y agricultores que “insolentemente” exigían mejores condiciones de vida, tropezaron con un grupo de GI. JOE criollos que habiendo recibido la orden de sofocar la temible subversión de los peligrosos trabajadores, no escatimaron en usar la fuerza y literalmente masacraron y vejaron a esa pobre gente. Posteriormente, los enjaularon en una sucia cárcel, de la que solo salieron después de demostrarse su inocencia. “Accidente” éste, desarrollado en el Gobierno del amadísimo Líder, estimado Camarada y distinguido Presidente Don Rafael Correa, Héroe de Dayuma.
En esa ocasión, si bien es cierto, algunos actores políticos protestaron al igual que varios ciudadanos, y ciertos medios noticiosos presentaron la verdad cruenta y grosera de un grupo de civiles desarmados siendo brutalmente agredidos; no menos cierto es que en términos generales, pocos fueron los agentes sociales que criticaron con la vehemencia del caso aquel acto de terrorismo de Estado. Inclusive muchos de los enredadores y serviles defensores del actual gobierno, disfrazados de analistas políticos, llegaron a justificar la infame paliza que recibieron aquellos ecuatorianos, a los que, en un acto adicional de infamia, el Héroe de Dayuma llegó a calificar de terroristas.

A pesar de que fue notoria la brutal agresión y demás peculiaridades redundantes de injusticia, la mayoría de la sociedad ecuatoriana permaneció indolente a la violación de los derechos humanos de aquellos ecuatorianos. No hubo acciones por parte de la Defensoría del Pueblo a favor de las víctimas. Ningún fiscal actuó de oficio en contra de los Ministros que ordenaron la salvaje agresión, a pesar de que ciertamente hubo un delito en contra de los derechos civiles de aquellas personas. Tampoco aparecieron los auto-etiquetados defensores de los derechos humanos, encarnizados enemigos de la violencia conservadora, pero alcahuetes y encubridores de los crímenes de la trastornada tendencia socialista y comunista.
Manipulan tramposa y vilmente la información siempre a favor de los intereses de sus amados titiriteros. Recurren al cinismo perverso y a la descalificación maliciosa para desvirtuar las opiniones sensatas y los argumentos veraces de las pocas personas valientes e inteligentes que se atreven a enfrentar las estupideces y brutalidades que se cometen a diario en todos los ámbitos de la sociedad y la naturaleza. Mienten, engañan, roban, trastornan, incurren en cualquier vicio por ofensivo y grosero que fuera, todo con tal de seguir atragantándose de las migajas que sus temiblemente adorables patrones les arrojan para seguir disfrutando de sus fornicarios adulos y sórdidos incondicionalismos.
Así es la opinión pública ecuatoriana, en términos generales: vacía, inmoral, carente de decencia, de honestidad y objetividad. Montones y montones de patriotas superfluos, ora lisonjeros y embusteros polutos, ora furibundos alcahuetes y viles calumniadores, dependiendo de la posición que se les ordene asumir. Siempre suciamente expeditos para defender los intereses rastreros de aquellos que fielmente desempeñan las tareas ignominiosas, propias de los más repugnantes y autoritarios tiranos.
Manipulan tramposa y vilmente la información siempre a favor de los intereses de sus amados titiriteros. Recurren al cinismo perverso y a la descalificación maliciosa para desvirtuar las opiniones sensatas y los argumentos veraces de las pocas personas valientes e inteligentes que se atreven a enfrentar las estupideces y brutalidades que se cometen a diario en todos los ámbitos de la sociedad y la naturaleza. Mienten, engañan, roban, trastornan, incurren en cualquier vicio por ofensivo y grosero que fuera, todo con tal de seguir atragantándose de las migajas que sus temiblemente adorables patrones les arrojan para seguir disfrutando de sus fornicarios adulos y sórdidos incondicionalismos.
Así es la opinión pública ecuatoriana, en términos generales: vacía, inmoral, carente de decencia, de honestidad y objetividad. Montones y montones de patriotas superfluos, ora lisonjeros y embusteros polutos, ora furibundos alcahuetes y viles calumniadores, dependiendo de la posición que se les ordene asumir. Siempre suciamente expeditos para defender los intereses rastreros de aquellos que fielmente desempeñan las tareas ignominiosas, propias de los más repugnantes y autoritarios tiranos.
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